Ya no hay nacimientos en nueve concellos: hablamos con los jóvenes que se trasladaron al medio rural

La llegada de población joven a Galicia no ha conseguido revitalizar la población

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«Llevo una vida menos esclava y puedo marcarme horarios» Jordi Anguez dejó la hostelería en Barcelona para convertirse en criador de cachenas en Triacastela

vigo / la voz

Galicia envejece, pero sus pueblos todavía más. En las 258 localidades de menos de 10.000 habitantes de la comunidad los mayores de 65 años tienen cada vez más peso y es el único grupo de edad que crece. Hasta el 30,6 % de sus residentes superan ya esa barrera de edad, mientras que hace solo 20 años las personas con posibilidad de alcanzar la jubilación se situaban en el 25 % del total. Ese volumen poblacional de los mayores contrasta aún más con la caída de la presencia de jóvenes, pues los menores de 16 son ahora en las localidades rurales el 12,7 %, cuando en 1998 aún llegaban al 14,2 %. Y tampoco crece el tramo de la pirámide de población que representa a todos los habitantes en edad activa: sigue siendo el mayoritario, pero baja del 66,3 a 62,6 % en los últimos 20 años.

Los pueblos gallegos captan aún menos vecinos que el resto de la comunidad gallega, y por eso cada familia que recala en el medio rural es casi noticia en un escenario en el que cada vez son más los ayuntamientos que no registran ningún recién nacido. En el 2015 fueron cuatro los concellos sin nacimientos; en el 2016 ese desierto natalicio afectó a siete localidades, y el año pasado la misma sequía demográfica se produjo en nueve, todos ellos en la provincia de Ourense; Baños de Molgas, Beariz, O Irixo, Calvos de Randín, Gomesende, Verea, San Xoán de Río y A Gudiña; salvo Negueira de Muñiz (Lugo). En O Irixo solo nació un niño en los últimos tres años, cuando en 1975 llegaron a esa villa 39 pequeños.

«Llevo una vida menos esclava y puedo marcarme horarios»

dolores cela

Jordi Anguez y Mirella López regentaban un restaurante que promocionaba la cocina de mercado y hacía banquetes en la plaza de España de Barcelona. En septiembre hizo diez años que el matrimonio y sus dos hijos hicieron las maletas e iniciaron una nueva vida en San Breixo, Triacastela, criando vacas de la raza cachena. Anguez reconoce que el tipo de ganadería en estabulación libre que regenta -cuenta con 60 cabezas- le ha proporcionado una vida menos esclava que la que tenía como hostelero en su Barcelona natal. «Ahora veo mucho más a mis hijos y puedo marcarme horarios, porque esta no es una granja de leche en la que tenga que ordeñar dos veces al día». «Con este sistema, si queremos irnos una semana de vacaciones -reconoció- podemos». Anguez, que estudió Farmacia y Empresariales, confiesa que eligió la cría de cachenas porque se enamoró de esta raza en la Semana Verde de Silleda. «Fue un amor a primera vista», dijo.

Este catalán, aunque echa de menos Barcelona, no está arrepentido de haber tomado la decisión que cambió su vida, pese a que gana bastante menos dinero. «Es más fácil adaptarte de la vida de la ciudad a la del campo que al revés».

Jordi Anguez sigue teniendo mentalidad catalana, lo que le ha dado una perspectiva diferente, que le ha ayudado a la hora de planificar su negocio. «Aquí se mira -señaló- por encima del hombro a la gente de aldea y a los ganaderos. En Cataluña eso no pasa».

«Volver foi o segundo mellor que fixen na vida, despois de casar»

Liñares, en su producción en Cerceda
Liñares, en su producción en Cerceda

cristina viu

Néstor Liñares tiene 34 años, una hija de 2 y una empresa que da trabajo a cuatro personas. Produce comida, sobre todo lechugas y tomates, y acometió el proyecto agrario como otro cualquiera, con su plan de viabilidad, su estudio de mercado y su búsqueda de clientes.

A los 16 se marchó de Cerceda a estudiar a A Coruña y no volvió hasta hace seis años. Hizo un ciclo de Administración de Sistemas Informáticos en el Liceo y empezó a trabajar en pleno Juan Flórez, en una empresa de formación a través de Internet y de software para adaptar las empresas a la ley orgánica de protección de datos.

Siempre vio una oportunidad de negocio en el rural y un día pasó. «De moi maior víame máis nunha horta que pelexando cun ordenador, e pensei que canto antes fixera o cambio, mellor», recuerda. Y así fue. Hizo sociedad con su madre, que primero tuvo vacas y después optó por la horticultura, y nació Horta da Lousa, que de la agricultura integrada está virando a la ecológica. Si lleva sello o no dependerá de las demandas de sus clientes, como casi todo lo que hace. Ahí está la clave de su éxito. Cuando se le pregunta si se arrepiente de su decisión no duda ni un segundo: «Nin de broma, en absoluto. Volver foi o segundo mellor que fixen na vida, despois de casar».

Naturalmente, tiene una web que ahora es oscura y elegante, «pero parece de funeraria», y que cambiará dentro de unos días. Es la forma de que el cliente sepa lo que se come.

«Cambiamos Madrid por Valdeorras buscando tener calidad de vida»
En la peluquería de López Gudiña trabajan seis personas
En la peluquería de López Gudiña trabajan seis personas

MARÍA COBAS

Tenían una peluquería en pleno barrio de Salamanca, en Madrid, pero la maternidad hizo que Ana María López Gudiña (1986) y su hermana Raquel decidiesen abandonar la ciudad en la que habían nacido y crecido para instalarse en Valdeorras, la comarca de la que es oriundo su padre. Hace poco más de año y medio que ponían en marcha Stella Estilistas en O Barco.

«Nos vinimos por un cambio de vida, por intentar buscar más calidad de vida. Madrid tiene sus cosas, pero lo peor es el tiempo que tardas en ir y venir a los sitios», explica. Dice que la apuesta fue de ambas y en ella embarcaron, claro, a sus parejas. Ninguno era de la zona. «Se han tenido que adaptar -reconoce Ana-, porque ha sido un cambio drástico, pero no puedo decir si es mejor o peor; hay momentos en los que echas de menos cosas, en Valdeorras faltan cosas que estabas acostumbrada a tener cerca y ahora tienes que desplazarte, pero aquí se vive muy bien».

No fue necesaria la adaptación de los niños. «Ellos fueron los que nos trajeron aquí. Es mucho mejor un sitio así, porque se crían con más libertad, y tienes más tiempo para estar con ellos», explica. Su hijo tiene 3 años y su sobrina, 2 y medio.

En marzo del 2017 pusieron en marcha Stella Estilistas y dice estar muy contenta con el resultado. «La verdad es que nos va muy bien. Ya somos seis personas trabajando, y tenemos mucha gente», señala la profesional, que destaca que apostaron por el negocio pensando que hacía falta un concepto diferente para la comarca, y la gente lo ha acogido bien.

No siguen con la peluquería de Madrid. «En un principio apostamos por mantenerla, pero sobre la marcha se hizo complicado», señala. Siguen con su apuesta por O Barco. «La idea es quedarnos», dice como resumen de su decisión.

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