«Él me dio por muerta y yo me arrastré para intentar llegar hasta la casa de mis vecinos»

M. V. F., la ferrolana que fue golpeada con un martillo por su exnovio, relata que uno de los momento más duros fue la primera vez que dejó a su hija en el punto de encuentro


FERROL / LA VOZ, AGENCIAS

Una tarjeta de crédito, que supuestamente el acusado, I. E. S. R., usaría para comprar más droga, dio lugar a una discusión que M. V. F. relató ayer en la Audiencia Provincial de A Coruña: «Me empezó a dar contra las esquinas y me golpeó con un martillo. Aunque no pude verlo, las pruebas están ahí». A continuación él se fue. «Me dio por muerta y yo aproveché para intentar llegar a casa de los vecinos arrastrándome», añadió la víctima, una ferrolana que ahora tiene 25 años. Ambos eran entonces pareja y comparten una hija. «Estaba sentada en el juicio y decía: "Me parece algo irreal". Después de vivir tantas aventuras con él, tener una hija... me parece surrealista que me hubiera intentado matar», dijo a La Voz ya fuera de sede judicial.

Todo ocurrió en el verano del 2016. El acusado reconoció en el banquillo que el día de los hechos había consumido droga, concretamente tres gramos de cocaína, y jugando a la videoconsola toda la noche. Allí, en la casa de la madre de él en Narón, estaba también su exnovia. «Acabé la droga a las ocho de la mañana y ya no recuerdo más», añadió. Tampoco recuerda haber cogido un martillo para golpearla ni un cojín para asfixiarla, y tampoco haberla agredido. Ella dejó claro que se encontraba en cama y él la fue a buscar. Lo poco que recuerda I. E. S. R. es haber discutido con ella. Después de aquello, se tiró desde un puente de ocho metros de alto en Ferrol y rompió las extremidades inferiores. «No sé por qué me tiré», dijo ayer en la Audiencia.

Los vecinos que auxiliaron a la víctima reconocieron durante el juicio que ella estaba muy asustada y ensangrentada, y que la metieron en su casa mientras decía que la iba a matar. Los policías que acudieron aquella jornada testificaron que la víctima tenía golpes y heridas y que en la casa había mucha sangre.

Ahora, dos años después, M. V. F. recuerda en conversación con La Voz que al principio tenía «mucho miedo» de salir a la calle por si se lo encontraba. Hasta que pasaron unos cuatro meses no empezó a salir con sus amigas. «Y en la calle oía cosas del estilo: "Ahí va la que decía que se moría". En esos momentos, te tienes que hacer fuerte y salir adelante con tu verdad. Al principio cuesta no tener bajones, pero de todo se sale, menos de la muerte». Un momento duro fue la primera vez que dejó a su hija en el punto de encuentro, por decisión judicial, para que la viera su expareja: «Ese día lloré mucho».

«Nosotros no vemos bien que tras un maltrato así se permita ese régimen de visitas», dice Carmen López, de la asociación Almat, que ayuda a la víctima. Esta aún acude dos veces al mes a su despacho. «No es bueno para la recuperación que un proceso judicial tarde tanto y más que le hayan negado el biombo», añade Carmen. El acusado está en libertad provisional desde el 27 de septiembre del 2016, con una orden de alejamiento de 500 metros. El fiscal pidió para él ocho años de prisión e incomunicación de diez años, por un delito de homicidio en grado de tentativa con agravante de parentesco.

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