«Se cansaban de decirme todos los días: 'No vales para nada, que lo sepas'»

Lúa F. sufrió acoso escolar durante los cuatro cursos de la ESO en un centro concertado de Lugo. Tenía 12 años y se acababa de cambiar de centro cuando la obligaron a ir al final de la fila porque era la nueva


lugo / la voz

Lúa F., una alumna del ciclo de Laboratorio del instituto Politécnico de Lugo, explicará esta mañana el acoso al que fue sometida por sus compañeros en un centro concertado de Lugo durante los cuatro cursos de la ESO. La joven, que hoy comparecerá ante el resto de los alumnos del nuevo centro en un taller del primer plan de igualdad de Galicia implantado en un centro educativo público, que está poniendo en marcha la empresa Coeduca, prefirió que su foto no aparezca: «No es que quiera mantener el anonimato -dijo-, es que me impone la situación y el periódico lo ve mucha gente».

«Tenía 12 años cuando empezó todo -explicó la joven, que ahora tiene 21-, y fue al cambiarme de centro. Me acompañó mi madre el primer día de clase y eso no debió de parecerles bien a los que iban a ser mis compañeros, que llegaron todos solos. Para ellos era su centro habitual y era algo normal que no fueran sus padres. Yo era la primera vez que iba a ese colegio. Cuando fui a ponerme en la fila me advirtieron que era la nueva y que tenía que ponerme la última en la cola».

Esa fue la primera vez que sintió el acoso. A partir de ese momento se sucederían las situaciones. «Ellos empezaban a salir de fiesta. Me invitaron una vez y como les dije que no, porque me parecía pronto, porque teníamos 12 o 13 años y no me apetecía, me advirtieron que no me volverían a invitar». «Se cansaban de decirme todos los días: 'Tú no vales para nada, que lo sepas'». Cumplieron con lo que decían, porque a partir de ese momento no fue invitada ni siquiera a un cumpleaños. Eran 50 alumnos entre los dos grupos. «Eso -confesó- no era lo que realmente me importaba, ni siquiera había reparado en ello». Desde primero a cuarto de ESO tuvo que sufrir el rechazo de sus compañeros. «Tuve crisis de ansiedad fuertes, mi autoestima estaba muy baja, tenía falta de confianza y siempre pensaba que no pertenecía al lugar en el que me encontraba». Según el relato de esta joven, no había un cabecilla que dirigiera al resto. «Era un grupo. No eran todos, había gente que no participaba activamente, pero callaba y no me defendía, y ese silencio no ayuda ni a una ni a otra parte». «Si lo estás viendo y no reacciones -añadió-, eres cómplice». Con los alumnos de su clase, según explicó, no tenía ninguna relación. «Me llevaba con los que tenía un año menos que yo. Salí adelante por los amigos que tenía en las actividades extraescolares».

Atención psicológica

Lúa recibió apoyo psicológico y después del trabajo que hicieron con ella reconoce: «Hoy tengo un grupo de amigos y soy consciente de que sí sirvo para muchas cosas y que hay algunas, como la música, se me dan bien. Antes no lo veía. Era incapaz. Estaba convencida de lo que me decían, que no servía para nada». «Ahora -añadió en referencia al nuevo centro- me relaciono con todo el mundo. No tengo conflictos con nadie. Hay personas con las que te llevas mejor, y con otras peor, pero nos respetamos».

En un momento le contó a su madre lo que le estaba ocurriendo y pidió ayuda. «Lo hablé con ella, con el director y con el orientador. Los profesores se pusieron en marcha». «Creo -añadió- que los profes se hubieran dado cuenta de lo que pasaba, aunque fuera más tarde, porque estas cosas cuando se empiezan a magnificar las ve todo el mundo».

Según explicó, el centro intervino y los docentes empezaron a observar cómo actuaban los compañeros y a trabajar en clase el compañerismo. «Con el paso de los años fue todo a menos y en el último la mayoría de los compañeros fueron mejorando». Ante la pregunta de si sigue viendo a sus antiguos compañeros de clase, la respuesta fue tajante. «Tengo suerte de que todos se han ido a estudiar fuera y no los veo. No es fácil tener delante a gente que te ha hecho tanto daño».

Lúa F. está ahora matriculada en el ciclo de Laboratorio en el Politécnico, en el que están aplicando un plan de igualdad basado en metodología finlandesa. Lúa F. participó en las actividades programadas en el curso anterior. «Pilar Porral, la coordinadora, nos explicó los figurantes que había en el acoso escolar. Lo pensé y me dije por qué no contar mi historia, porque puede haber gente que me escuche a la que le esté pasando lo mismo, para que sepa que si se actúa de una forma determinada se pueden cambiar las cosas».

Lúa asegura que no ha preparado una charla. «Va a ser algo improvisado -dijo-, quiero que sea lo más natural posible para que, si hay alguien que sufre acoso, se sienta identificado y pida ayuda. Por esta razón no quiero que se vea preparado».

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«Se cansaban de decirme todos los días: 'No vales para nada, que lo sepas'»