Sito Miñanco: «Hasta el año 91 no toqué nada que no fuese tabaco»

Trata de hacer creer a la Fiscalía que su dinero procede de la venta de cigarrillos

;
Sito Miñanco declara en la Audiencia Provincial de Pontevedra El histórico narco vuelve a sentarse en el banquillo por supuesto blanqueo de capitales

vigo / la voz

Sito Miñanco hace ahora suyo el concepto de la posverdad en un intento desesperado por darle la vuelta a su trayectoria como narcotraficante. La nueva tesis que José Ramón Prado Bugallo defiende -para desmontar la acusación por blanqueo de 10 millones de euros procedentes del narcotráfico- lo sitúa entre 1987 y 1991 viviendo en Bélgica y dirigiendo Melina Trading, empresa de su propiedad dedicada a la exportación de tabaco a África. «Con los cigarrillos se ganaba mucho dinero, señoría», declaró ayer en la Audiencia Provincial de Pontevedra antes de añadir: «Hasta el año 91 no toqué nada que no fuese tabaco», en alusión a las dos sentencias que lo condenaron por tráfico de cocaína a gran escala en 1993 y el 2004 (está en prisión desde febrero acusado de liderar otra organización internacional a la que se incautaron dos alijos de 4.400 kilos de coca).

Miñanco, a preguntas de la Fiscalía, argumentó cómo compaginó esa vida profesional y estancia habitual en el país flamenco con una trayectoria personal y social muy activa en su comarca natal. «Venía a España cada semana o cada quince días porque mi padre estaba en fase terminal en el Hospital de Navarra y, aprovechando esas visitas, también me desplazaba a Galicia si podía». La acusación por blanqueo que afronta Miñanco gira en torno a la inmobiliaria San Saturnino, que supuestamente era la beneficiaria de las propiedades compradas con la droga. La sociedad fue constituida en 1987 por varios socios, entre los que estaba una excuñada del narco, Josefa Pouso Navazas, que nombró a Miñanco administrador.

«Aprovechando esas visitas a España me daban cosas a firmar, pero no sabía qué eran o desconocía qué tipo de operaciones realizaban con mi nombre. Nunca tomé ninguna decisión ejecutiva en la sociedad ni compré propiedades por decisión mía, ni tuve nada que ver con la constitución de esta sociedad inmobiliaria». Miñanco incluso aseguró que se puso al frente de la inmobiliaria porque su cuñada tenía «mucha confianza» en él y le pidió «el favor», a la vez que seguía exculpándose: ««Si está mi firma en algún documento, fui yo; pero sería por orden de mi cuñada y sus socios».

El nuevo relato de la vida legal del narcotraficante, desconocido hasta ahora por policías y funcionarios de la judicatura que lo investigaron en aquellos años, lo sitúa también en Panamá, pero no para negociar alijos de coca o blanquear dinero: «En el 86 viajamos a Panamá para intentar abrir una ruta nueva para el tabaco, que era más barato allí, e incluso llegamos a cargar alguna vez. También fui comisionista de una empresa de venta de ropa y otros géneros». La reconversión que Miñanco plantea ahora de sí mismo, haciéndose pasar por un honrado exportador de tabaco, destina buena parte de su relato a marcar distancias con su exmujer María Rosa Pouso Navazas, otra de las acusadas por su cargo de administradora de San Saturnino desde hace tres décadas.

«En 1982 ya estábamos separados y ella [su exmujer] no quería saber nada de mí después de todo lo que hice», reconoció en sala antes de aclarar en varias ocasiones: «Nunca les he dado dinero a mi exmujer ni a mis hijas [en los años investigados (1987-2007)]», por la mala relación que mantenía a raíz de los vínculos del narco con otras parejas, entre ellas una mujer de origen dominicano y otra panameña.

Miñanco también aprovechó el uso de la palabra para dejar claro que, en ese contexto de posverdad, incluso la prensa es culpable de la reputación que arrastra fuera de la cárcel a ojos de la sociedad. «Publican lo que quieren, no contrastan las noticias», añadió el ahora acusado de blanquear 10 millones ganados con la importación de droga y condenado en dos ocasiones por los mismo delito y a la espera de una posible tercera sentencia tras su arresto el pasado febrero.

El arousano alega desmemoria para explicar por qué está su firma en la compra de bienes

El discurso de Sito Miñanco dio claras muestras de flaqueza al ser preguntado por la compra de propiedades, a nombre de la inmobiliaria San Saturnino, en cuyas escrituras figuran su nombre y firma. «Pasaron 30 años y entenderá que no recuerde todo», respondió a la Fiscalía para zanjar las preguntas incómodas. De lo que sí se acordó, aunque pasaron los mismos 30 años, fue del nombre del ciudadano griego que ocupaba el cargo de gerente de Melina Trading, Panagiotis Panagopoulos: «Era socio y administrador de los dos negocios que tenía en Amberes». Lo que se le pasó comentar el arousano es que esa segunda compañía, Thalassa Repairs and Trading, fue intervenida en 1991 por la policía belga acusada de blanqueo de capitales y de fletar barcos para droga hasta la costa gallega.

Miñanco aseguró también que su paso por la presidencia del equipo de fútbol de su pueblo, el Club Juventud Cambados, fue casi casi una obra de beneficencia: «El Cambados iba a desaparecer y por eso cogí la presidencia, pero estando en Bélgica y viniendo cada semana o cada 15 días». Sobre el Cambados, Thalassa Repairs and Trading y el griego Panagiotis Panagopoulos también se quedó ayer en el tintero un hecho que los relaciona. Ocurrió el 27 de noviembre de 1990, cuando un exfutbolista del equipo arousano fue detenido en la frontera francesa en un coche con 149 millones de pesetas. Junto a él iba uno de los procesados en la causa judicial que derivó en la primera condena de Miñanco por narcotráfico, Emilio Millán. El destino del dinero era Bélgica y el destinatario, Panagiotis Panagopoulos, para que clareara en algún banco del centro de Europa su origen ilícito.

La sorprendente rentabilidad de los negocios del entorno del capo

La nueva y lucrativa vida profesional que Sito Miñanco detalló haber vivido en Bélgica fue tan solo un adelanto de las otras fructíferas trayectorias laborales e inversoras expuestas por los otros acusados.

LA EXMUJER

Armadora. María Rosa Pouso declaró al fiscal que el origen de su capital, posteriormente utilizado para engordar el patrimonio de la inmobiliaria San Saturnino (origen de la investigación por narcotráfico), procedía en parte de su trabajo como armadora de un barco de pesca desde 1978: «Aquel barco dio mucho dinero, tenía dos tripulaciones y yo me encargaba de organizar todo, igual que de un parque de cultivo de almeja y berberecho». La exmujer del narco juró también no haber recibido nunca dinero de Miñanco y que sus ahorros y las rentas que le generaba la inmobiliaria eran suficientes para pagar hasta tres créditos a la vez y ampliar el patrimonio de San Saturnino, incluyendo la construcción de un edificio en Arousa.

LA EXcuñada

Fundadora. Josefa Pouso Navazas, cofundadora de la inmobiliaria San Saturnino, declaró que el capital invertido en este negocio procedía de sus ahorros como trabajadora sin asegurar, de una pensión e indemnización por viudedad y de otra por un accidente de tráfico. El fiscal, atendiendo a los informes de Hacienda, dejó constancia de que en algunos años gastó más que ingresó, y detalló un patrimonio formado por diferentes inmuebles, incluida una plaza de aparcamiento en el puerto deportivo de Sanxenxo. Reconoció que propuso a su entonces cuñado Sito Miñanco como administrador de la inmobiliaria por una cuestión de confianza. «Lo conozco desde los 11 años y me había quedado viuda», confesó antes de añadir: «Nunca me dio dinero, ni siquiera me regaló un perfume».

HIJA MAYOR

Estirar la nómina. A Rosa María Prado Pouso, según la Fiscalía, le pasa lo mismo que a su tía imputada, que tiene más gastos que ingresos en diferentes años. Sobre todo al empezar a trabajar en un astillero vinculado a su padre, en el que cobraba poco más de 1.000 euros al mes. Aun así, compró para invertir una casa en Sanxenxo de 150.000 euros que fue tasada en 411.000 y tiene 855 metros construidos. Incluso amortizó en un año 42.000 euros de la hipoteca cuando solo ganaba 20.000.

EL TESTAFERRO

Conocidos, nada más. José Alberto Aguín es constructor desde 1981 y apenas conoce a Sito Miñanco: «Jugamos al fútbol cuando éramos jóvenes», aseguró ayer en declaración jurada olvidando que también fue su vicepresidente en el Cambados o que era subdirector de una empresa que Miñanco tenía en Bélgica y que fue desmantelada por blanqueo y colaboración en tráfico de drogas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

Sito Miñanco: «Hasta el año 91 no toqué nada que no fuese tabaco»