Gómez-Reino y Noriega se enfrentan ya abiertamente a Luís Villares

El portavoz avisa que la última palabra para renovar la dirección será de los inscritos


santiago / la voz

Los disparos siguen sonando dos días después del bronco plenario de En Marea, que desató una guerra entre el sector oficial y el crítico y que puso en evidencia una profunda fractura interna. El lunes fue el turno para el portavoz, Luís Villares, que llegó a calificar el movimiento de Noriega y quienes lo respaldan como un «golpe». Y ayer fueron el propio alcalde compostelano y el nuevo líder de Podemos en Galicia, Antón Gómez-Reino, quienes se enfrentaron abiertamente al actual portavoz orgánico y parlamentario, al que reprobaron públicamente por su análisis de lo ocurrido en el último plenario.

El regidor santiagués se refirió a las declaraciones de Villares como «especialmente desafortunadas», y fue incluso más allá al advertirle que no alimentará más un debate «estéril e autodestrutivo». Noriega llamaba así a corresponsabilizarse con la voluntad expresada democráticamente en un plenario que, a su entender, fue un éxito de participación. También Xulio Ferreiro, el alcalde coruñés, mostró su disconformidad con Villares. «As palabras hai que utilizalas na súa xusta medida», dijo Ferreiro, quien recordó que hay lugares donde está en riesgo la democracia para censurar las palabras del portavoz.

Los trapos sucios aireados por Villares públicamente no han sentado nada bien en el llamado sector crítico, nucleado en torno a la mesa de confluencia, impulsada por el líder de Compostela Aberta junto a Anova, Esquerda Unida, Podemos y las mareas de Ferrol y de A Coruña. El nuevo secretario xeral de Podemos Galicia, Antón Gómez-Reino, también se mostró muy molesto con las críticas de Villares y, durante una entrevista televisada, le emplazó a pensar por qué sus posicionamientos habían salido derrotados. «Debería reflexionar por que a súa tese política e todos os documentos que puxo enriba da mesa saíron derrotados e por que houbo unha maioría que pensou diferente», emplazó Gómez-Reino a Villares. La respuesta del actual portavoz parlamentario y orgánico no se hizo esperar. «O momento da reflexión era o momento do plenario -dijo en su réplica Villares-, e o voceiro de En Marea no Congreso perdeu unha ocasión magnífica para compartir a súa reflexión co conxunto de En Marea». Gómez-Reino no acudió al plenario del pasado sábado, al que sí asistieron Yolanda Díaz, muy próxima a él, y Alexandra Fernández, quien durante su intervención hizo pública la ruptura del grupo en Madrid porque, según denunció, la acción política de los diputados de En Marea siempre queda fagocitada por Podemos. A pesar de lo ocurrido el pasado sábado, en el que las tesis oficiales defendidas por Villares perdieron frente a los planteamientos de los críticos, el actual portavoz advierte que la última palabra para renovar la dirección la tendrán los inscritos.

Un nuevo partido inmerso en un conflicto ya muy viejo

Los actores de los dos bandos del conflicto abierto en uno de los partidos de la llamada nueva política se enfrentan, en realidad, a un viejo conflicto de todas las organizaciones políticas: la lucha por controlar el poder, por hacerse con la mayoría.

Los tres alcaldes de las mareas, junto a Antón Sánchez, de Anova, y los líderes de Esquerda Unida y Podemos, Yolanda Díaz y Antón Gómez-Reino, son los rostros destacados del llamado sector crítico. Su tesis se basa, fundamentalmente, en que la actual dirección liderada por Villares no es proporcional al pluralismo real del espacio. El sector oficial responde que la fotografía de la dirección es la expresada por quienes han participado activamente en la vida política de En Marea y que, en consecuencia, el movimiento de Martiño Noriega y su mesa de confluencia es, en realidad, algo que va contra la propia naturaleza fundacional de En Marea. Un acuerdo pactado por arriba, por alcaldes y partidos, que condiciona a los afiliados de un partido instrumental. Esta es la tesis que defienden Luís Villares y sus afines, como Gonzalo Rodríguez y Ana Seijas, y sobre todo Mario López Rico y Luis Eyré, de Cerna.

El conflicto abierto ahora en En Marea guarda paralelismos con lo sucedido en la asamblea de Amio de enero del 2012, que supuso la fractura del Bloque después de 30 años de existencia. Un sector oficial, nucleado por la UPG, y otro crítico, en el que coincidían entonces algunos de los actores que ahora están enfrentados en En Marea.

Sin embargo, sí existen diferencias con lo sucedido en el BNG. Aquí la cuestión nacional sí es motivo de contradicción, como prueban las reticencias de EU y Podemos a diluirse en En Marea, un partido en cuya vida interna no han participado hasta ahora. Tampoco algunas mareas. El hecho de que sí lo hagan ahora explica la derrota de Villares.

En Marea, una fuerza en ebullición desde que nació

Desde que se constituyó, a finales de julio del 2016, En Marea ha sido un espacio político en constante conflicto. Unas tensiones atribuidas al debate interno, y a la mayor democracia, pero que en realidad encerraban contradicciones más hondas. Podemos, catalizador de voto desde la crisis, y Esquerda Unida siempre han visto el espacio como algo instrumental, pero no como un partido en el que diluirse. Y a todo ello se suma ahora la lucha por quién ostenta la mayoría en el control de una organización que no ha cumplido ni tres años de vida.

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