La franja de la AP-9 ganó la población que perdió el resto de Galicia en 47 años

Solo un millón de personas residen fuera de las zonas de influencia de las siete urbes

Una joven pareja paseando con su bebé por un parque de Vigo
Una joven pareja paseando con su bebé por un parque de Vigo

vigo / la voz

El eje que atraviesa Galicia de norte a sur siguiendo el trazado de la autopista del Atlántico es uno de los reductos de esperanza demográfica que le queda a la comunidad, junto a los entornos de las demás ciudades al margen de la zona de influencia de la AP-9. Siete de los trece municipios de toda la comunidad donde aún hay más nacimientos que fallecimientos se encuentran salpicados a lo largo del vial de pago. Cambre, Oroso, Ames, Pontecesures, Poio, O Porriño y Salceda de Caselas mantienen aún un saldo vegetativo positivo, que en el resto del mapa gallego solo se encuentra además en Arteixo, Barbadás, San Cibrao, Soutomaior, Oia y Burela.

Dicho balance natural positivo puede parecer escaso en el conjunto de los 38 concellos que se suceden a lo largo de la AP-9, pero es que en toda Galicia la situación demográfica es la opuesta en nada menos que 300 localidades: en el conjunto de la autonomía hay más muertes que nacimientos desde hace 31 años.

Como ocurre con el vegetativo, el saldo migratorio también resulta positivo en el espacio local que abarca de Ferrol hasta Tui: 27 concellos aún captan más vecinos que los que dejan sus localidades para cambiar de residencia en otros puntos de España o el extranjero. Son once, por tanto, en los que el balance migratorio queda marcado en rojo: Vigo, Redondela, Valga, Portas, Pontecesures, Padrón, Oroso, Neda, Narón, Pontedeume y Ferrol.

Y visto con perspectiva temporal, la que permite hasta hoy desde los años setenta, cuando fue concedida la explotación de la autopista y se iniciaron las obras, los 38 ayuntamientos han ganado 345.709 habitantes (un 39,5 %).

La traza municipal que ha acabado por ocupar la principal autopista gallega representaba hace 47 años el 32,71 % de la población de Galicia, y en la actualidad sube hasta el 45,09 %, dibujando ese desequilibrio territorial que a efectos residenciales se inclina hacia la costa de norte a sur.

Y el contingente poblacional que gana el eje atlántico desde 1970 hasta la actualidad es el que pierde el resto de Galicia en ese casi medio siglo. Hasta 313.773 habitantes menos tienen los 275 ayuntamientos restantes que no lindan con los 259 kilómetros de la autopista.  

Áreas urbanas

Pero aunque la principal ruta de comunicación enlaza cinco de las siete ciudades más pobladas de Galicia, el entorno de estas urbes y las otras dos áreas urbanas de la comunidad (las de Lugo y Ourense) también juegan un rol demográfico crucial en la contención del desplome demográfico, pero al mismo tiempo en el desplazamiento de la población del medio rural al urbano.

Solo un millón de los 2,7 millones de residentes en Galicia no viven en alguno de los 75 ayuntamientos que forman las áreas funcionales de las siete ciudades. Estos espacios quedan definidos por las localidades próximas a las urbes en las que al menos el 15 % de su población ocupada se desplaza a las urbes de referencia de sus zonas a trabajar, planteamiento en el que la AP-9 juega en un papel relevante para muchas de ellas. Casi dos de cada tres habitantes de Galicia viven en esas áreas de las ciudades (el 63,38 %).

La que se forma alrededor de Vigo, con 21 municipios, es la más grande de Galicia (541.686 habitantes) y la duodécima de España, por detrás de Granada. Su extensión abarca desde Fornelos y Pazos de Borbén, en el norte, hasta Oia, al sur, integrando además Cangas y Moaña en O Morrazo, así como la comarca de O Condado, agrandando el espacio administrativo de la fracasada área metropolitana.

Alrededor de A Coruña pivotan otros diez concellos más, que vinculan a toda su área funcional a 415.144 personas. Los entornos más alejados con trabajadores vinculados a la ciudad son, según el INE, A Laracha, Oza-Cesuras y Abegondo.

Ya a más distancia en el ránking estatal, el área de Santiago se sitúa en el puesto 35, con 200.708 residentes y catorce concellos vinculados, desde Pontecesures a Val do Dubra.

Ferrol rebasa a las demás urbes gallegas gracias a sus localidades satélite, con las que suma 148.870 personas, entre Valdoviño y Cabanas. El área de Ourense acoge a otros 148.410 residentes, en 12 localidades, con Allariz y Nogueira de Ramuín como extremos. Pontevedra, el área más reducida, absorbe 141.414 vecinos de siete concellos, y Lugo otros 120.423 de ocho enclaves.

Entre los más envejecidos, con rentas a la baja y con calidad de vida mejorable

Pese a que Galicia se urbaniza progresivamente y concentra su potencial de crecimiento poblacional en las ciudades, las urbes de la comunidad no destacan entre las del resto de España ni en dinamismo demográfico, ni en capacidad económica de sus residentes ni en calidad de vida en aspectos como la disponibilidad de zonas verdes o espacios de ocio.

La radiografía que este año ha hecho el Instituto Nacional de Estadística de las 126 ciudades más pobladas del país deja a las urbes gallegas entre las que cuentan con menos menores de 14 años, lo que a medio plazo definirá su capacidad de relevo generacional. Ferrol es señalada como la ciudad de España que cuenta con menor porcentaje de niños: solo lo son el 10,84 % de su población. Pero es que A Coruña está situada en el puesto 116 (12,18 %), Ourense en el 115 (12,21), Santiago en el 105 (12,92), Vigo en el 101 (13,12), Lugo en el 100 (13,13) y Pontevedra en el 89 (14,07). Ocurre todo lo contrario en lo que respecta al peso de los mayores de 65 años. Ferrol es la primera en número de personas en edad de jubilación (27,17 % de sus residentes), Ourense es la sexta (25,05 %) y A Coruña la octava ciudad más envejecida de toda España (24,03 %).  

Baja inmigración

En capacidad de captación de inmigración, tampoco salen muy bien paradas las urbes de la comunidad. Las siete figuran entre las 33 ciudades que menor porcentaje de extranjeros tienen entre sus vecinos.

Solo Oleiros se sitúa entre las localidades de más de 20.000 habitantes que cuentan con la renta media anual más alta en España. Según el trabajo del INE, el ránking que encabeza la localidad madrileña de Pozuelo (23.861 euros por persona al año), tiene al concello coruñés en el puesto 18, con 14.851 euros, situándose justo a continuación de Barcelona.

Galicia vuelve a figurar en aspectos poco positivos, como la atención al medio urbano, dado que Lugo es la ciudad 112 de 126 con menos proporción de suelo para zonas verdes urbanas, instalaciones deportivas y de ocio. Santiago es la 101, Ferrol la 96, Pontevedra la 89, Ourense la 71, Vigo la 69 y A Coruña la 26, pero baja enteros con su configuración arquitectónica, pues es el décimo municipio que más suelo urbano contiguo presenta. El 19 % de su suelo residencial urbano está ocupado por edificios enlazados sin espacios para otros usos.

La AP-53 no consolida la ocupación residencial en la misma medida

La denominada autopista central gallega, la AP-53, que va desde Santiago al alto de Santo Domingo, en Dozón, y que continúa sin peaje para el usuario hasta Ourense, no juega el mismo papel de incentivadora de asentamientos poblacionales a lo largo de su trazado que la AP-9. La AP-53 desempeña una labor más de enlace con Santiago para la comarca del Deza y la provincia de Ourense y de descongestión de la nacional 525. Desde que se concluyó la obra en el año 2002, el conjunto de los siete concellos por los que discurre su trazado han ganado 6.937 residentes, lo que no está mal al ubicarse en parte en una zona como el Deza que sufre el declive poblacional. A Estrada, Dozón, y Silleda perdieron vecinos y los ganaron Lalín, Vedra, Teo y Santiago.

Siete de cada diez gallegos viven en el 17 % de la superficie de la comunidad

carlos punzón

En 1996 había 11 ayuntamientos con menos de mil habitantes, ahora hay ya 31

A Fonsagrada es el municipio de mayor extensión de Galicia. En sus 438 kilómetros cuadrados cabrían con holgura cuatro veces Barcelona y casi doce superficies como la de A Coruña. Pero el ayuntamiento lucense reparte su territorio solo entre 3.670 vecinos, casi los mismos que los que viven en la parroquia viguesa de San Miguel de Oia, una de las más rurales de la ciudad olívica y que ocupa solo un 0,91 % de lo que mide A Fonsagrada.

Lejos de ser una excepción, el municipio de la montaña lucense es el paradigma de la transformación acelerada que está viviendo Galicia por el efecto de la despoblación, agravada además por la caída demográfica: cada vez menos habitada en el campo y en el interior, y con más concentración poblacional en las urbes y los municipios de sus entornos.

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