La delgada línea roja de Ana Pontón

El BNG recupera el perfil soberanista y la cohesión interna para cerrarle los huecos a En Marea


santiago / la voz

En el debate sobre el estado de la autonomía que tuvo lugar esta semana, Feijoo hizo una revelación. Dijo sentir un aprecio personal por Ana Pontón, la líder del BNG, aunque la confesión duró un instante y después se mostró inmisericorde con la tarifa eléctrica gallega, el cupo propio u otras resoluciones con sello nacionalista. El presidente de la Xunta tuvo un fair play parecido con Francisco Jorquera, de quien ensalzó varias veces su inteligencia, sin saber que sería ahora el cartel del Bloque para la alcaldía de A Coruña. El PP campa en las antípodas del BNG, y viceversa. Son de planetas distintos, pero aun así son capaces de confrontar respetando las reglas y sin romper nunca la baraja.

Quizás esto ayude a entender mejor la encuesta de la lavozdegalicia.es, en la que 9.000 eligieron al ganador del debate autonómico. El 43 % de los participantes votaron por Feijoo, pero lo sorprendente es que Pontón, portavoz del grupo minoritario de la Cámara, le pisó los talones con un 41 %, a mucha distancia del resto de la oposición.

Claro que la encuesta no tiene valor científico y, además, tanto en el PP como en BNG tocaron el silbato para instar a sus parroquianos a votar. Aunque lo cierto es que Pontón es la única representante de la izquierda que se situó ante Feijoo combinando la crítica dura con la propuesta alternativa y, sobre todo, siendo la verdadera coronel de una organización política que, a la postre, es la única cohesionada. Y esto es un plus, porque es una característica de la que carece Luís Villares, muy cuestionado dentro de En Marea, o Fernández Leiceaga, que cada vez se muestra más incómodo en un puesto interino del que Gonzalo Caballero está llamado a desplazarlo.

Mientras en el PSdeG hay zancadillas para cambiar cromos en la dirección del grupo y los de En Marea desautorizaron a Villares para blindar en el escaño a la diputada anticapitalista Paula Quinteiro, la coronel del BNG se esforzó en aglutinar a un equipo de seis personas entre los que hay desde miembros de la UPG, del Movemento Galego ao Socialismo, a independientes y el inclasificable cantautor Mini, mitad diputado y mitad bardo.

Este esfuerzo de cohesión se produce en paralelo al giro del BNG hacia sus principios fundacionales, operación que no está exenta de riesgo. El debate de la autonomía del 2012, el año de las escisiones de Amio y del portavoz de Beiras, fue el último de la apuesta autonomista del Bloque. La resoluciones en las que pedían traspasos de competencias y reformar el Estatuto fueron suplidas en los debates de la autonomía por otras para reivindicar el derecho a decidir o la autodeterminación. El BNG también pasó de estrechar la mano del rey cuando estaba en las Cortes a romper su foto en O Hórreo o quemarla en pira pública.

Hay una delgada línea roja en la que se mueve Pontón para protegerse de la opa lanzada por En Marea a su electorado. En la autodeterminación gallega no hay apenas votos, pero intenta evitar que otros agarren la bandera. Es una delgada línea roja como aquella patentada por los highlanders escoceses en Crimea para doblegar a un ejercito ruso cinco veces mayor. A los británicos les fue bien. Y al Bloque es difícil que le vaya peor que hasta ahora.

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