¿Dónde duermen los cientos de currantes del San Froilán de Lugo?

Se reparten en pisos, caravanas y hostales, y en colchones en el suelo de los puestos

Soei Syea se queda a dormir en el puesto y se ducha en un hostal por cuatro euros
Soei Syea se queda a dormir en el puesto y se ducha en un hostal por cuatro euros

lugo / la voz

Lugo multiplica el número de habitantes en San Froilán. Y no todos se desplazan para disfrutar de las fiestas. Cientos de personas lo hacen para ejercer una actividad económica. Titulares y operarios de atracciones, vendedores y empleados de hostelería canalizan la mayoría de este movimiento temporal de población. Son personas que necesitan un lugar para dormir y descansar durante los doce días que dura su trabajo -que pueden llegar hasta un mes en el caso del empleo en las casetas del pulpo- en una ciudad en la que el precio de los hospedajes se incrementa de forma considerable durante las patronales.

El abanico de posibilidades de pernocta para estas personas es muy amplio y, en la mayoría de los casos, dependen de las economías individuales. Van desde la habitación que reserva, desde hace años, en un hotel de cuatro estrellas algún empresario que regenta varias atracciones de feria hasta el suelo del ferial usado como dormitorio, generalmente por necesidad, pero también para vigilar la mercancía. Entre uno y otro hay otras opciones. En medio están los hostales, los pisos en alquiler y las casas de los amigos.

La capital lucense cuenta por San Froilán con una ciudad sobre ruedas en la zona de Garabolos, que es donde instalan sus caravanas la mayoría de los empresarios de la feria y sus empleados. Se reparten por calles y los moradores de estas casas rodantes, algo más de medio centenar de familias, intentan hacer vida normal al margen del trabajo que desarrollan en el centro de Lugo, y comparten los problemas de cualquier comunidad de vecinos.

«Empezamos hace 30 años quedándonos en la caseta, ahora no aguantaríamos»

Chicha y Teresa, hermanas de la diseñadora Elena Ferro y habituales de San Froilán, empezaron hace casi 30 años durmiendo en el puesto. Desde hace tiempo reservan de un año para otro habitación en un hotel, próximo a Gastroarte, donde tienen caseta, porque de lo contrario no soportarían el ritmo. Les mantienen el precio por ser clientas fijas. Reconocen que pueden ir a dormir tranquilas porque sus puestos son más seguros. Cierran con persianas metálicas. Las noches de botellón están más pendientes.

«Lo peor de la noche en el puesto es el frío»

d. c.

Soei Syea, de origen pakistaní, lleva cinco años acudiendo a San Froilán. Vende lámparas de cristal de colores y tapices con espejos diminutos. Forma parte de las decenas de vendedores del recinto de la feria que duermen sobre la acera, encima de un colchón, dentro del puesto. Lo extiende de noche y lo recoge de día, antes de abrir el plástico con el que cierra el habitáculo en el que expone las mercancías. Soei Syea asegura que las ventas «no dan para más». «Si tuviera dinero -explicó-, iría a un hotel y, si pudiera, de cinco estrellas».

Soei Syea sabe que los hostales de Lugo en estos días suben los precios. «No puedo permitirme pagar 40 euros cada noche». Reconoce que lo peor de pernoctar en el puesto es la bajada de las temperaturas. «Paso mucho frío, aunque tengo varias mantas». El vendedor pakistaní se ducha en un hostal de Recatelo. Paga cuatro euros para poder hacerlo. «El año pasado -dijo- entre tres personas contratamos un apartamento a través de Airbnb y pagábamos 50 euros por noche. No fue un buen San Froilán y este año toca dormir en el puesto».

En la furgoneta

Fernando Duque, de Ecuador, duerme en la misma hilera de puestos que el vendedor pakistaní y su mujer en un colchón en la furgoneta que aparcan lo más cerca posible. Este año, que no hay ORA en el centro, los que llegaron antes consiguieron un buen sitio para dejarla, no lejos, para reponer la mercancía. «Podría permitirme -señaló- dormir en una cama. De hecho el restaurante en el que como, que está aquí cerca, tiene hospedaje. Nos cobra 25 euros por noche y eso está bien, pero no podemos dejar abandonado el puesto porque aquí está nuestro material de trabajo». «Además -añadió-, si vas a dormir de hotel pierdes las ganancias de la jornada».

Duque se queja de la falta de vigilancia. «En Barcelona y en Madrid pagamos 1.500 y 1.600 euros por el puesto, más o menos como aquí, y hay vigilantes de seguridad y duchas. Aquí tienes que dormir en el puesto y, si alguna noche vas fuera, pedir que te lo vigilen los compañeros».

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