Dan: «La pintada de la catedral de Santiago no es un grafiti, no es una obra seria»

El grafitero gallego comprende que la mayoría de la sociedad no entienda sus motivaciones, pero pide reflexión al ser ya un fenómeno global


vigo / la voz

Entiende que a la mayor parte de la sociedad le cueste comprender a los grafiteros, pero Dan, grafitero gallego, que por la ilegalidad que suponen sus acciones prefiere no hacer públicos su nombre ni su rostro, reclama a la ciudadanía que «reflexione ante las dimensiones que ha alcanzado el grafiti, el mayor movimiento artístico de la historia de la humanidad», dice, por la globalidad del fenómeno. Condena la pintada en la catedral de Santiago, o sobre cualquier otra manifestación artística, pero rechaza la vinculación del grafiti con el vandalismo, aunque la mayoría no lo comparta. «Ya hay grafitis en Madrid que se restauran», advierte.

-¿Hacer grafitis es una manera de expresarse, arte, vandalismo...?

-Estrictamente, el grafiti es un movimiento artístico que surge dentro del hip-hop. ¿Hay gente que lo lleva como modo de vida? Seguro, pero lo que sí, es un movimiento artístico gigantesco e internacional. Hay grafitis en todas partes del mundo.

-¿Se ponen algún límite?

-Como cualquier situación en la vida. Cada persona tiene una ética y una moral y conforme a eso actúa.

-¿No hay ninguna norma de grupo, algo que no se debe rebasar o dónde no se debe pintar?

-Los límites los define cada uno..

-¿Da igual entonces pintar un muro, una casa, una puerta o la fachada de la catedral de Santiago?

-Espero que no lo vuelva a hacer nadie. Yo no lo apoyo, porque la catedral ya tiene un valor artístico que no hace falta pisar, como me dolería que tapen un grafiti increíble.

-¿Considera grafiti lo que se hizo en la catedral?

-La pintada de la catedral de Santiago no es un grafiti, no es una pintada seria. No está nada bien, no es algo que yo vaya a defender, para nada. Como tampoco las pintadas de la isla de las Esculturas de Pontevedra. Y nadie que vaya a pintar en serio lo hará con Pintyplus [marca de espray tradicional de los bazares chinos, más difícil de eliminar]. Se busca una calidad mínima.

-Pues a simple vista hay de todo por la calle, mucha firma y garabatos de estética cuestionable.

-Los hay de todo tipo. Se puede ver algunas muy simples, dos letras por ejemplo. Pero eso sigue siendo grafiti, porque hay que tener en cuenta que es algo perseguido por la ley. No se puede estar media hora pintando, hay que ser rápido, dependiendo del sitio. Hay algunas obras que igual no tienen un estilo muy elaborado, pero ganan por el lugar en el que están.

-¿Qué valoran en una pintada?

-El diseño y el estilo. El lugar donde esté hecha, por ejemplo, un sitio alto al que cuesta llegar o que tenga mucha vigilancia, como los trenes, tienen más mérito. Y también la cantidad de veces que se haya corrido el riesgo de pintar. Cuanto más veces veas un nombre en la calle significa que más veces esa persona ha salido y se ha arriesgado a verse en problemas con la ley para poder poner su obra en una pared. Todo eso es parte del grafiti, todas sus dimensiones, si no sería pintar en un lienzo, y eso es otra cosa.

-Varios países regulan que hacer pintadas pueda penarse con cárcel. ¿No es una muestra evidente de la molestia que pueden causar los grafitis?

-No entiendo cómo puede llegar a haber personas a las que les parezca racional y equilibrado dar una pena de prisión a otra persona que lo que ha hecho es pintar, por mucho que el lugar no sea adecuado. Pero sabemos que es ilegal, y ese es uno de sus atractivos.

-¿Por?

-Porque da libertad. Cualquier marco legal implica unos límites. Un grafitero no necesita el permiso de nadie. Sin intermediario pone su obra en una pared y cualquiera que vaya por la calle decide si le gusta o no.

-Vuestra libertad recorta la de los propietarios de los espacios pintados. Ellos deciden tenerlos de una manera y vosotros la cambiáis.

-El que esté al margen de la ley, y la controversia que genera, es porque choca con la existencia de la propiedad precisamente. Tenemos otro punto de vista. No se cuestiona el concepto de propiedad, todo es de alguien, privado o público, por eso cada vez que pintamos cuestionamos esa legitimidad.

-¿Le importaría que le pintasen la fachada de su casa?

-No me va a importar, y si me gusta, mucho mejor.

-¿Es frecuente que tengan en Galicia problemas legales?

-Claro. Cualquiera que pinte de forma seria durante un tiempo, tarde o temprano los tendrá.

-¿Los ha tenido?

-De momento no. Pero los conozco y no es raro que pase.

-Conservadores y restauradores estiman que el aluvión de pintadas habría que combatirlo con más educación y formación y canalizar hacia espacios acotados a los grafiteros. ¿Les falta cultura?

-La formación crítica hace falta en general, no solo a los que pintan, y así habría más gente valorando cómo vive y trabaja. Y sobre canalizarnos y decir en un espacio «aquí podéis pintar», pues eso deja de ser grafiti. El grafiti para serlo tiene que ser libre, si no sería arte urbano, que es otra cosa.

-¿La fiebre de algunos alcaldes por pagar murales en medianeras de edificios es aceptada como una variante del grafiti?

-Surge del grafiti, pero no lo es.

-¿Es una forma de control?

-Sí. Al estar aceptado por una institución, pasa a estar controlado por ella. En el momento que te dan unas directrices el grafiti pierde la libertad, que es su esencia.

-Una calle llena de grafitis es sinónimo de suciedad e incluso de inseguridad.

-Comprendo que sea difícil de entender lo que hacemos. Nada nuevo ha sido aceptado de primeras por todo el mundo, pero no es tan dañino llenar una calle de colores. El grafiti surgió en los barrios marginales de Nueva York, pero ha evolucionado mucho.

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