Test de estrés para los líderes debutantes de En Marea y PSdeG

Los comicios locales van a poner a prueba la resistencia del PP y la renovación de los partidos de izquierda


santiago / la voz

Una vez que Manuel Fraga culminó la sucesión en el PPdeG y se marchó tranquilo al Senado, su sucesor, Núñez Feijoo, tardó solo 15 meses en ser examinado en las urnas. Le fue muy mal. Eran las municipales del 2007, y los populares fueron expulsados del gobierno de las ciudades para ser confinados en Ribeira y Lalín como principales bastiones.

Una prueba de fuego similar es la que aguarda a la vuelta de la esquina -dentro de ocho meses- a los liderazgos renovados de las fuerzas de izquierda, Luís Villares (En Marea), Ana Pontón (BNG) y muy especialmente Gonzalo Caballero, secretario general del PSdeG, que nunca pasó el test de estrés de una cita con las urnas y que tendrá en mayo también un examen a su gestión.

En cuanto al PP, que alza su bandera en el 53 % de las alcaldías gallegas, las municipales van a poner a prueba su capacidad para resistir como fuerza hegemónica en un contexto político más fragmentado, y en el que la principal novedad viene de la mano del derrocamiento de Rajoy y el relevo realizado al frente del partido. La duda estará en saber si logra avanzar en las ciudades -solo tiene una alcaldía de siete-, pues es un termómetro para afrontar un año después las autonómicas.

El test de estrés para Luís Villares va a ser más complejo, y en su caso será ya un éxito el llegar a las municipales como líder orgánico. El de En Marea será en realidad un doble test: de un lado será examinado Villares y, del otro, se medirá el éxito del cambio hecho en el 2015 en las ciudades de A Coruña, Ferrol y Santiago. Así que si al conglomerado de las mareas le va bien en mayo, el mérito se lo arrogarán Xulio Ferreiro, Martiño Noriega y la red articulada en torno a ellos contra Villares. Si les va mal, el chivo expiatorio serán las tensiones internas del partido instrumental, es decir, Villares, pues es a él a quien culpan, un tanto injustamente, de provocarlas.

En el caso de Ana Pontón, que como portavoz nacional ya vio cómo el BNG perdió su representación en Madrid y achicó su presencia en O Hórreo, el desafío consistirá en salvar los muebles en Pontevedra y las villas que gobierna (Carballo, Tomiño, Rianxo, Ribadeo...), e invertir la curva descendente.

En el PSdeG hay quien entiende que la dirección gallega y su líder, Gonzalo Caballero, no serán los examinados en mayo, sino única y exclusivamente los candidatos. Pero se equivocan. Las lupas también están puestas en el nuevo secretario xeral y en su forma particular de entender la política y la supuesta no interferencia en las cuestiones locales. Si el PSdeG no se aleja de la marginalidad que ocupa ahora en ciudades que gobernó, como A Coruña, Ferrol o Santiago, sufrirá en las autonómicas que tendrán lugar un año más tarde. Y el liderazgo del debutante Gonzalo Caballero podría empezar a ser cuestionado.

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