Cinco años sin Asunta: la acusación pediría hoy prisión permanente para los padres

La máxima pena se aprobó después del crimen, por lo que a Rosario Porto y Alfonso Basterra no se les pudo aplicar

Así mataron a Asunta: las claves del crimen que conmocionó a Compostela La niña fue drogada y asfixiada en un plan pergeñado por sus padres adoptivos, Rosario Porto y Alfonso Basterra. La mataron en septiembre de 2013. La instrucción acabó en junio del año siguiente. En 2015 fueron ambos condenados a 18 años de cárcel.

santiago / la voz

La asociación Clara Campoamor ejerció la acusación popular en el caso Asunta. Pidió para los padres adoptivos y asesinos de la niña, Rosario Porto y Alfonso Basterra, la máxima pena que en aquel momento preveía el Código Penal para el asesinato: veinte años de prisión. La Fiscalía lo rebajó a solo 18 años, una decisión que nunca compartió ni comprendió el abogado Ricardo Pérez Lama, que representa en Galicia a esta entidad de protección de la mujer y la infancia. El letrado tiene claro que hoy, cuando se cumplen cinco años exactos del crimen, pediría para ambos prisión permanente revisable, una condena que no se les pudo aplicar en su momento porque los hechos tuvieron lugar el 21 de septiembre del 2013, dos años antes de que el 26 de marzo del 2015 la aprobase el Congreso de los Diputados y de que entrase en vigor seis días después.

«Si un hecho como el crimen de Asunta tuviese lugar hoy me extrañaría mucho que la Fiscalía no pidiese prisión permanente revisable. Nosotros, desde luego, sí lo habríamos hecho porque estamos hablando del asesinato de una niña de 12 años a manos de sus padres, que actuaron con premeditación, poniéndose de acuerdo para trazar un plan, drogar a la pequeña y evitar así que se pudiese defender de dos personas en las que, además, confiaba. Ese grado de crueldad es merecedor de la máxima condena, desde luego», señala el abogado Pérez Lama.

Sin embargo, tras el veredicto de culpabilidad del jurado popular que juzgó el caso en la sección compostelana de la Audiencia Provincial de A Coruña, el magistrado que presidió aquel tribunal, Jorge Cid Carballo, dictó sentencia en noviembre del 2015 dando por válida la petición de pena que había hecho el fiscal que estuvo asignado al caso, Jorge Fernández de Aránguiz. Así, tanto Rosario Porto como Alfonso Basterra fueron condenados a 18 años de cárcel por el asesinato de su hija Asunta.

Ambos llevan cinco años en la cárcel. Ella fue la primera en ser detenida, el 24 de septiembre del 2013, y él corrió la misma suerte al día siguiente. En esa situación de prisión provisional se mantuvieron durante toda la instrucción y también mientras se celebró la vista oral, algo más de dos años. Ese tiempo se descontó de la pena impuesta.

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Pena efectiva

Al estar en situación de segundo grado penitenciario y haber cumplido un cuarto de sus 18 años de condena, Porto y Basterra podrían ya comenzar a solicitar permisos de salida temporal. Eso sí, tendría que autorizarlos la junta de tratamiento de cada prisión y no es probable que se los concediesen, ya que lo habitual en casos graves es esperar hasta que se haya cumplido la mitad de la pena. Es decir, que aún les quedarían unos cuatro años más para poder disfrutar de estos beneficios.

En cuanto al cumplimiento efectivo de la pena, también dependerá de la decisión de cada junta de tratamiento, que tendría en cuenta factores como el arrepentimiento o la admisión del delito -que no se han producido-, o el buen comportamiento. Los expertos consultados estiman que, de tener todo a favor, Rosario Porto y Alfonso Basterra tendrían que estar un total de entre 13 y 14 años en la cárcel, por lo que aún les restarían entre ocho y nueve.

Rosario Porto pasa el tiempo en la cárcel de A Lama escribiendo cartas

l. pENIDE

Tras año y medio recluida en el centro penitenciario de A Lama, Rosario Porto ha asumido por completo las rutinas del penal pontevedrés, si bien permanece internada en el área de enfermería, donde comparte celda con una segunda reclusa de confianza. Las autoridades de la cárcel tienen muy presente que la madre de Asunta llegó a la prisión pontevedresa tras haber pasado por la uci del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña tras una ingestión de fármacos.

Desde su detención por la muerte de Asunta y hasta su traslado a A Lama, Rosario Porto había estado ingresada en la cárcel coruñesa de Teixeiro. El cambio de centro se realizó en contra de su voluntad, y su abogado pidió incluso que se revocase esa decisión. Fuentes sindicales consideraron entonces que la medida adoptada no era nada excepcional.

Una reclusa discreta

En estos meses, los que han podido tener algún tipo de contacto con Rosario Porto aseguran que lleva una vida normal, como la de cualquier otro recluso en segundo grado. Estiman que, si bien puede solicitar ya algunos permisos, será complicado que la junta penitenciaria se los conceda. Las mismas fuentes destacan que la asesina de Asunta es discreta y que aprovecha el tiempo de que dispone para escribir cartas, muchas cartas. Además, elabora escritos para otras presas de la cárcel de A Lama.

Rosario Porto no logra vender el chalé de Teo, escenario del crimen de Asunta

x. m.
Las propiedades «malditas» de Rosario Porto La madre adoptiva de Asunta, condenada a 18 años de cárcel por la muerte de la niña, no logra vender sus valiosas propiedades. Entre ellas, el chalé donde fue asfixiada la niña, una vivienda de veraneo en Vilanova de Arousa o pisos en el Ensanche.

La madre también quiere deshacerse del apartamento de veraneo en Arousa y de un piso en Santiago

No es fácil vender una casa en la que se ha cometido un asesinato. Por grande que sea, por mucha finca que tenga, siempre será el escenario de un acontecimiento terrible, de un crimen que marcará toda la vida el inmueble. Quizás por eso Rosario Porto no logra vender el chalé que heredó de sus padres en Montouto (Teo). El mismo al que llevó en coche a su hija Asunta aquel 21 de septiembre del 2013 para, drogada como estaba por la ingesta de una gran cantidad de lorazepam -marca Orfidal-, asfixiarla hasta la muerte tapándole al mismo tiempo la boca y la nariz, probablemente con un clínex sujetado por su propia mano asesina.

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