Los concellos gastan miles de euros en limpiar las pintadas de sus calles

Eliminar un grafiti cuesta entre 250 y 500 euros, según su tamaño y el tipo de pintura


redacción / la voz

¿Arte urbano o vandalismo? El debate lleva ya años abierto. En algunos casos parece claro, y las pintadas que ensucian las calles de los núcleos urbanos no pueden calificarse más que de actos de gamberrismo. En otros, la frontera entre el incivismo y la expresión artística se percibe más difusa. Pero sea como fuere, lo cierto es que los grafitis causan cada año importantes gastos a los concellos gallegos. De su limpieza se encargan, según los casos, los operarios municipales, las empresas de los servicios de limpieza o compañías especializadas. En cuanto al coste, varía entre 250 y 500 euros por pintada.

En Ourense, el coste de actos vandálicos (pintadas y otros destrozos) le suponen 300.000 euros al año al Ayuntamiento, que limpia las que hay en espacios públicos. Si son pillados, los grafiteros se enfrentan a multas de entre 751 y 1.500 euros.

El Ayuntamiento de A Coruña gasta unos 300 euros de media en eliminar cada pintada, aunque a veces el coste puede llegar a los 800 euros, en función de la extensión y del material usado para la pintada. Recientemente, el gobierno local fue criticado por haber hecho un borrado selectivo de los grafitis.

También en Vigo hay cientos de pintadas. La empresa concesionaria de la limpieza tiene orden de hacerse cargo de las limpiezas en edificios municipales. Tampoco se libran de los grafitis en Lugo, ni siquiera en el casco histórico.

Es un problema que ningún gobierno local ha logrado atajar. En algunos casos, paredes de plazuelas recién renovadas acabaron cubiertas de pintadas, como ocurrió en el callejón del Hospital, inmediato a la plaza de Santo Domingo. Las obras supusieron liberar una pared del convento de las Agustinas, que estaba cubierta de galpones. Una vez hecho el trabajo, a las pocas semanas, aparecieron las pintadas. El Concello ordenó su limpieza. Lo mismo hizo al hilo de una reciente oleada de pintadas con simbología de extrema izquierda. En este caso, el servicio municipal de limpieza reaccionó con rapidez y en pocas horas eliminó la mayor parte de las paredes emborronadas. Algunas de las pintadas estaban en A Tinería, un barrio que la Xunta y el Concello lucense llevan años intentando rehabilitar.

«Mi mayor ilusión es pintar un tren»

El grafitero Honner 2 prefiere no desvelar el nombre y el apellido durante la entrevista. Tampoco quiso hacerse una fotografía. En su mundo el anonimato es imprescindible. Para este artista urbano de A Estrada lo de pintar le viene desde pequeño. De niño veía las paredes de su casa como un espacio donde dar rienda suelta a la imaginación. Naturalmente, su madre pensaba diferente. Hoy sigue creando, contra el criterio y la opinión de muchos. Eso sí, asegura que lo que hace ahora es otra cosa.

-¿Qué diferencia hay entre una pintada y un grafiti?

-Una pintada básicamente representa algo que ensucia y molesta. Un grafiti puede disgustar a mucha gente, pero no molesta.

-¿Usted qué hace?

-Grafitis y arte urbano.

-¿Autorizado?

-Con Honner 2, sí. Todas las piezas que he hecho con esta firma son consentidas. Puedo hacer obras, por ejemplo, durante un concurso o incluso por encargo.

-¿La esencia de un grafitero es crear sin que se lo permitan?

-Sin duda; si no, no sería un grafitero. En mi caso, la motivación pasa por tratar de ver mi nombre en el mayor número de lugares posibles, aunque requiera pintar en zonas prohibidas.

-¿Y qué siente cuando está creando?

-La adrenalina es algo innato. Cuando comienzas a dibujar no sabes si vas a poder terminar la obra, porque hay una posibilidad real de que tengas que salir corriendo. El problema es que muchas veces no se puede retomar el trabajo.

-¿Te vale cualquier sitio para pintar?

-Desde luego que no. Hay normas no escritas que todos tratamos de cumplir. Por ejemplo, yo nunca pintaría en un colegio. Para nosotros es muy importante respetar. Tampoco se me ocurriría pisar una pieza de otro artista o crear algo que fuese homófobo y ofensivo.

-¿Qué opina de la pintada en la catedral de Santiago?

-Una vergüenza. No entiendo cómo alguien puede querer cargarse una obra de arte tan importante.

-¿Dónde sueña con pintar?

-En un tren. Mi mayor ilusión es pintar un tren.

-¿Con o sin autorización?

-Como sea.

-¿Cómo explicaría su obra?

-Yo solo hago letras. Únicamente escribo mi nombre.

-¿Por qué?

-De momento no me atrevo con los murales. Sé dibujar, pero lo cierto es que con el espray todavía soy incapaz de plasmar lo que consigo hacer sobre el papel. Para ser honesto, me falta un poco de técnica.

-¿Es difícil?

-Sí, pero, como todo en la vida, se mejora con la práctica.

-¿Y su nombre artístico, cómo se le ocurrió?

- Surgió sin más. Me gustó desde el principio como sonaban las letras. Por ejemplo la hache y la e me gusta mucho hacerlas.

-¿Que deberían hacer los ayuntamientos con el arte urbano?

-No hay una respuesta fácil. El grafiti siempre será una actividad ilegal. Si un ayuntamiento decide ordenarlo, rápidamente surgiría un movimiento artístico clandestino.

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