El club de los presidentes solitarios

La entente de las comunidades más despobladas ganó colorido político, pero perdió influencia en el Gobierno central


santiago / la voz

La política que de verdad influye en los ciudadanos es aquella que transcurre entre currículos de políticos, sepulturas de dictadores, antorchas catalanas y las luces de Navidad de Vigo. Son los asuntos que están ganando cada mañana la batalla entre el cruasán y los titulares de prensa, las trincheras de las tertulias y las genialidades efímeras de las redes, y ante esta realidad poco pueden hacer seis presidentes de comunidades autónomas que, trajeados, hablan en Zaragoza con corrección, lealtad y preocupación sobre el reto demográfico y la financiación que nunca llega a nada.

La entente de la España vacía intenta predicar en su desierto sobre cómo se van a repartir los impuestos en este país para conseguir, entre otras cosas, que una vecina de Monforte o un paisano de Jaca tengan la misma calidad en los servicios sanitarios que un canario, un madrileño o un independentista de Gerona. No hay meme simpático que valga.

El club de los presidentes solitarios se concibió en Galicia gracias a la complicidad entre Feijoo y el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera (PP), y ambos creyeron oportuno arrimar a la causa al socialista asturiano Javier Fernández, aprovechando su orfandad orgánica tras su paso por la gestora de Ferraz. Y fue este, con ánimo de equilibrar la balanza de partidos, el que propuso invitar al aragonés Javier Lambán, que se unió con entusiasmo y fe en las tesis originales. Los últimos que se han incorporado han sido los presidentes de Castilla-La Mancha y La Rioja, que han aportado territorio hasta alcanzar un 52 % de la faz de España, donde solo viven uno de cada cinco españoles. Ahí está la razón de ser de unas reuniones a las que quieren sumarse ahora Extremadura y Cantabria, unas incorporaciones que generan recelos entre los técnicos de las respectivas Administraciones, que son los que están cocinando los acuerdos antes de los protocolarios encuentros de sus jefes. «Queremos crecer para influir, pero no ser un gigante al que le cueste encontrar puntos de consenso», explica uno de los artífices del último acuerdo.

De momento, el grupo mantiene la frescura. En Zaragoza, Feijoo, que siempre habla de primero o de último, quiso agradecer el capote que le echó este verano el asturiano al elevar la voz sobre el problemón que tienen las comunidades al no poder contar con la liquidación completa del IVA del 2017, que genera un agujero de miles de millones en las arcas autonómicas. El líder gallego pretendía conocer los planes del Gobierno de Pedro Sánchez para reparar esta situación, pero se topó con tres dirigentes socialistas encogidos de hombros que a día de hoy no conocen la hoja de ruta del presidente, de ahí que no dudaran en incluir y firmar en la declaración institucional conjunta una reclamación urgente para solventar el agravio económico. Pero de fondo, no lo ocultan, subyace el temor de que Cataluña vuelva a tener un trato preferencial, como el que le dispensó Zapatero en el 2009, el origen de algunos de los males de un sistema de reparto de tarta que no satisface a nadie.

Hasta hace unos meses, era a Feijoo al que buscaban los otros presidentes -en alguna ocasión resolvió consultas de Susana Díaz- para descifrar las intenciones de Rajoy o de Montoro. Por este último, que es el que dejó de herencia el lío del IVA, no siempre pudo responder.

Los líderes socialistas apenas tienen información de las intenciones de Pedro Sánchez

Los niños marcan el curso político

Tiene razón un dirigente político gallego que sostiene que el curso político no comienza de verdad hasta que los niños vuelven al colegio. Hasta ese momento las familias andan a otras cosas y los pequeños manejan a su gusto el mando de la televisión y las tabletas. Matemático: ha sido dejarlos a las puertas de la escuela y han empezado a volar las exclusivas y las declaraciones agitadas que llevaban semanas en la nevera.

El diagnóstico del doctor Albor

En el homenaje póstumo a Gerardo Fernández Albor organizado por el PP, Feijoo contó una cariñosa confidencia que se remonta a hace más de una década, cuando el veterano político le auguró en su despacho, siendo líder de la oposición, que llegaría a presidente de la Xunta, entre otras cosas por haber nacido en septiembre, como él mismo y como Kennedy. Acertó el doctor en su diagnóstico, pero uno de los dos se equivocó al darle forma a la anécdota, porque JFK nació en mayo.

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