Pisos de estudiantes, pocos y más caros

Los alquileres subieron en las ciudades con campus, donde encontrar una vivienda en buen estado y a un precio asequible se convierte en una odisea para los universitarios

La zona del Ensanche, en Santiago, es una de las preferidas por los estudiantes
La zona del Ensanche, en Santiago, es una de las preferidas por los estudiantes
m. s.
redacción / la voz

Buscar piso es un momento casi tan crítico como los exámenes. Al terminar el curso, los estudiantes dejan atrás las horas de biblioteca, pero entran en ese lapso de tiempo de incertidumbre en el que no saben bajo qué techo pasarán el próximo año. Las horas, entonces, se pasan entre buscadores de Internet, anuncios en las farolas y paseos por las ciudades en busca de un cartel que rece «Se alquila». Luego llega el momento de llamar a los caseros y cruzar los dedos para que queden habitaciones libres, comprobar si la vivienda es lo suficientemente habitable y si el precio es asequible. Una odisea, en resumen, que este año se complica aún más para los jóvenes que estudian lejos de casa. «El alquiler subió de precio respecto al año pasado porque hay menos oferta de pisos», cuentan en Gerpe, una inmobiliaria compostelana especializada en el sector universitario.

Como el resto de agencias de la capital gallega, desconocen la causa exacta de esta disminución de la oferta. «Puede que una razón sean las viviendas turísticas, que los propietarios se vayan a vivir al piso, que lo vendan... Puede influir todo», explican. Sobre los precios que manejan, señalan que varían según la zona y el estado en que se encuentra el inmueble. «Aunque, por dar unos datos generales, los pisos de dos habitaciones rondan los 350 o 400 euros y los de cuatro están a unos 600 o 700 euros, o incluso más». Conocedores de esta situación, los estudiantes comienzan la búsqueda antes de lo habitual. «Antes era en xullo ou finais de xuño e dende hai dous anos miran xa en maio», comentan en otra inmobiliaria. «A esta data é moi difícil encontrar algo por un prezo accesible». Lo que significa que quienes entren en la carrera en septiembre u octubre tendrán que pagar una renta bastante alta o irse a una residencia privada, porque las públicas cerraron casi todas sus plazas durante el verano, que también supera con creces el nivel de ingresos con los que cuentan la mayoría de universitarios, que suelen depender de su familia o de las becas.

Pero Santiago es solo un ejemplo, ya que la situación se repite en las siete urbes gallegas, donde hay campus universitario y una oferta amplia de ciclos formativos. De hecho, Vigo es la ciudad donde más caro sale el alquiler. Según el último informe del Observatorio de Vivienda, se pagan 469,80 euros al mes, unos 61 euros por encima de la media de la comunidad. Además, el precio aumentó un 6 % respecto al año pasado, unos 25 euros mensuales. Le sigue de cerca A Coruña, donde la renta de alquiler es solo 80 céntimos más baja. El tercer puesto del ránking se lo lleva Pontevedra que, con una media de 437,80 euros al mes, cuenta con el agravante de no tener residencia pública. Ourense, Lugo y Ferrol son las únicas localidades donde la cifra baja de los 400 euros, siendo la ciudad naval la más barata, con un precio medio de 335,20 euros.

Las residencias, otra opción

Casi todas las ciudades cuentan con residencias públicas, con precios bastante asequibles. En la USC ofertan 1.071 plazas, de las cuales 64 son del campus de Lugo. Los estudiantes pagan, según la renta per cápita, entre 33,75 y 184,50 euros al mes por una habitación doble y una cantidad de entre 45,75 y 214,50 euros por una individual. Sin embargo, aquellos que disfrutan de la beca de residencia del Ministerio de Educación, deben pagar el precio más elevado y, si se tiene en cuenta que, como máximo, se corresponde a 150 euros mensuales, tampoco se puede considerar que vivir en una residencia sea muy económico.

En la Universidade de Vigo hay menos plazas: 218 en la ciudad más poblada de Galicia y 191 en Ourense. El precio, de 304 euros para nuevos estudiantes y 275 para quienes ya cuentan con al menos un año antigüedad, supera con creces al que se paga por un piso compartido. Las residencias de la UDC son las más económicas, con unas sumas que oscilan entre 100 y 165 euros por un apartamento doble y desde 130 a 195 euros por una habitación individual. Pero solo cuentan con 46 plazas en A Coruña y 22 en Ferrol.

«Empecé a buscar piso a principios de julio y lo encontré el 30 de agosto»

rebeca cordobés/ m. s.

Al límite consiguió piso Lucía Barcala, una ferrolana de 22 años que estudia el ciclo superior de Comercio Internacional en A Coruña. «Empecé a buscar principios de julio», cuenta. Pero lo cierto es que hasta el 30 de agosto no encontró nada a un precio asequible y en una zona bien comunicada. «Por menos de 150 euros está complicado», explica. Es su tercer año en la ciudad y siempre pagó menos de esa cifra. Este curso compartirá vivienda con otras tres personas en la zona de Riazor, como ha hecho desde que comenzó su estancia en la capital provincial, y ha conseguido no rebasar el límite que se había propuesto. «Pago 145 euros, más que el año pasado, que pagaba 137,50». El aumento de las rentas de alquiler fue la principal traba que se encontró: «Busqué en Internet, pero hay pocos pisos baratos. En comparación con hace dos años, cuando pagaba 135 euros, bajó la oferta y subieron los precios». Pero su odisea personal acabó bien y puede respirar tranquila: «Si no hubiera encontrado nada habría tenido que ir y volver todos los días desde Ferrol. Y el billete de bus cuesta ocho euros, solo la ida».

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