Sí, hubo glaciares en la costa gallega

En Galicia se llegó a formar un glaciar de treinta kilómetros de longitud y una capa de quinientos metros de grosor

La laguna de Lucenza, en O Courel, es de origen glaciar
La laguna de Lucenza, en O Courel, es de origen glaciar
M. S.
Redacción / La Voz

Hubo un tiempo en que los glaciares cubrían toda la montaña gallega, desde las elevadas sierras orientales hasta los acantilados de A Capelada. Fue hace 50.000 años, durante la última edad de hielo. Las bajas temperaturas y las constantes nevadas que caracterizaban el clima de la época propiciaron los conocidos como procesos geomorfológicos fríos o, en otras palabras, aquellos que son propios de los picos más altos: los glaciares y periglaciares o suelos helados. Un estudio dirigido por el profesor de la Universitat de Barcelona Marc Oliva reconstruye 50 milenios de historia gracias a formas fósiles que arrojan luz sobre estos procesos fríos en la región mediterránea.

«En Galicia se llegó a formar un glaciar de 30 kilómetros de longitud y una capa de 500 metros de grosor. Toda la montaña gallega estaba cubierta de glaciares, hasta en la costa, en A Capelada», explica Augusto Pérez Alberti, catedrático de la USC y uno de los autores del estudio. Así que desde los acantilados más altos de la Europa continental, además del oleaje atlántico, hace 50.000 años se podían ver lenguas de hielo en zonas de más de 800 metros de altura. «Hay que tener en cuenta que si había un glaciar en esa zona, el nivel del mar estaría más de 100 metros por debajo del actual».

«Aquí el frío fue bastante importante. Para que se forme un glaciar hace falta una temperatura media anual de 2 grados, que en los picos más altos era de 6 grados bajo cero», explica Pérez Alberti. Aunque el período de temperaturas más bajas datan de hace 20.000 años, con una media de -2 grados que descendía a -9 en las montañas más altas, no se formaron glaciares por la falta de precipitaciones: «Para que se forme tanto hielo hace falta que se acumule nieve».

Este segundo período se caracteriza por los glaciares rocosos: «Lenguas de piedras que forman arcos, como las coladas de lava». Estaban constituidos por una mezcla de hielo y roca conocida como permafrost. «Aquí fueron pequeños. Pero hay bastantes campos de bloques, creados al hincharse y deshincharse el hielo». Es el caso del pedregal de Irimia, cuna del río Miño.

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