En Galicia, paraguas todo el año

Se inventó en China hace 2.400 años y, en realidad, se utilizaba para protegerse del sol

M. S.
Redacción / La VOz

El paraguas se ha convertido en el complemento gallego por excelencia. Y no solo por la lluvia. Cada vez son más los que se apuntan a sacarlo los días soleados para protegerse de la radiación. Aunque esta función ya la cumplen las sombrillas, resulta más cómodo el dos por uno que proporciona la tela impermeable, sobre todo en los días en que sale el arco iris y el chubasquero se intercala, por momentos, con la gorra.

Pero lo que aquí es moda en otros lugares es tradición. El paraguas se inventó en China hace 2.400 años y se utilizaba para protegerse del sol. Cuando llegó a Europa, a través de la ruta de la seda, mantuvo ese uso. De hecho, la palabra inglesa umbrella proviene del latín y significa sombrilla. Sin embargo, el invento no tuvo éxito en el viejo continente hasta que un empresario británico lo patentó como método para protegerse de la lluvia, en el siglo XVIII.

Ahora, por necesidad, ante la subida de las temperaturas y el daño de los rayos solares, se ha recuperado su función original. Una moda que resulta tan rentable que ya existen parasoles con protección ultravioleta. Aunque tampoco es necesario llegar a tal punto, según el jefe del servicio de Dermatología del CHUAC, Eduardo Fonseca: «Si el paraguas es de una tela tupida y de color oscuro, protege prácticamente como una pantalla opaca. No es necesario que esté homologado». Sobre la eficacia de este método, no se atreve a dar una opinión general: «El grado de protección varía según la radiación que haya en el momento, si el color es claro u oscuro, si el tejido es grueso, fino, poroso... Pero siempre protege más que no llevar nada». Estos factores también se deben tener en cuenta a la hora de elegir una sombrilla, puesto que algunas de las más decorativas «protegen menos que un paraguas negro», afirma Fonseca.

Es una buena noticia para los fabricantes de estos complementos que tienen sede en Galicia: no habrá que esperar al otoño ni a las tormentas para empezar la temporada de ventas. Y es que cuando aprieta el calor, no hay nada más cómodo que llevarse la sombra a todas partes. Sin ir más lejos, durante el fin de semana pasado, cuando en muchas localidades se superaron los 30 grados, se pudieron ver paraguas de todos los colores y con todo tipo de propaganda en todos los rincones de la comunidad. Incluso algunos peregrinos esperaban en el Obradoiro protegidos del sol con un complemento tan propio del paisaje gallego como el verde.

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