«Estoy contenta, feliz y agradecida»

Hace dos años y medio, y con casi 50, la ginecóloga Lorena Araujo dejó en Caracas una carrera de prestigio porque temía por la vida de su hijo

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a coruña / la voz

La ginecóloga Lorena Araujo, que era médica adjunta del Hospital Universitario de Caracas y ejercía en la privada en dos clínicas, nunca pensó que «a estas alturas andaría en estas aventuras y diatribas, empezando de cero». Tiene 51 años y, entre otras, la razón de su vida para dar el salto al vacío y cruzar el Atlántico ha sido su hijo. El 2 de diciembre del 2015 aterrizó en España huyendo del miedo real: «Mi hijo estaba en la Simón Bolívar, temí por su vida», resume. El chico estudiaba Arquitectura y le gustaban, especialmente, las estructuras. «Me dijeron que la mejor escuela entonces era la de A Coruña y acá nos vinimos», cuenta la especialista en perinatología.

Con él, su madre y seis maletas, tomó el tren a la estación de San Cristóbal. «Pensé 'es diciembre, Navidad, nadie quiere hacer guardias, me presento en cualquier centro dispuesta a hacerlas todas'». Pero no hizo falta. «Soy muy creyente y ahora vas a entender por qué te lo digo», se explica. En el mismo andén, su madre entabló conversación con una chica que venía acompañando a una amiga a operarse... del útero. «A la media hora me estaba llamando porque en la clínica Segrelles estaban buscando médicos». Así empezó a trabajar, no sin antes tener que cumplir con la burocracia de regresar a Venezuela para lograr la visa de trabajo. El 15 de febrero del 2016, ya de vuelta, empezó una andadura laboral en España cuyas condiciones, poco a poco, fueron mejorando. Hoy forma parte del equipo de obstetricia de la Maternidad HM Belén, donde cubre guardias, y como autónoma atiende pacientes de Sanitas. «Estoy contenta, feliz y agradecida», resume.

Por fortuna, y también por una carambola, Lorena Araujo había homologado su título años antes. «Mis residentes de posgrado lo estaban haciendo, yo les decía que a mi edad y con mis pacientes ya no me iba a mover de Venezuela, pero me desafiaron con que no me atrevía por el examen. En dos meses lo preparé. Así es la vida. Hoy -concluye- no tengo más que agradecerles aquel reto».

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