Los «ingenios» incendiarios que no salen gratis

Desde un globo con una mecha hasta una vela aromática pasando por una bengala de las que usan los barcos para señalizar una emergencia. En el universo imaginario del pirómano todo vale con tal de prenderle fuego al monte


Vela y pastilla de barbacoa 

Una vela encendida colocada en una botella de plástico recortada, y en contacto con una pastilla de las que se usan para prender el fuego en las barbacoas. Y a pocos metros, cinco cerillas, de las cuales una había sido usada. Es el último artefacto incendiario encontrado en los montes gallegos. Se lo encontró la noche del pasado miércoles un agricultor de Negreira, muy cerca de un núcleo habitado. Tras avisar al 112, la Guardia Civil se presentó en el lugar y procedió a requisar el material. Ahora buscan al autor, que podría haber ocasionado una verdadera tragedia. De hecho, las fuerzas de seguridad creen que el artefacto fue preparado para que las llamas prendiesen de madrugada, para hacer más daño. 

Hallan un artefacto incendiario en un monte de Negreira Un agricultor lo encontró y avisó a la Guardia Civil

Bengala de barco

El pasado mes de julio, una vecina de la parroquia de Tállara, en Lousame, denunciaba la aparición de un objeto en su finca. Estaba situado en el centro de un metro cuadrado de terreno quemado. Afortunadamente, esos días había llovido, y el fuego no llegó a propagarse. El artefacto era una bengala de las que se utilizan en las embarcaciones para situaciones de emergencia

Piedra, mecha y esparadrapo

En agosto de 2017, un rudimentario mecanismo aparecía en el concello ourensano de A Merca durante las labores de extinción de un incendio. Se trataba de una piedra, un trozo de mecha, y una cinta de esparadrapo

Globos y bengala 

Seis globos de color blanco y una bengala, ése fue el primer artefacto incendiario hallado tras la terrible ola de fuegos que asoló Galicia el pasado mes de octubre. Tras recibir la alerta de un vecino, la Guardia Civil lo localizó en Salceda de Caselas. Estaba posado sobre unos viñedos próximos a una carretera. Los globos habían sido hinchados con helio para favorecer el vuelo.  

Un arsenal de mecheros y velas

La historia de la incendiaria de Cerceda tuvo una gran trascendencia. María del Carmen García Grela, de 57 años y vecina del lugar de Pumar, fue cogida in fraganti mientras distribuía las candelas por diferentes puntos de la cuneta de una carretera de la zona. Conducía un coche e iba parando cada poco tiempo para depositar las velas aromáticas. Curiosamente, uno de los nueve mecheros que empleaba llevaba inscrita la expresión «Amo Galicia».

La incendiaria de Cerceda, una mujer problemática que se llevaba mal con sus vecinos La Guardia Civil ha detenido a una vecina de Cerceda por un delito continuado de incendio forestal, después de los sucesos ocurridos en esta localidad en los últimos días. Los investigadores le atribuyen la supuesta comisión de al menos 15 delitos

El pasado abril la mujer fue condenada a cuatro años y medio de cárcel por un delito continuado de incendio forestal (provocó al menos once fuegos). Inicialmente, la Fiscalía pedía para ella dieciséis años de prisión. 

Tornillo

Hasta un simple tornillo se ha llegado a utilizar con la intención de provocar un incendio. En agosto de 2016, y a muy pocos metros de donde horas después pasaría la Vuelta a España, se encontró la evidencia de que alguien quería que ardiese A Limia. La Guardia Civil de Celanova lo localizó a mediodía en el término municipal de Xinzo. El artefacto estaba formado por un tornillo de grandes dimensiones, que tenía adosado un pequeño hatillo de cerillas y una mecha. Su lanzamiento provocó un conato de incendio de un metro cuadrado de extensión que fue extinguido por los propios agentes que realizan labores de vigilancia y prevención ciudadana. 

Paracaídas incendiarios

También en agosto de 2016 fueron identificados dos «paracaídas incendiarios» en A Reigosa, Ponte Caldelas. Presuntamente fueron lanzados desde una avioneta

Palé con ramas y papel

En un monte de Redondela los vecinos se toparon hace dos veranos con este rudimentario artefacto, compuesto por un palé con papel sobre el que se habían depositado unas ramas.

Mecha de encendedor y cerillas 

Según los investigadores, un artefacto «de libro». Confeccionado a partir de una mecha de un viejo encendedor y diez cerillas unidas a su alrededor. Una metodología que permite encender el dispositivo a la vez que tiene tiempo de huir. Fue hallado cerca de un colegio de Boborás, al lado de material inflamable. 

Globo de papel

El pasado verano un vecino de Mazaricos evitó un incendio seguro gracias a que detectó la presencia de un artilugio incendiario, simple en apariencia pero, según los expertos, muy efectivo. Domingo González observó como un pequeño globo con fuego en su interior se dirigía, de noche, hacia el monte de Cives. Al principio, pensó que se trataba de un dron o «algo parecido». Se subió al coche, siguió durante más de un kilómetro su trayectoria hasta que llegó al lugar donde cayó envuelto en llamas. Lo apagaron al momento y evitaron un probable desastre: «tal e como estaba todo seco e co vento que facía ía prender e arrincar monte arriba facilmente». 

Fabricado con papel y con un ligero aro de alambre que le permite volar durante kilómetros y a una altura considerable -los vecinos calculan que se encontraba a una altitud de unos 30 o 40 metros cuando lo vieron-, mantenía viva una llama sobre una especie de algodón que acabaría incendiando todo el aparato una vez se posara en el suelo.

LA INVESTIGACIÓN 

«Para ser incendiario no hay que ser muy listo», aseguran desde el equipo de investigación de incendios forestales de la Policía Autonómica en Santiago. Los artefactos que encuetran son muy rudimentarios y realizados de tal manera que quien inicia el fuego puede escapar a tiempo sin levantar sospecha, sin ser visto. Tras realizar una inspección ocular en el lugar, la Policía Científica busca huellas o pistas que puedan llevar al autor pero investigar a los responsables de la colocación de estos aparatos caseros de mayor o menor elaboración no es fácil, debido a la dificultad de aislar huellas o ADN. El fuego elimina evidencias en el lugar del foco. Además, la ignición empieza lejos y para cuando las llamas alcanzan una magnitud considerable, ya es muy complicado establecer una relación.

Así se investiga un incendio forestal Treinta agentes de la Policía Autonómica forman el equipo de investigación de incendios forestales. Su trabajo recuerda al visto en series de televisión. Establecen un perímetro y peinan cada palmo del escenario para dar con los autores de un fuego.

Una vez que se descarta, en base a la inspección, la negligencia o una causa natural -como el rayo que ha provocado el incendio que ahora mismo sigue ardiendo en O Invernadeiro-, el fuego es intencionado. Cámaras o testimonios de vecinos son clave en la investigación. «Sabemos que en Galicia es muy difícil denunciar al vecino, por eso garantizamos por completo el anonimato», dicen la Policía.

LAS PENAS

Pillar con las manos en la masa al incendiario o pirómano, es vital si el objetivo es que pague su delito con cárcel. En 2017 la Guardia Civil consiguió sorprender «in fraganti» a tres, para quienes los jueces han ordenaron su ingreso en prisión. Desde el endurecimiento del Código Penal en 2015, se enfrentan a penas de diez a veinte años, si se demuestra que hay riesgo para la vida de las personas, o de tres a seis años cuando, por ejemplo, la superficie quemada es amplia, el fuego afecta a zonas protegidas o la quema responde a fines lucrativos. Antes del cambio, las condenas variaban entre uno y cinco años entre rejas. 

Aumentan las penas, sin embargo, pocas veces los detenidos acaban encerrados. Según la memoria de la Policía Autonómica, de los 71 arrestados en 2015, relacionados con alguno de los 3.200 fuegos registrados ese año, un 85% fue producto de alguna negligencia. En ese caso, la gran mayoría se acaba resolviendo en una vista previa anterior al juicio y las penas, sustituidas por multas económicas. El 15% de los incendios restantes fueron intencionados. Y entre esta minoría, a la hora de juzgar a los autores, pesan mucho aspectos como su salud o los factores sociales que le rodean. 

En 2015 fueron procesados en Galicia 451 incendiarios. Solo se dictaron veinte sentencias. El 95% de los acusados consiguió sortear el peso de la ley.

Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estados, jueces y fiscales consideran las penas por delitos de incendios forestales suficientes pero algunos expertos creen que habría que repensar los tipos penales, para no solo castigar el resultado de la acción sino también la intención detrás de ella. 

Desde 2013 se incoaron en Galicia más de 2.100 delitos de incendios forestales. Solo 173, el 8%, llegaron a juicio. En el resto no se consiguieron pruebas incriminatorias suficientes o no se pudo identificar a los sospechosos. 

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