Sánchez prefiere el coto de caza al monasterio

El presidente del Gobierno adopta el modelo de encierro del Ejecutivo que Fraga empleó quince veces en Galicia

Imagen de uno de los retiros del Gobierno de Fraga, en Sobrado dos Monxes, en el año 2002
Imagen de uno de los retiros del Gobierno de Fraga, en Sobrado dos Monxes, en el año 2002

santiago / la voz

La finca elegida tiene una extensión de 6.800 hectáreas y se ubica en el municipio de Los Yébenes (Toledo). Su nombre es Quintos de Mora, y fue adquirida en tiempos de la reconquista por el rey Fernando III el Santo, el que restituyó las campanas de la catedral de Santiago que se llevó Almanzor en el saqueo del año 997, y pertenece al Patrimonio del Estado. En ese coto solía usar la escopeta Mariano Fernández Bermejo, el ministro de Justicia forzado a dimitir por cazar con el juez Garzón cuando ya investigaba la financiación del PP, y fue rebautizado como «rancho de Aznar» por Condoleezza Rice porque el expresidente español se fumó allí algún puro con George W. Bush y Tony Blair, al igual que Zapatero agasajó con un almuerzo a Lula da Silva.

Esa finca, utilizada tradicionalmente como coto de caza, actividad ahora muy restringida, es el lugar elegido por Pedro Sánchez para celebrar el próximo fin de semana esa especie de retiro espiritual con sus ministros con el fin de ahondar en la cohesión interna y preparar los asuntos que marcarán el inicio del nuevo curso político en septiembre.

Es un esquema muy similar al que implantó Manuel Fraga en Galicia desde que asumió el mando en la Xunta, pues entre 1991 y el 2005, es decir, durante cuatro legislaturas, se mantuvo fiel a la tradición de encerrarse una vez al año con sus conselleiros -normalmente en un monasterio y casi siempre en vísperas de Semana Santa- con la finalidad de dar forma y lanzar las cuestiones más importantes de la acción de gobierno.

El monasterio de Samos, que en 1995 le prohibió la pernocta a la entonces única conselleira, Manuela López Besteiro, junto a los de Sobrado dos Monxes, Oseira, Poio, A Armenteira, San Clodio o de Santo Estevo de Ribas de Sil fueron algunos de los enclaves seleccionados para la terapia colectiva del Ejecutivo galaico, a los que también se sumaron espacios seculares como el pazo de Mariñán, el parador de Vilalba o el balneario ourensano de Laias.

Desde el retiro de Samos, por ejemplo, se lanzó el segundo plan de carreteras de Galicia, y desde el de Oseira se le dio forma a la reivindicación que durante años mantuvo viva el fraguismo de que Galicia dispusiera de una policía autonómica con plenas capacidades como la de Cataluña. En esos retiros de la Xunta se esbozaban los asuntos estrella de cada consellería del mismo modo que se afinaba la estrategia electoral ante la inminencia de una cita con las urnas.

Y la reunión convocada por Pedro Sánchez va a seguir muy probablemente el mismo esquema: esbozar los principales planes del Gobierno para los próximos meses que, además, deberán permitirle al PSOE ganar espacio político y relanzarse en los sondeos de opinión para afrontar, cuando toque, las elecciones en una posición más ventajosa.

Sobre la mesa hay cuestiones candentes como la aprobación de los límites de gasto y de déficit, esenciales para la confección de los Presupuestos del Estado y los de las comunidades autónomas. O cuestiones como la derogación de la llamada ley mordaza, los planes del independentismo catalán o la convalidación parlamentaria del decreto ley concebido para exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos. Son asuntos que deberán salir definidos de Quintos de Mora, el coto desde el que Pedro Sánchez confía en prorrogar su período de gracia con el electorado y donde también el ciervo colorado se prepara para la berrea de septiembre.

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