El ocaso de los grandes hoteles gallegos

GALICIA

Abandonados y en ruinas, muchos establecimientos hoteleros de la comunidad buscan un comprador que les dé una segunda oportunidad. Otros se han reinventado para no desaparecer y algunos han tenido que hacer frente a la sombra de la pala por irregularidades urbanísticas

17 ago 2018 . Actualizado a las 05:05 h.

Hotel Palacio de Sober, Lugo

El Hotel Palacio de Sober, situado a diez kilómetros de Monforte de Lemos, se levantó sobre las ruinas de la vieja sede los López de Lemos, una de las estirpes nobiliarias más antiguas de Galicia. El caserón fue fundado hacia el año 740. Llevaba abandonado desde principios del siglo XX. Con una capilla del siglo VII, es el edificio de arquitectura civil más antiguo de la comunidad y el pazo de mayor dimensión.

ALBERTO LÓPEZ

Tras cuatro años abierto, y después de fracasar los intentos para negociar su venta con empresas del sector, el pasado mes de mayo salía a subasta por cinco millones de euros el único hotel de cinco estrellas de la provincia de Lugo. Su propietario, Alvaher 98, la sociedad que lo había comprado en 2007, entró en concurso de acreedores. Hubo alguna oferta -un comprador puso en la mesa 2,4 millones de euros-, pero ninguna puja ha alcanzado el mínimo para que el juzgado entregue este edificio de cuatro plantas y su finca de 20.662 metros cuadrados de forma inmediata. El inmueble tiene varias cargas financieras, entre ellas una hipoteca a favor del Instituto Galego de Promoción Económica,  la entidad pública que respaldó en su día el proyecto de apertura del hotel mediante créditos y subvenciones. También tiene embargos por impagos a la Seguridad Social.

El proyecto arrancó con 36 trabajadores, una inversión inicial de 5,2 millones (aunque todo apunta a que el gasto final fue bastante superior) y unas ayudas públicas por valor de 4,6 millones de euros. El coste del mobiliario: 450 millones. Servicios de sauna y spa, tratamientos corporales y faciales con envolturas de vino, caviar y cacao, hidromasaje, baño turco, piscina climatizada cubierta, jacuzzi, cambio de toallas dos veces al día, y una larga lista de comodidades.

ROI FERNANDEZ

¿El precio por noche?: 320 euros la habitación más barata. Todas ellas, 43, de más de 25 metros cuadrados, con camas king size, pantallas led de 32", minibar con primeras marcas, carta de almohadas e incluso sábanas de hilo de algodón egipcio. La suite alcanzaba los 750 euros. 

El establecimiento perseguía captar un nuevo nicho de mercado turístico en la Ribeira Sacra -adinerado, sin duda- pero la inexperiencia y la falta de respaldo hicieron fracasar la iniciativa. Detrás de ella, un industrial cárnico madrileño, Alberto Vaquero, que apostó por diversificar su actividad invirtiendo en el negocio inmobiliario. No le salió bien.

Hotel Fonte Sacra, A Fonsagrada

MANUEL

En enero de 2006 abría sus puertas este establecimiento de cuatro estrellas, con materiales nobles como la piedra, la pizarra y la madera. Once trabajadores fijos, eventuales aparte. El día de su presentación a la prensa, su promotor, Julio Fernández, un empresario local, aseguró que «vimos que podía ser viable e aproveitar para promocionar o Camiño Primitivo e o patrimonio natural da zona». Ofrecían 45 habitaciones. Con salones con capacidad para 600 personas, servicios de spa y saula finlandesa, estaba llamado a ser el hotel de lujo de la montaña lucense. Seis años después, en 2012, un banco lo ponía a la venta por 600.000 euros (costó cuatro millones y medio) tras no poder hacer frente su propietario a las hipotecas. Antes el juzgado lo había sacado a subasta, sin suerte. 

FOTO MANUEL

El año pasado, La Voz de Galicia dejaba al descubierto el estado de abandono en el que se había sumido el establecimiento, con archivos tirados por el suelo que incluían datos personales de clientes, proveedores y plantilla. Las instalaciones, abiertas de par en par, carecían de puertas; los ventanales estaban rotos, y la madera del suelo, levantada debido a la humedad; los salones de bodas y eventos, repletos de basura, y la zona de cocina y lavandería, en la ruina más absoluta.