Viaductos que ganan en vértigo al de Génova

La orografía gallega y las nuevas técnicas constructivas dejan en una altura modesta los 45 metros del puente Morandi. Varias infraestructuras tienen pilas que superan los cien metros


redacción / la voz

Hay conductores que se encogen en el asiento cuando pasan por uno de las decenas de viaductos de gran altura que se suceden por las autovías gallegas y más allá, si por ejemplo se sigue el curso de la autovía del Cantábrico por Asturias. Pero en las obras ferroviarias de alta velocidad también se ha apostado por las alturas, precisamente por los exigentes parámetros de calidad que demandan los trenes rápidos. Las exigencias medioambientales también favorecen la apuesta por este tipo de estructuras, pues se reduce el impacto en valles de alto valor ecológico y, también, los movimientos de tierras.

Así, Galicia ostenta importantes marcas en altura de viaductos, aunque el récord nacional se sitúa en Cantabria, en la autovía de la Meseta, donde se alza el impresionante viaducto de Montabliz, con la pila más alta de España (145 metros). Muy cerca de este registro está el intimidante viaducto de Samprón (124 metros), situado en León, pero a un paso de la frontera con Galicia, en la subida a Pedrafita por la A-6. El criterio que se sigue, por si alguien echa de menos el puente de Rande, es la altura de pila hasta el tablero, y no la altura total de las pilas desde donde parten los cables en los puentes atirantados. La distancia entre el tablero y el nivel del mar en Rande es de 48 metros, por lo que su altura sería muy similar a la del puente genovés. Una cota que está muy lejos, por ejemplo, del viaducto ferroviario del Ulla, cuya pila más imponente está al borde de los 117 metros. 

Viaductos en la niebla

También está en la A-6 el viaducto de Cruzul-Narón, con pilas cercanas a los 90 metros, pero que en su punto más alto con respecto al cauce llega a los 106. El de más reciente construcción con una altura reseñable -se inauguró en el 2014- es el de Lindín (103 metros), en el entorno de Mondoñedo, en la A-8. Precisamente en el tramo que se cierra cuando hay niebla, un problema que Fomento quiere solucionar con un concurso de ideas.

En el eje de alta velocidad Santiago-Ourense hay tres ejemplos más de estos desafíos técnicos: el viaducto de Barbantiño (98 metros), Deza (96,5) y el de O Eixo (82 metros), a las puertas de Santiago. En el eje atlántico destaca por su belleza más que por su altura (60 metros) el puente sobre el estuario del Ulla.

La altura de estas infraestructuras genera al menos tres problemas que tienen solución técnica. Uno es el de mantenimiento. En las inspecciones detalladas se exige un gran despliegue de medios (grúas, pasarelas...) para poder revisar los elementos que no son accesibles. Los viaductos más altos también generan dificultades porque la fuerza del viento suele ser superior. Esto afecta más a las estructuras ferroviarias, pues se alcanzan velocidades más altas. A menudo es necesario habilitar pantallas de protección para que el viento no afecte al paso de los trenes.

En caso de accidentes de tráfico en situaciones de baja visibilidad por lluvia o niebla, los afectados que no saben que se encuentran en un viaducto suelen tener la reacción refleja de apartarse para evitar a otros vehículos, saltando hacia lo que creen que es la mediana o la cuneta, sin saber que se lanzan al vacío. Este tipo de situaciones ya han provocado cuatro muertes en Galicia desde el año 2000. De ahí que la Consellería de Infraestruturas haya decidido colocar las primeras redes anticaídas en los viaductos más altos del corredor de O Morrazo.

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