La organización de O Marisquiño no quiere hablar por ahora de la continuidad del festival urbano

La Xunta reitera que sí era obligatorio registrar el plan de autoprotección ante posibles emergencias


vigo / la voz

Los organizadores de O Marisquiño no quieren plantearse de momento si continuarán o no el año que viene con un evento que cumplió 18 ediciones y ha llegado a reunir a 160.000 personas.

Fuentes de la empresa mantienen que no es el momento de pensar en el futuro del evento cuando todavía quedan cinco heridos ingresados en centros hospitalarios. «No es lo que más nos preocupa, ni una prioridad. Lo son los heridos y después aclarar qué ha sucedido, antes de ponernos a pensar en el futuro».

Concello de Vigo, Diputación de Pontevedra y la empresa promotora firmaron un acuerdo para la edición del año pasado, la que se acaba de celebrar y la del 2019. Ambas instituciones aportaron 400.000 euros a la celebración del festival (además de otros 50.000 de la Xunta) que llegó a recibir ofertas de otras ciudades para acogerlo.

La postura del Puerto será clave en todo caso para la continuidad del evento, pues como señaló a La Voz su presidente, Enrique López Veiga, el organismo «meditará mucho» volver a dar permisos para realizar en su suelo actividades de masas, o cuando menos endurecerá y especificará mucho más las condiciones para ello.

Aunque la empresa organizadora elude cualquier comunicación oficial, que se prevé se produzca la semana que viene, internamente se valora notablemente la cantidad de mensajes de apoyo que aseguran están recibiendo, sin constarles tampoco críticas o acusaciones por el siniestro ocurrido en las actuaciones de clausura. «Todo lo contrario, incluso hay heridos que transmiten su deseo de que volvamos a hacer el festival el año que viene». La organización ensalza la actitud de los sorprendidos por el desplome del muelle y del público en general. «Su actitud fue impresionante y su colaboración fue clave», señalan las fuentes de la empresa consultadas.

Respecto a la obligatoriedad o no de que O Marisquiño presentase ante la dirección xeral de Emerxencias un plan de autoprotección, la Xunta advirtió ayer que dicho documento sí tendría que haberse aportado dado que se trataba de un evento de más de 20.000 asistentes entre todas sus actividades. Replica así la Administración autonómica a la Asociación de Festivais, que interpreta que el plan no era necesario para el concierto en sí al no llegar su aforo a 20.000 personas.

El Concello de Vigo exige un plan de emergencia para permitir puestos de venta en la romería de San Roque

El miedo a más accidentes tras lo ocurrido en O Marisquiño se extendió a la romería urbana más importante de Galicia, que reúne a 100.000 vigueses durante cuatro días. Ayer, San Roque amaneció con las atracciones y los puestos cerrados en Vigo. La falta de un plan de emergencia que tenía que presentar la comisión de fiestas al Concello con antelación motivó la falta de puestos de venta en la feria durante más de 18 horas. El gobierno municipal dio orden de que se cumpliese la ley y el PP acusó al alcalde de entrar «en pánico».

Un total de 68 feriantes, entre comerciantes y titulares de atracciones, se vieron afectados. Recibieron de la Policía Local la orden de cerrar y desmantelar sus puestos el miércoles a las 18.00 horas y no les permitieron abrir hasta las 12.15 horas de ayer, cuando se subsanó la tramitación del plan de seguridad.

Los comerciantes se enfadaron por la medida y cifraron en miles de euros las pérdidas. Pese a todo, la Policía Local precisó que no se produjo ningún incidente con ninguno de los ambulantes. La gran mayoría de los autónomos estuvieron esperando pacientemente durante horas la orden de reanudación de la actividad, aunque un grupo reducido decidió marcharse.

Los afectados indicaron que este plan de autoprotección tenía que haber sido entregado por la comisión de fiestas. El presidente de la comisión, Juan Agra, explicó que el año pasado el plan de emergencia era opcional y que este año ha pasado a ser obligatorio. «Y no lo sabíamos porque somos personas del barrio que nos dedicamos desinteresadamente a organizar la fiesta, y no estábamos al tanto de que la normativa había cambiado», precisó.

El concejal de Comercio, Ángel Rivas, estuvo trabajando codo con codo con la organización para poder subsanar cuanto antes el problema. Para ello tuvieron que hacer ir a trabajar al concello a varios técnicos y funcionarios. Un perito se encargó de supervisar las instalaciones de la feria y los bomberos ratificaron que todo estaba en orden.

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