Xunta y Fomento revisan en profundidad puentes y viaductos cada cinco años

Detectaron deficiencias no estructurales en tres casos, que se subsanan antes de que vayan a más


redacción / la voz

El Ministerio de Fomento tiene más de 25.000 estructuras de paso (puentes y viaductos) a lo largo y ancho de la geografía española. La Xunta, en la red gallega de su competencia, tiene unos 1.072 pasos elevados. En más del 80 % de estas estructuras el hormigón es el material básico de construcción. La modernización de la red ha supuesto un aumento considerable de estas infraestructuras, esenciales para evitar recorridos tortuosos y para acortar los itinerarios, tanto en carreteras y autovías como en trazados ferroviarios. Esto ha obligado a elaborar estrictos protocolos de inspección y mantenimiento para evitar desastres como el del puente de Génova o la explanada del paseo marítimo vigués. Se trata de detectar deterioros y patologías a tiempo «para iniciar las operaciones de mantenimiento preventivo o de rehabilitación lo antes posible», se explica en la guía elaborada por el ministerio para controlar estas estructuras.

En principio, Fomento prevé dos tipos de inspecciones: la básica o rutinaria, que se realiza cada quince meses, y la principal, una revisión en profundidad que se efectúa cada cinco años. Este es el mismo período que emplea la Consellería de Infraestruturas para las inspecciones más exigentes en la red de su competencia en Galicia, que efectúa a través de un contrato con empresas externas, como hace Fomento en la mayoría de los casos. «El control es permanente y sirve para mantener actualizada la información sobre las estructuras de paso», explican en la consellería. «Además se pueden encargar revisiones específicas, como se hizo recientemente en el puente de A Misericordia, en Viveiro, o en el puente de A Barca en Pontevedra», añaden.

En caso de que se encuentren deficiencias, entra en juego un tercer tipo de revisión: la especial, orientada a buscar soluciones para los defectos detectados y un programa de mantenimiento que los solvente. 

Sin deficiencias estructurales

En el ámbito competencial de la Xunta, las inspecciones descartaron deficiencias de tipo estructural, que son las más graves que pueden afectar a estas construcciones. Sí se hallaron otro tipo de deterioros que aconsejaron acciones de mantenimiento y conservación, principalmente de carácter preventivo. Hay tres casos, por ejemplo, en los que se encontraron fisuras en las estructuras de hormigón, «que no son peligrosas, pero que a largo plazo pueden debilitar el armado», admiten en la consellería. Esto explica las obras que se realizaron hace unos años en el puente de O Pedrido -una obra insigne de la ingeniería en Galicia realizada por Eduardo Torroja y César Villalba-, las que se llevaron a cabo este mismo año en el puente de O Ézaro, sobre el Xallas, así como las que se están ejecutando en la actualidad en el de A Barca, en Pontevedra.

En otro tipo de obras, como el puente romano de Ourense o el puente de A Misericordia de Viveiro, las actuaciones sirven para consolidar las estructuras de piedra, sin que tampoco supongan un riesgo. En el primer caso ya han sido ejecutadas y en el segundo están programadas. En otros casos, las deficiencias tienen relación con elementos que no son estructurales, como las barandillas protectoras, o la reparación de apoyos y juntas, como la que se acometerá tras el verano en el puente de A Illa de Arousa.

La inspección básica es en principio visual, orientada a detectar una serie de indicios de deficiencias que con el tiempo pueden ir a más y que es mejor corregir cuando el deterioro aún no ha avanzado. La principal, en cambio, es una completa auscultación de la estructura que toma como referencia la denominada inspección cero, la que se efectúa antes de la puesta en servicio del puente o viaducto para poder comparar sus valores a medida que pasa el tiempo. En algunos casos -en las denominadas inspecciones detalladas- son necesarios medios especiales para analizar los elementos de la estructura que no son accesibles o visibles, por lo que es necesario habilitar pasarelas de inspección o grúas. Las inspecciones especiales incluyen ensayos, mediciones y todo tipo de medidas para afrontar las deficiencias que fueron detectadas. A veces también se encargan después de impactos de vehículos o desastres naturales.

De la inspección principal que se realiza cada cinco años sale un índice de deterioro que da cuenta de la salud estructural del puente o viaducto. El índice entre 81 y 100 es el más grave, y supone un deterioro que compromete la seguridad del elemento. En todos los casos es necesaria una inspección especial y una actuación de mantenimiento urgente. Y en ciertas circunstancias puede ser necesario una limitación del uso, como sucedió recientemente en el viaducto ferroviario de Redondela, cuyas obras de reforma motivaron cortes en la circulación ferroviaria.

En las inspecciones más detalladas, en caso de que el paso sea sobre el cauce de un río o en un estuario, es necesario articular una inspección subacuática para comprobar el estado de cimentaciones y elementos no visibles de la estructura.

Galicia, zona de riesgo sísmico

Además de los riesgos específicos de las estructuras de hormigón, Fomento incluye el interior de Galicia entre las zonas con mayor actividad sísmica, junto con el norte de Cataluña o el sureste de España. Los inspectores deben tener en cuenta este factor de riesgo a la hora de analizar las estructuras elevadas.

En las campañas de inspecciones de puentes y viaductos que se iniciaron en 1999 se detectó que podían no arrojar resultados fiables en el caso de viaductos de gran altura como, por ejemplo, los de la A-6 en Pedrafita. Esto cambió a partir del 2009, cuando comenzaron a contratarse inspecciones de detalle con medios de acceso especiales a zonas altas o poco accesibles. Estos recursos mejoraron sensiblemente la inspección estructural de grandes viaductos en las principales autovías.

«La crisis no ha tenido un efecto negativo en la seguridad de las infraestructuras»

pablo gonzález

El ingeniero Antón Casado cree que en Galicia y en España se realiza una labor «adecuada» en el control de puentes

Los ingenieros ven en tragedias como la de Génova una señal de alarma para que las administraciones se percaten de la importancia de invertir en ingeniería. No solo en buenos proyectos, sino también en inspección, mantenimiento y conservación. Arturo Antón Casado, de 42 años, es un ingeniero de Caminos experto en estructuras que trabaja en una empresa gallega -Temha, firma que forma parte de Ageinco, la asociación de las ingenierías de Galicia- especializada en el diseño de puentes y viaductos, pero también en su inspección y mantenimiento, tanto en hormigón como en acero y madera.

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