La mujer atacada por cinco perros en A Estrada: «Se non é polo meu veciño que me sentiu berrar non volvía viva á casa»

La Guardia Civil imputa al dueño de los perros un delito de lesiones por imprudencia

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a estrada / la voz

El domingo por la mañana, María Fraíz creyó que no iba a volver viva a casa. Había ido a misa, como hace religiosamente cada semana, y al enfilar la pista de acceso a su vivienda vio que le salían al paso los perros de un vecino. «Baixaron cara a min. Eu empecei a berrar con eles. Dicíalles: ‘Marchade, marchade’. Pero non marchaban», comenta con asombrosa fortaleza para una mujer de 88 años que ha sufrido mordeduras en todo el cuerpo el día anterior. De pie en la cocina de su casa de Trabadela -en Ribela (A Estrada)-, María espera a su nuera para ir al centro médico a hacer las curas de rigor. Tiene para largo. «Botaron cinco ou seis horas cosendo en min», dice.

Y sigue con el relato del fatal accidente. «Tiráronme ao chan. Eran dous grandóns e varios pequenos. As razas eu non llas sei. Penso que cinco. Un enganchoúseme na punta do pé... Se non é polo meu veciño, que me sentiu berrar, non volvía viva á casa», cuenta.

Según explica María, en mitad del ataque, el dueño de los perros fue a buscarlos y se los llevó, pero no le prestó auxilio a ella. «Eu xa estaba toda escacharrada. Tiráronme, engancháronseme na punta dun pé e racháronme unha orella. Ao caer tamén levei un golpe na cabeza. Tiña o peito todo bañado en sangue», cuenta.

Su vecino José Luis Rivas fue quien la auxilió y llamó a la ambulancia. «Grazas a el, que se non...», reflexiona ella.

María no es una mujer miedosa, pero ahora ya tiene un plan para no volver a exponerse a los perros. «Por aí non volvo pasar», dice en referencia a la pista donde fue atacada, que linda con la finca sin cierre a la que suelen salir los perros. «Nin para ir ao contedor sequera», insiste. «Pero non son eu soa. Moitos veciños escápanlles», cuenta. «Moitos andamos con varas por se acaso, e un veciño que é troiteiro, para ir pescar, vai sempre dando un rodeo», corrobora una vecina.

Mientras María se recupera de sus heridas, la Guardia Civil ha empezado a instruir las diligencias oportunas. La familia de la agredida todavía no ha presentado denuncia -aunque piensa hacerlo- pero la Benemérita está actuando de oficio. Según informan, al propietario de los animales se le imputa un delito de lesiones por imprudencia. Aunque el propio dueño de los canes y la mujer agredida hablan de cinco perros atacantes, la Guardia Civil ha contabilizado cuatro perros causantes de las lesiones. La investigación aún está abierta, pero, según señalan, existen indicios de que uno de los perros es de un cruce de los recogidos en el catálogo de razas potencialmente peligrosas.

La Benemérita confirma también que el dueño tiene antecedentes de denuncias del Seprona a raíz de las quejas de los vecinos por sentirse amenazados por los animales.

A raíz del suceso, la asociación animalista Libera recuerda que la tenencia de animales es un ejercicio continuado de responsabilidad. Lamenta que la irresponsabilidad de una minoría acabe provocando la criminalización de los animales domésticos.

Por su parte, la nieta de la agredida, Ana Arca, se pregunta si, ahora que ha sucedido lo que los vecinos temían, se pondrá remedio al fin a la situación.

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