La cocaína incautada a los narcos les habría reportado 65,7 millones

El excedente en Colombia mantiene el precio en origen en unos seis mil euros por kilo

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vilagarcía / la voz

Aunque a alguno pueda escandalizarle esta constatación, el transporte transoceánico de cocaína sigue unos principios similares al de cualquier otra mercancía que tenga que viajar por mar. Su precio y el nivel de ganancias dependerá de la oferta y de la demanda, pero también de la logística. De lo que cobre cada eslabón que participa en la cadena y del punto en el que la mercancía sea colocada. Al hilo de su caída, hace ahora seis meses, fuentes del Greco calculaban que Sito Miñanco compraba a 2.400 euros el kilo en origen para transformarlo, una vez puesto en Europa, en unos 24.000 o 25.000 euros. Claro que su organización era capaz de cerrar el círculo entre Colombia y Galicia y obtener, así, un precio de partida verdaderamente bajo. En la operación desarrollada esta semana los márgenes de beneficio son enormes, pero un tanto inferiores a los que cosechaba el legendario capo cambadés. Probablemente porque, a diferencia del grupo que comandaba Prado Bugallo, la constelación de narcos que participaron en el alijo interceptado frente a las Azores no recogía el material en su punto de partida, sino que recurría a un trasvase próximo al Caribe desde un primer barco, que cargó la coca en el puerto venezolano al que llegó por vía terrestre desde territorio colombiano.

En definitiva, cada paso tiene un precio, y en este caso las fuerzas de seguridad calculan que los gallegos habrían adquirido el kilogramo de cocaína a unos seis mil euros. El excedente de material que se registra en Colombia provoca que la cotización de la cocaína se mantenga con el paso de los años, e incluso que vaya a menos. Su precio en Galicia, afirman quienes saben de esto, se ha desplomado y no remonta. Si hacia el año 2000 el kilo al por mayor se pagaba aquí a treinta mil euros, en estos momentos es extraño que suba de los 25.000 euros. Incluso existe constancia de transacciones recientes, ejecutadas en el entorno de O Morrazo, en las que se habrían pagado únicamente 22.000 euros por cada kilogramo de fariña.

No obstante, aunque los precios no vayan a más, la plusvalía que encierra la cocaína es suficiente para ofrecer apabullantes márgenes de beneficio a quienes se deciden a trabajar con ella. El producto que transportaba la organización en la que se engloba a Manuel Charlín Gama se habría vendido por unos 67,5 millones de euros, colocado ya en Galicia. Teniendo en cuenta que habría costado en origen unos 16,2 millones de euros, la ganancia es enorme: 51,3 millones de euros.

La parte de cada uno

Ir más allá en los cálculos resulta verdaderamente complejo. Incluso en un caso tan concreto como el que acaba de abortar el Cuerpo Nacional de Policía, en colaboración con Vigilancia Aduanera. Para empezar, se desconoce quién pagó la cocaína, aunque de las investigaciones se desprende que los Charlines podrían haber asumido una parte, al igual que los hermanos Echeverría Abellán, con domicilio en Toledo, y el grupo que lideraba Paul Wouter. Otro factor complica extraordinariamente las cuentas. De las comunicaciones que Pedro Rodríguez, que capitaneaba el Titán III, mantuvo con Mario Otero se desprende que su remolcador había recogido más polvo blanco de lo previsto. Así que no está claro de quién era ese excedente.

Queda, por último, el asunto de qué parte se lleva cada uno en todo este negocio. Las conversaciones intervenidas abundan en esta cuestión. Se escuchan cosas como un veinte o un treinta relacionado con O Vello, o la diferencia de varios puntos que entraña que el material se coloque en tierra o sea recogido frente a las rías. Cobrar un porcentaje de la mercancía es lo habitual, pero ni siquiera sabemos si hablaban de coca o de dinero.

El alijo tendría que haberse trasvasado a 80 millas de la ría de Arousa

El grupúsculo barbanzano de la organización, que presuntamente comandaban el hostelero Mario Otero, su socio Serafín Pego y algunos de sus familiares, actuaba, según las investigaciones policiales, en coordinación con Jacinto Santos y Rafael Díez, y habría contactado con Eloy Trigo, un eficaz piloto de planeadoras. Ellos tendrían que haber recogido el alijo a ochenta millas de la ría de Arousa para trasladarlo a tierra. Las calamidades que padeció el remolcador Titán III, responsable de cruzar el Atlántico con la cocaína en sus tripas, complicaron el asunto, aunque hacía ya mucho tiempo que las fuerzas de seguridad iban detrás del enjambre de narcos.

El sospechoso remolcador

La presencia del remolcador en Vigo había despertado las sospechas de tres cuerpos distintos: los Greco y la Udyco, pertenecientes a la Policía Nacional, y los Equipos contra el Crimen Organizado (ECO) de la Guardia Civil, quienes no disimulan su sorpresa al verse apartados de la resolución del alijo. El barco llamaba la atención por sus movimientos extraños y por el hecho de que esquivase el desguace al que parecía destinado. Los investigadores tienen claro que Rodríguez lo ofrecía al mejor postor, pero su intervención en este caso fue calamitosa. Sufrió averías, se quedó sin combustible -los gallegos tuvieron que viajar a Huelva para entregar dinero en mano a su esposa, Saida Oumalek- y finalmente perdió la máquina para quedarse a la deriva frente a las Azores, dos días antes del trasvase de la coca. Fue lo que detonó el abordaje.

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