La ola de calor que asó a los pollos

Más de medio millón de aves murieron debido a las altas temperaturas

.

redacción / la voz

La ola de calor del 2003 que asoló Europa, una de las más mortíferas de la historia, dejó una lección importante. La verdadera dimensión de este tipo de eventos extremos no se conoce hasta pasado un tiempo. Unións Agrarias informó ayer que el episodio de altas temperaturas que se registró desde el pasado jueves hasta el lunes provocó la muerte de al menos medio millón de pollos. Esta cifra representa el 5 % de la cabaña de aves que hay en las 800 granjas repartidas por toda la comunidad, aunque los criadores agrícolas no descartan que el número todavía sea más elevado. La Xunta confirma que desde el sábado el número de recogidas de cadáveres, un servicio que incluyen los seguros agrarios, aumentó notablemente. Las provincias más afectadas son Ourense y Pontevedra. «Non lembro una vaga de calor tan intensa na última década. As cifras de mortalidade que estamos manexando alcanzan o 9 % de media, pero nalgunhas explotacións pode chegar ata o 20 % », asegura Javier López, presidente de la Asociación de Criadores Avícolas de Galicia. Las pérdidas económicas son muy cuantiosas, ya que parte de la inversión realizada por los criadores ha sido en vano. Mantener una explotación requiere de muchos gastos, y no solo en pienso, sino también en electricidad, para calentar la granja en invierno y enfriarla en verano. «Hai que pensar ademais no que se deixa de vender. Se nunha granxa de 10.000 polos morreron un 9 %, supón que un criador deixa de comercializar 900 polos a 35 céntimos cada un», confiesa López.

La mortalidad incluso podría aumentar durante los próximos días, ya que muchos de los supervivientes también acabarán muriendo. «A afectación depende da idade. As crías que non teñen plumas soportan mellor as temperaturas extremas, pero a partir dos 28 días aparece a plumaxe e moitos morren de asfixia», comenta.

La temperatura corporal de un pollo asciende a unos 40 grados, mayor que la de un ser humano, pero no tiene un sistema de refrigeración como el sudor para combatir las altas temperaturas. La sudoración de una persona solo se interrumpe cuando coinciden altas temperaturas y una humedad muy elevada. Estas fueron las condiciones que hubo precisamente durante la ola de calor. El valor de la sensación térmica fue más elevado que lo que marcaban los termómetros. En algunas localidades del sur la sensación térmica alcanzó los 51 grados. El calor insoportable para los gallegos fue mortal para miles de pollos que solo pueden liberar calor mediante el jadeo, es decir, a través de la boca, como otros muchos animales.

Un pollo, cuando tiene pocos días de vida, necesita temperaturas altas para crecer, en torno a los 30 grados, pero en cuanto le salen las plumas, a partir de la tercera semana, el termómetro no debería pasar más allá de los 25 grados si no quiere sufrir. Además, estos animales se adaptan muy bien. Si viene una estación cálida o fría acaban acostumbrándose a esas condiciones. El problema llega cuando de pronto aparece un fenómeno extremo de altas o bajas temperaturas, justo lo que ha ocurrido. El invierno y la primavera fueron lluviosos y fríos. Incluso el verano ha mantenido hasta ahora un perfil bajo, con valores por debajo de la media. Sin embargo, de un día para otro, debido a la llegada de una masa de aire muy cálida del continente africano, el termómetro subió de forma súbita y notable. En unas horas el mercurio, sobre todo en el sur de la comunidad, subió de los 25 grados a los 38. Este ascenso repentino de las temperaturas, que se mantuvo además durante varios días, unido a las noches tropicales, con valores por encima de los 25 grados, y sumado también a la alta humedad, que en muchos casos superaba el 70 %, generó el peor de los escenarios para estos animales.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
10 votos
Comentarios

La ola de calor que asó a los pollos