Todos los grandes monumentos gallegos han sufrido algún ataque vandálico

Los técnicos ya retiraron la pintura de la pieza dañada, que mantiene un ligero tono azul


SANTIAGO / LA VOZ

Tras el ataque, la limpieza. La tinta azul no duró ni 36 horas sobre la figura de la catedral de Santiago, pero, por el momento, el autor del delito sigue indemne. La primera revisión de los vídeos captados por las cámaras del entorno de Praterías no ha arrojado luz sobre el caso. Fuentes cercanas a la investigación indican que, al tratarse de una zona resguardada y siendo de noche, no se ha podido sacar nada en positivo de las imágenes, aunque no obstante continúan con las pesquisas para dar con el autor. La labor de búsqueda de la persona o personas culpables no será fácil. El ataque al patrimonio monumental de Galicia es algo relativamente frecuente (no se salva ninguno de los grandes monumentos, de la torre de Hércules a la catedral de Ourense, pasando por la muralla de Lugo) y pocas veces se sabe quién es el responsable del destrozo.

En cuanto a la limpieza en la catedral compostelana, se utilizó uno de los láseres empleados en la restauración del pórtico de la Gloria, papetas de disolvente y un lápiz de fibra de vidrio. Los trabajos se completaron el lunes por la noche, hacia las diez y media, aunque ayer se mantenían las vallas mientras se terminan de secar las papetas. «A limpeza prevista está completa. O que pasa é que quedou un resto de coloración azulada que non se pode retirar. Para facelo, habería que afectar xa ao volume da parte labrada, o que sería peor que manter unha certa tonalidade. Tivemos que escoller e, evidentemente, decidiuse non prexudicar a escultura por uns pequenos restos de coloración», explicó Daniel Lorenzo, director de la Fundación Catedral.

A pesar de que las pruebas realizadas sobre mármoles con distintos tipos y marcas de rotuladores tuvieron unos resultados óptimos, al trabajar con una piedra con más de 900 años el resultado no fue el mismo. La tinta se coló por las microfisuras de la vieja columna. Aunque no se descarta que, una vez seca y consolidada la restauración, se trate de eliminar los restos con otro láser y distinta longitud de onda.

Patrimonio de la Humanidad

El ataque a la escultura de Praterías no es un hecho aislado en Galicia. Cuando A Coruña se preparaba para que su faro más conocido obtuviese el sello de Patrimonio de la Humanidad, tuvo que afrontar una limpieza a fondo del monumento, que tenía pintadas en la parte más alta. Antes se habían denunciado grafitis en el entorno, y estos ataques se han seguido repitiendo por lugares emblemáticos de la ciudad: los restos del antiguo convento de San Francisco, a pocos metros del rectorado, o diversas esculturas de los jardines de Méndez Núñez, como la de homenaje a Emilia Pardo Bazán. En Ourense, la catedral también fue pintada, aunque desde el 2008 no se han constatado ataques de gravedad. Y en el claustro de Celanova se hicieron varios grafitis. Más reciente ha sido el ataque al Puente Nuevo, que a pesar de su nombre es centenario.

La muralla de Lugo tampoco se libra de algunos desperfectos. En un tramo de apenas 100 metros del adarve, en Porta Miñá, hay al menos media docena de losas que sufrieron actos vandálicos. En estas pizarras aparecen grabadas con un objeto punzante desde una declaración de amor, a una tal Nati, hasta el recuerdo que dejó el pasado abril una estudiante italiana, que grabó varios nombres en la piedra milenaria y colgó su hazaña en las redes sociales. También fue grave, en diciembre del 2016, el derribo de la imagen de san Vicente de su pedestal en la fuente de la Praza do Campo.

El patrimonio cultural de Vigo también ha sufrido daños. Una de las esculturas más emblemáticas, la del Nadador de Leiro, en la zona portuaria, tiene un grafiti en su base. Cerca de allí está la rúa Real, declarada bien de interés cultural, y muchos de sus portales están plagados de garabatos y pegatinas. Aunque donde el vandalismo se ha cebado más es en la parroquia de Freixeiro. Allí están el Pazo da Pastora (bien de interés cultural) y la iglesia de San Tomé: la casa señorial del siglo XVI tiene una de sus torres laterales llena de insultos, y la fachada del templo barroco, dos grandes pintadas.

En Pontevedra, la iglesia de San Bartolomé, también barroca, sufrió un «atentado» en abril, tal como lo definió en su momento el director del museo de Pontevedra. Un individuo entró en el templo, soltó algunas frases estrafalarias (hablaba del diablo) y empezó a romperlo todo, zarandeando incluso el retablo, que desplazó de sitio y fue necesario apuntalarlo. Además, se rompió un trozo. Aunque una restauradora ya hizo un proyecto, todavía se sigue con los permisos y la búsqueda de financiación para repararlo. Por otro lado, en el casco histórico algunas de las esculturas más conocidas sufrieron actos vandálicos en distintos momentos y no fueron reparadas. La estatua del Fiel Contraste, obra de Ramón Conde, sufrió pintadas en el mes de junio; no fue reparada y ahí sigue, con los garabatos encima. Más tiempo todavía lleva Valle-Inclán manco y sin bastón. La escultura del genio literario fue dañada en multitud de ocasiones: la última vez fue un coche el que embistió contra ella, y antes llegaron a pintarlo de rosa de pies a cabeza.

Ni las villas se salvan

Igual que las ciudades, las villas sufren el espray. En la iglesia de San Martiño de Noia -convertida en museo porque alberga laudas gremiales de la época medieval, y cuyo pórtico imita al de la Gloria- tuvo hasta no hace mucho varias pintadas; y en el Museo Valle-Inclán de A Pobra también hay restos de frases por las paredes. Marín estima que los daños y reposiciones por vandalismo suponen entre 20.000 y 30.000 euros al año. Y en la iglesia románica de Santa María das Areas de Fisterra hicieron unas pintadas alusivas a un personaje local, aunque en esta villa es más común que los peregrinos dejen pequeños recuerdos (zapatillas, ropa, papelitos) que alguien tiene que recoger.

Con información de M. Gago, R. Domínguez, T. Rivas, M. Hermida, S. Varela, R. Novoa, S. G. Rial, A. Gerpe, P. Rodríguez.

La pena para los autores de la pintada en la catedral puede llegar a ser de tres años de prisión

j. m. pan

La multa puede llegar a los 150.000 euros

La investigación policial de la pintada a la escultura de la catedral de Santiago ya ha llegado a conocimiento de la Fiscalía de Medio Ambiente e Urbanismo, que es la que tiene bajo su competencia la investigación de los delitos contra el patrimonio histórico, como es el caso del cometido la madrugada del domingo en la fachada de la catedral compostelana. Poco ha trascendido hasta el momento en torno a las indagaciones policiales, pero lo que sí se sabe es que el autor o los autores del acto vandálico de Compostela pueden enfrentarse a penas de entre seis meses y tres años de cárcel o a una multa.

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