Diez cámaras y muchos puntos ciegos en la catedral de Santiago

Varios de los puntos de videovigilancia instalados en el entorno de la catedral no apuntan hacia ella o no funcionan

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Santiago / la voz

Hace un tiempo ya se lanzó la misma sugerencia. La petición de reforzar la videovigilancia en el entorno de la catedral de Santiago no es algo nuevo, forzado por la coyuntura tras el último ataque vandálico. Lo cierto es que a simple vista se pueden localizar una decena de cámaras alrededor de la basílica. Más de la mitad están ubicadas en el pazo de Raxoi (sede del gobierno local, que comparte edificio con dependencias de la Xunta). Algunas no apuntan hacia el templo y otras ni siquiera funcionan, por lo que los puntos ciegos son demasiados.

La fachada más observada es, como era de esperar, la del Obradoiro, seguida por A Quintana y Praterías. Pero el sistema de videovigilancia no está pensado para la seguridad de la catedral. De las seis cámaras instaladas frente a ella, en el pazo de Raxoi, dos están dentro de los soportales y una tercera apunta a ellos desde la fachada, por lo que de poco servirían para resolver una agresión al patrimonio. Las otras tres sí enfocan a la plaza. Entre ellas, la única cámara web de la televisión pública gallega, que emite ininterrumpidamente desde exteriores en Santiago y abarca desde el Hostal dos Reis Católicos al corpus central de la portentosa fachada oeste catedralicia.

De los cuatro puntos de videocontrol restantes que rodean a la basílica, la CRTVG es propietaria de otros dos. El primero, ubicado en la azotea de la Casa da Parra, enfocando hacia la plaza de A Quintana. Y el segundo, en el balcón de la antigua oficina de la rúa do Vilar, donde obtenían la compostela los peregrinos que llegaban a la meta jacobea, y mirando hacia Praterías. Sin embargo, ninguna de ellas está activa.

Descartado el dispositivo de la rúa do Vilar por estar inoperativo, solo quedaba en Praterías la posibilidad de recurrir a las imágenes del que está en la misma plaza, en el balcón del Museo das Peregrinacións e de Santiago, de propiedad municipal. Aunque no se ha podido confirmar si alcanza a grabar la entrada que se utiliza para acceder a la basílica, esta cámara sí está operativa y debería grabar con suficiente nitidez en el rango que abarca, pues hace solo un par de semanas se limpió el objetivo, con motivo de las fiestas del Apóstol.

El director de la Fundación Catedral se mostró escéptico sobre la posibilidad de que la cámara de Praterías pudiese haber registrado nada, pues la cota a la que se encuentra está por debajo de la parte superior de la escalinata que lleva a la puerta de la fachada de la justicia. Daniel Lorenzo aclaró, además, que la petición de un sistema de videovigilancia ya se hizo hace tiempo, sin verse forzados por la coyuntura de una agresión patrimonial como la del domingo, y se elevó a distintas instituciones públicas.

La Fundación Catedral sostiene que la tecnología podría ser un aliado ideal para complementar la vigilancia humana, especialmente por las noches. Ya no solo como medida disuasoria, incide, sino incluso como un sistema con el que prevenir nuevos actos vandálicos contra la catedral, pues hay en el mercado dispositivos de videovigilancia que envían alertas a un centro de control si alguien se aproxima demasiado a un elemento, con lo que sería posible movilizar a los medios disponibles en caso de sospecha.

El portavoz de la catedral compostelana considera que la vigilancia de una de las joyas del patrimonio mundial como la catedral de Santiago -cuya riqueza empieza desde el exterior- no compete únicamente al gobierno local. Ni siquiera al ámbito autonómico, sino que es responsabilidad también del Gobierno central, que ya se implica en la seguridad con medios humanos a través de la Policía Nacional.

En todo caso, parece que diez cámaras, tal y como están dispuestas, son insuficientes. El perímetro que rodea a la basílica es de más de 500 metros y a duras penas alcanzan a cubrir la mitad de ellos. Los puntos ciegos son muchos y extensos. Especialmente llamativo es el de la fachada de A Acibechería, en la cara norte de la catedral. Allí, en la plaza de la Inmaculada, desembocan el último tramo urbano del Camino Francés, el Primitivo, el del Norte y el Inglés. Es, por tanto, la primera visión que tienen esos peregrinos, y es por la que pasan miles de personas cada mes, y una de las salidas principales del templo. Aun teniendo enfrente el monasterio de San Martiño Pinario, el segundo inmueble más grande de la Península, a simple vista no se distingue ni un solo foco que grabe el devenir de esa plaza.

De hecho, en la confluencia entre A Acibechería y A Quintana de Vivos, en los años noventa se instalaron vallas con salientes puntiagudos por ser una zona baja, de fácil acceso a las cubiertas de la catedral. Por allí era frecuente que subiesen grupos de jóvenes en sus recorridos nocturnos por los tejados de la basílica.

Otra de las grandes áreas descubiertas es la del claustro catedralicio, que da a la rúa de Fonseca. Sin esculturas al alcance del viandante que proteger, este muro no es uno de los puntos críticos que preocupan a la hora de salvaguardar el patrimonio escultórico.

Todos los grandes monumentos gallegos han sufrido algún ataque vandálico

P. CALVEIRO
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Los técnicos ya retiraron la pintura de la pieza dañada, que mantiene un ligero tono azul

Tras el ataque, la limpieza. La tinta azul no duró ni 36 horas sobre la figura de la catedral de Santiago, pero, por el momento, el autor del delito sigue indemne. La primera revisión de los vídeos captados por las cámaras del entorno de Praterías no ha arrojado luz sobre el caso. Fuentes cercanas a la investigación indican que, al tratarse de una zona resguardada y siendo de noche, no se ha podido sacar nada en positivo de las imágenes, aunque no obstante continúan con las pesquisas para dar con el autor. La labor de búsqueda de la persona o personas culpables no será fácil. El ataque al patrimonio monumental de Galicia es algo relativamente frecuente (no se salva ninguno de los grandes monumentos, de la torre de Hércules a la catedral de Ourense, pasando por la muralla de Lugo) y pocas veces se sabe quién es el responsable del destrozo.

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