El tiempo complica la cosecha de uva

Los cambios bruscos de temperatura, unidos a una primavera pasada por agua y un verano intermitente traen de cabeza a los bodegueros

Viñedo de albariño afectado por el mildiu
Viñedo de albariño afectado por el mildiu
j.c.
redacción / la voz

Los viticultores están pendientes del tiempo, pero no precisamente para ir a la playa. Los cambios bruscos de temperatura, unidos a una primavera pasada por agua y un verano que viene y se va cada dos días, ponen en riesgo la cosecha de la uva. Óscar González lleva 18 años de enólogo en los viñedos de Vía Romana, con denominación de origen de la Ribeira Sacra, y se muestra preocupado por la situación de la plantación: «No recuerdo un año tan malo, de tanta enfermedad, que no se da frenado con ningún producto químico. Hay mucha humedad en el suelo y temperaturas muy altas, las condiciones óptimas para que se desarrollen las enfermedades de hongos, como si fuera preparado por laboratorio».

Lo cierto es que este año está siendo especialmente duro para los viñedos. La temporada empezó con retraso por el frío y las lluvias de la primavera, que se extendieron más de lo habitual. «El problema viene de la floración», fase en que salen las flores que se convertirán en uva, y se suele dar en el mes de junio, señala Rodrigo, viticultor dedicado al albariño y al tinto de las Rías Baixas. Cree que el calor de estos días viene bien para acelerar el proceso y llegar a puntos óptimos para la cosecha. Opinión que no comparte Óscar González, a quien preocupa el contraste de las nieblas matutinas, con la consecuente humedad, y las temperaturas altas que se dan por la tarde. En lo que sí coinciden ambos expertos es el peligro que suponen los cambios bruscos de tiempo, principal causa de las enfermedades.

Cada temporada se realizan tratamientos para prevenir y curar los hongos, que pugnan por dejar las cuncas sin vino. Lo habitual es guiarse por el calendario, puesto que tienen efecto durante un número concreto de días, pero este año no ha funcionado por la proliferación de enfermedades como el mildiu, que, si no se trata a tiempo, acaba con la cosecha. «Es un año de andar por debajo de la viña, de vigilar que todo vaya bien», señala Rodrigo. Quienes se han despistado o no han podido prestarle a la vid toda la atención que demandaba lo han pagado caro.

En cada zona y plantación el problema ha afectado de forma diferente. Mientras en la Ribeira Sacra «hay algunos viticultores que no van a coger uva», en las Rías Baixas «hubo pérdidas, pero está bastante controlado». La temporada no está siendo fácil para nadie: «Es lo que tiene depender del clima, hay años mejores y peores». Las palabras del abuelo de Óscar resumen perfectamente: «A uva dorme fóra todas as noites, ata que vaia ao cubo non hai nada feito».

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