«Só pasaron seis minutos dende a picada até que caín fulminado ao chan»

Un helicóptero salvó la vida de este vecino de Irixoa atacado por el insecto que protagoniza el verano gallego

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Irixoa

Poco podía imaginar Antonio que su nombre saldría en los periódicos por comenzar a limpiar su escondida finca de Irixoa. Su pequeño tractor se cruzó con un nido de velutinas y estas salieron a por todas. Antonio Golpe Sánchez, de 70 años, sería evacuado en helicóptero al hospital de A Coruña tras recibir dos picaduras. Todo esto ya se sabía, pero el relato de los hechos recoge la angustia del momento. «Empecei a sacudir e alá me foron as lentes, metinme na casa e díxenlle á muller que me picaran as avespas», narra Antonio, quien poco a poco notaba que se mareaba. Le costó un mundo remontar los dos escalones desde el baño y en cuanto se sentó en la mesa de la cocina, con la tez pálida, se derrumbó al suelo. Y no es Antonio un hombre de anatomía ligera. «Pasaron seis minutos dende as picaduras até que caín ao chan fulminado», narra. A partir de ahí, la escena la retoma Rosalía Faraldo, su mujer, porque Antonio no se enteró de mucho. «Chegou o médico do centro de saúde de Irixoa, foi o primeiro, e comezouno a tratar, tardou 20 minutos, só 20 minutos -recalca-; despois, veu unha ambulancia do PAC de Betanzos». Y por último, y dada la presunta gravedad del suceso, el helicóptero.

Tras la primera intervención del médico, Antonio no tardó en recuperar la consciencia -levantarse aún le resultaba imposible-, y se estudió entonces la posibilidad de cancelar el servicio aéreo. Pero el galeno optó por la prudente urgencia y mandó aterrizar la máquina. ¿Dónde? La parroquia de Coruxou, en Irixoa, es una zona arbolada y sin espacios libres para un helicóptero. El lugar elegido fue el entorno del centro social, un amplio cruce al que acudió Juan, un vecino del damnificado, para marcarle el lugar al piloto agitando varias toallas al viento. «E marchei voando», recuerda Antonio, la primera vez que pronuncia esta frase sin sentido metafórico.

Allí siguió en observación desde su ingreso, el viernes a las dos de la tarde, hasta el día siguiente, cuando recibió el alta. Cuando se le pregunta por el lugar de los hechos muestra la cabeza. «Foron as dúas aquí, unha pola fronte e outra por detrás», explica. Al otro lugar de los hechos le cuesta más acercarse. Sabe que el nido aún está allí -«esta noite van retiralo»-, y el incidente le ha hecho replantearse su tiempo libre en el campo. «É que se chego a estar só, coma tantas veces, non o conto, volvín nacer...». Se emociona cuando recuerda el papel de los vecinos. «Eles foron os que chamaron a emerxencias, eu cos nervios nin podía marcar, encargáronse de todo mentres eu atendía a Antonio», explica Rosalía. «Os veciños e os médicos portáronse de dez», apostilla.

Ya en el hospital se acordó de los numerosos casos de muertes por picaduras de velutina que había leído recientemente en el periódico. «É que xa van tres no mes de xullo», espeta. «Pero nunca vas imaxinar que por ir co tractor... a min xa me picaran cinco avespas hai anos, pero non me pasara nada».

-Quedáronlle ganas de seguir rozando a finca?

-Non ho, nin de broma. Irei de noite e con traxe de apicultor.

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