«Pax» política para terminar el AVE de todos

El ADIF facilitó a este periódico un cronograma de objetivos y plazos que demostraría que es factible terminar las obras en esa fecha e iniciar las pruebas en diciembre del año que viene


redacción / la voz

La satisfacción con la que Feijoo salió de su reciente encuentro con el presidente Pedro Sánchez es una buena noticia. A pesar de los temores iniciales, parece que las obras del nuevo acceso ferroviario a Galicia van a quedar en su fase final y decisiva fuera del debate político. Los trabajos tienen una inercia imparable y, al margen de los matices temporales sobre la puesta en servicio efectiva, la obra está en manos de los técnicos y el margen de intervención política en su finalización es más reducido que nunca: prácticamente todo está licitado ya -a excepción de la variante de Ourense- y hay disponibilidad presupuestaria para lo poco que resta en el acceso ferroviario central.

Tampoco será necesario llevar a cabo una auditoría del plazo de finales del 2019, cuando previsiblemente se empezarán las pruebas. El ADIF facilitó a este periódico un cronograma de objetivos y plazos que demostraría que es factible terminar las obras en esa fecha e iniciar las pruebas en diciembre del año que viene. El propio administrador ferroviario se audita a sí mismo para no ofrecer esperanzas imposibles y es el que mejor conoce el estado actual de los trabajos y sus previsiones futuras. Eso sí, nadie puede vacunarse contra los imprevistos y las complicaciones que pueden surgir en una obra de estas características. Solo hay que ver lo que ha sucedido en otras líneas, como la variante de Pajares entre Asturias y León, el AVE de Granada o el de Burgos, con fechas de finalización que la realidad, siempre compleja, se ha encargado de dejar en papel mojado. También hay algunas incógnitas por despejar que pueden generar alguna incertidumbre, como el modelo de explotación de la red ferroviaria interna gallega.

La mejor vacuna contra el miedo al cambio de Gobierno ha sido, sin duda, el nombramiento de Isabel Pardo de Vera como presidenta del ADIF, el organismo que debe acabar una obra crucial para Galicia. Y en esto están de acuerdo incluso los que cuestionan la apuesta -a veces quizás indiscriminada- por la alta velocidad ferroviaria. La gallega Pardo de Vera, cuando retornó al ADIF, fue clave en la ardua labor para desbloquear diecisiete tramos del AVE gallego que estaban totalmente paralizados y su compromiso con este proyecto está fuera de toda duda. Su presencia al frente de este organismo será clave para que puedan terminarse las obras en tiempo y forma.

Con este nombramiento, Galicia sigue beneficiándose de la presencia de gallegos en puestos clave para este proyecto ferroviario. Ha sido así desde abril del 2009, cuando José Blanco -que algo tuvo que ver en el nombramiento de Pardo de Vera- se puso al frente de Fomento. Esta influencia gallega se mantuvo con la llegada a la presidencia de Mariano Rajoy, que puso a Ana Pastor al frente del Ministerio de Fomento en una situación de crisis que hizo languidecer a la mayoría de los proyectos ferroviarios. El predicamento gallego en los centros de poder de la alta velocidad se mantiene ahora con el Gobierno de Pedro Sánchez, y la Xunta ha sabido entender el mensaje que le lanzaron con el ascenso de Isabel Pardo de Vera. El AVE será al final un trabajo colectivo de los dos principales partidos. Será un AVE de todos.

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