Adiós al carballo casamentero

El calor pudo propiciar el desplome de parte del mítico árbol, uno de los más famosos de Galicia


REDACCIÓN / LA VOZ

El gran carballo de Carballo, y de buena parte de Galicia por longevidad, porte y leyendas -la más curiosa, ligada a sus poderes casamenteros-, está en Vilar de Francos, en la parroquia de Artes. Un ejemplar extraordinario al lado de un pazo que también lo es, y que seguramente vive ya sus últimos momentos.

El viernes, más o menos sobre las 14.00 horas, en la jornada de arranque de las fiestas patronales -que ya es escoger la fecha-, parte del tronco y de las ramas, su ala oeste, se desplomó. La palabra rama puede resultar equívoca en este caso, porque cada una de ellas vale por un árbol grande y fuerte. Harán falta varios viajes de tractor con remolque para retirar toda la madera que se ha ido al suelo. Y cortarla, porque algunas de esas prolongaciones siguen sujetas, sin haber cedido del todo. Una aproximación al lugar del suceso, vallado desde el viernes por la noche para evitar posibles daños, puede resultar engañosa: el carballo, de más o menos medio milenio de antigüedad -los expertos discrepan en algunos estudios, hay quien eleva esa cifra- sigue grande, y aún muy poblado pese a la desfeita. Pero de la mitad hacia arriba del tronco se ve el hueco, carcomido en buena medida. Parece un milagro que aún mantenga esa verticalidad. Seguramente haya que talar para conjurar cualquier peligro de caída, aunque se respete todo lo posible. Ya nunca será el mismo.

De momento, todo son incógnitas porque serán los técnicos los que determinen qué le ha pasado, qué se puede hacer, y cómo. Sí hay hipótesis de lo que pudo ocurrir. Desde el Concello, el edil de Obras e Servizos, Luís Lamas, apunta -a salvo de lo que digan los especialistas- que el intenso calor pudo darle el empujón definitivo. En el interior vacío había mucha humedad, y el contraste térmico quizás aceleró la apertura de las grietas, ya de por sí aparatosas. Además, tal y como se encontraron determinadas partes de la madera en el suelo, hace pensar que tuvo que haber algo similar a un reventón por las altas temperaturas.

Pérdidas continuas

En todo caso, la sorpresa es relativa porque en los últimos años el roble, de propiedad privada, había ido perdiendo poco a poco su empaque. Eso sí, siempre en invierno, con los temporales y las fuertes rachas de viento: tres grandes ramas a finales de enero del 2016 y otras dos en el mismo mes de este año. Y antes ya se habían realizado podas que, sin embargo, nunca consiguieron menguar la monumentalidad de este carballo, admirable y admirado, con visitantes continuos, y eso que está situado en un lugar discreto, relativamente apartado y sin señalizar.

El ejemplar está incluido el catálogo de Árbores Senlleiras de Medio Ambiente, por eso cualquier actuación que se haga hay que notificarla a la Xunta, explicaban ayer tanto el edil como el dueño, que también lo es del pazo. Los técnicos elaborarán el informe y ya se verá por dónde echar el bisturí de la sierra eléctrica. El propietario reconoce que ya estaba «bastante tocado», y lamenta que, pese a su valor y singularidad, nunca ha recibido ayudas públicas para su mantenimiento, que ha incluido varios tratamientos para tratar las enfermedades de la vejez.

De lo que no hablará ningún informe es de sus (supuestas) propiedades. La más llamativa es la que manda encestar piedras en alguno de sus huecos a media altura. Dos grandes, y tres más pequeños (alguno desapareció ayer). Todos llenos de pequeñas rocas. Dice la tradición que hay que dar tres vueltas a su alrededor y tirar la piedra hacia atrás. Si se acierta, boda segura. ¿Y si no, se puede repetir? La letra pequeña de las tradiciones ya es más compleja. No es un tema menor: en los tiempos del 5G, todos los huecos están siempre llenos, y se vacían regularmente.

El carballo también se conoce como de San Antonio, porque habría crecido en el altar de la antigua capilla del pazo, dedicada al santo, y también hay otras creencias religiosas relacionadas. Existe disparidad sobre su longevidad: desde los más de 400 años hasta los 800, según los datos de los dueños del pazo. Los más de diez metros de perímetro en la base del roble empujan a la imaginación a pensar que brotó cuando el románico también lo hacía en Galicia, pero seguramente sea más coetáneo de los Reyes Católicos. En todo caso, un monumento en peligro de muerte, tal vez por la ola de calor.

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