En Marea asume que la división interna está detrás de su desplome en el CIS

Autocrítica y propósito de enmienda ante el riesgo de perder la mitad de los votos


santiago / la voz

De un 1,4 % de voto real en las elecciones generales de junio del 2016 a un 0,7 % de intención de voto que le otorga el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en su último barómetro, difundido esta semana. No son buenos datos para En Marea ya que, de celebrarse hoy las elecciones, podría perder la representatividad que tiene en Madrid. Sus dirigentes lo saben y lo reconocen, y si bien no es fácil que las distintas corrientes del partido instrumental coincidan hoy en día en su diagnóstico, sí es verdad que todos los que se manifestaron al respecto son unánimes a la hora de hacer autocrítica y admitir que la división interna no ayuda a mejorar los resultados.

La verdad es que el goteo de bajas viene de atrás. En las elecciones generales de diciembre del 2015, tanto En Marea como Podemos se mantenían en la cresta de la ola del 15M, por lo que los socios gallegos de Pablo Iglesias obtuvieron entonces el 1,6 % de los votos. Cuando seis meses después hubo que repetir elecciones, ya habían bajado dos puntos, con un 1,4 % que les garantizó cinco diputados -uno menos que en las elecciones de diciembre-. A partir de ahí, fueron las encuestas las que tantearon la intención de voto y, al menos en las oficiales publicadas por el CIS, En Marea siempre salió perdiendo. En mayo del 2017 había caído al 1,2 %, y si bien en los barómetros siguientes se recuperó ligeramente, repitiendo el 1,3 % en varias encuestas, la que se acaba de hacer pública tras la moción de censura, con una caída hasta el 0,7 %, pone en riesgo su continuidad en el Congreso de la mano de sus socios de Podemos y otras fuerzas afines.

La división interna del partido, que se hizo más visible en los últimos días con la constitución de la Mesa para a Confluencia promovida por el sector crítico, puede ser determinante en esos resultados, y ni los propios dirigentes de En Marea lo niegan. La viceportavoz del partido, Victoria Esteban, dijo al respecto: «Aos votantes non lles gustan os conflitos internos e houbo cuestións internas que non favoreceron». Con todo, Esteban recuerda que Pedro Sánchez llegó al poder gracias también a los votos de En Marea, y que no fue una carta blanca: «Nós estamos a favor dunha alternativa forte» y por eso será el trabajo que a partir de ahora realicen los diputados gallegos lo que tendrán que valorar los electores. Por su parte, el viceportavoz del grupo en el Parlamento de Galicia, Antón Sánchez, admitió que En Marea «ten que afrontar os seus propios problemas e facer autocrítica para superalos. A unidade popular é a ferramenta e a que centra as nosas propostas. Esa é a clave. Sempre que houbo un discurso claro e demos imaxe de unidade, a xente nolo premiou».

Si bien los dos coinciden en el diagnóstico, no lo hacen en las soluciones. Antón Sánchez es de los que critican la falta de pluralidad de la coordinadora de la que forma parte Victoria Esteban. Rehusó leer el sondeo en clave gallega la líder de Podemos Galicia, ya que Carmen Santos cree que es un número de encuestas muy reducido «para que o resultado sexa fiable á hora de avalialo» al no ser «representativo da realidade».

La cuestionada visibilidad de los cinco diputados gallegos en el grupo confederal

La imposibilidad de formar grupo propio en el Congreso fue el primer revés para los cinco diputados gallegos de En Marea: Alexandra Fernández y Miguel Anxo Fernán Vello, de Anova; Antón Gómez-Reino y Ángela Rodríguez, de Podemos; y Yolanda Díaz, de Esquerda Unida. La obligatoriedad de diluirse en el grupo confederal de Podemos les pasó factura y la visibilidad de su labor se cuestionó en varias ocasiones. De hecho, en el último plenario de En Marea, Xosé Manuel Beiras les llamó la atención y les reprochó su falta de «lealdade» al partido por el que concurrieron a las elecciones. Llegó incluso a llamarles «casta», aunque se refería a los diputados de Podemos Galicia y de Esquerda Unida, en un momento previo al plenario celebrado en el mes de marzo en el que, tanto la factoría gallega del partido morado como EU, marcaban distancias con En Marea.

De hecho, tampoco en Madrid el grupo se comporta de forma compacta y el malestar con Pablo Iglesias por haber olvidado a Galicia en su discurso en la moción de censura fue mayor entre los afiliados a Anova que entre los demás, que mantienen una relación más estrecha con el líder de Podemos.

Ellos, en todo caso, se defienden. Antón Gómez-Reino, que sustituye a Fernán Vello como portavoz, dijo recientemente: «Nunca os deputados galegos tiveron tanta visibilidade». Y lo ratificó con cifras: 19 proposiciones de ley, 79 proposiciones no de ley y seis interpelaciones urgentes en el Congreso.

Las encuestas del CIS, sin embargo, no les dan a sus sucesivos portavoces un gran nivel de visibilidad. En la última, más del 90 % de los encuestados afirmaban no conocer a Fernán Vello.

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«No es nuestra intención tensar el espacio», dice el portavoz de Anova en una carta dirigida al grupo parlamentario Unidos Podemos. Pero el partido que lidera Antón Sánchez reconoce estar preocupado «por algunas cuestiones referidas al funcionamiento del grupo parlamentario». Por eso, a raíz del debate abierto en la permanente de Anova, la formación fundada por Xosé Manuel Beiras decidió trasladar a sus socios en Madrid las quejas que tiene sobre el funcionamiento de la alianza entre En Marea, Unidos Podemos y En Comú Podem, de la que forman parte cinco diputados gallegos en el Congreso: Ánxela Rodríguez, Antón Gómez-Reino, Yolanda Díaz, Alexandra Fernández y Miguel Anxo Fernán-Vello, los dos últimos, militantes de Anova.

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