Y Bob cogió el tren cinco años después

Su mujer, Myrta, murió tras el accidente del Alvia. Desde ese día no fue capaz de volver a viajar en su medio de transporte favorito


redacción / la voz

La de Robert Fariza, Bob para casi todo el mundo, es una historia de superación, un ejemplo de cómo seguir adelante en un mar de dificultades. Él y su mujer, ambos de nacionalidad estadounidense, formaban parte del pasaje del tren Alvia que descarriló en Santiago hace cinco años. Su esposa, Myrta, resultó gravemente herida y tres días después falleció en el hospital. Fue la víctima 79 del accidente. Solo hay que ver las fotos de la pareja en Facebook para ver lo unidos que estaban y lo felices que eran, junto con sus tres hijas. Bob, de 66 años, también superó un cáncer hace ocho, y ahora está empeñado en salir de nuevo adelante y dejar atrás las graves secuelas psicológicas del accidente, aunque el duelo por la pérdida de su mujer le acompañe siempre. Desde aquel día no pudo volver a montar en un tren, «y eso que los trenes me encantan desde niño», comenta desde algún lugar de Italia. «Aún hoy, después de todo lo que pasó, me gustan».

Robert Fariza, que reside en Houston (Texas), asistió a los actos del aniversario del accidente que las víctimas organizaron en Santiago. Dos de sus hijas, Dominique y Jisselle, le acompañaron. Y vieron por primera vez las vías donde su madre perdió la vida. Después de esta triste experiencia, Jisselle escribía esto en las redes sociales: «Estoy agradecida porque mi padre ha sobrevivido al accidente, por su valentía y por su amor hacia mi madre». Su otra hija, Dominique, le ha dado dos alegrías para seguir enganchado a la vida. Dos nietas preciosas, Isabelle y Olivia.  

1.825 días después la curva de A Grandeira se queda en silencio por los 80 fallecidos Silencio en Angrois cuando se cumplen cinco años del accidente en el que murieron 80 personas. Víctimas y familiares regresan a la curva de A Grandeira donde les cambió la vida

Después de esos días en Compostela, Bob aprovechó su viaje a Europa para visitar otros países. Y fue entonces cuando dio otro gran paso adelante para demostrar, una vez más, su valentía. Se atrevió. Volvió a montarse en un tren después de aquel 24 de julio del 2013. El pasado 31 de julio cogió uno de alta velocidad desde Ámsterdam a París. Y no contento con eso, al día siguiente continuó su viaje en otro TGV francés rumbo a Niza. Hace cuatro días viajó en ese mismo medio de transporte a Italia. Su cuenta de Facebook estaba llena de felicitaciones por su hazaña. «Estaba muy asustado, pero tenía que volver a viajar en tren para superar mis miedos», asegura.

Bob cree que su decisión podría servir de ayuda a otras víctimas que aún no han vuelto a montar en tren desde aquel día en el que descarrilaron por una ausencia evidente de medidas de seguridad en una línea de alta velocidad. «Yo aún tengo otros miedos que superar, después de perder a mi mujer y ser un superviviente de un terrible accidente. Tengo que obligarme a no tener miedo por no tenerla conmigo», lamenta. «Viajar en un tren de alta velocidad era un temor al que quería enfrentarme y lo he hecho».

Robert vivió con su mujer 40 años, desde que eran unos chavales que no llegaban a los veinte. Cuando hizo las reservas para viajar ya empezó a pensar en el accidente. Pero cuando entró por primera vez en el tren le llegaron los primeros flashbacks, -así se refiere él a esas evocaciones- de un descarrilamiento que a él solo le dejó heridas físicas leves, pero que le arrebató lo que más quería. «Al sentarme al lado de la ventanilla me acordé de ella, pues iba sentada allí», relata. Hubo algún sonido estridente del tren que lo intranquilizó. También un movimiento extraño «de lado a lado» que le hizo recordar aquella funesta salida de vía. Como él suele decir, un accidente puede ocurrir «en un parpadeo». Después se puso a leer y a conversar con varios viajeros. Y pudo relajarse. No les comentó nada de su pasado con los trenes. No quería asustarles.

El caso Alvia llega al Senado de EE. UU.

pablo gonzález

La familia de una víctima estadounidense del accidente ferroviario logra que un senador consulte con el Departamento de Estado sus «dificultades» con la Justicia española

La familia de Myrta Fariza, la última víctima mortal reconocida por el accidente del Alvia y ciudadana estadounidense, lucha desde hace más de un año por mantener viva la memoria de su ser querido. Ya han logrado que centenares de personas se fotografíen en las redes sociales con el lema Justice for Myrta (Justicia para Myrta) y sus dudas sobre el tratamiento judicial que está recibiendo el caso en España les han llevado a contactar con John Cornyn, senador del Partido Republicano por Texas, el Estado en el que viven. La desimputación en octubre de doce cargos del ADIF y las últimas evoluciones de la instrucción judicial -creen que hay un interés por dar carpetazo a la causa- los animaron a llevar el asunto al Senado de Estados Unidos.

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