30 años con más muertes que nacimientos

Galicia encadena tres decenios de saldo vegetativo negativo, con 250.000 vidas de diferencia

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redacción / la voz

La curva del saldo vegetativo gallego tiene el rictus de la tristeza, y lleva ya 30 años así. Desde 1987, cada año mueren más personas de las que nacen en la comunidad. En ese ejercicio hubo un empate técnico en 25.000 (824 nacimientos, 480 muertes) tras la caída en picado de nacimientos en los años ochenta (se dejaron de producir 18.000 al año en un decenio), pero desde entonces Galicia queda a deber cada año. No es un caso único en España, pero sí está entre los tres más graves (después de Aragón y Castilla y León). En estas tres décadas se perdieron un cuarto de millón de vidas, ya que frente al medio millón de nacimientos hubo 750.000 muertes. En ese tiempo los nacimientos se redujeron en casi una tercera parte y las defunciones aumentaron en una cuarta parte.

Los datos provisionales ofrecidos ayer por el Instituto Galego de Estatística (IGE) para el 2017 no dejan lugar a dudas de la magnitud del problema: en la comunidad nacieron 18.312 personas y murieron 31.676; Galicia va camino de duplicar los muertos respecto a los nacimientos.

Parece lógico, porque la gente ya no se casa (el único grupo de cónyuges que crece cada año es el homosexual) y la maternidad se atrasa cada vez más: en una década las primerizas de 30 años pasaron de ser el 67 a casi el 80 %; y las que pasaban de 40 antes era muy pocas (4 %) y ahora superan el 11 %. En cuanto a las muertes del 2017, casi la mitad correspondieron a personas de 85 o más años.

Esta brecha entre los que llegan y los que se van se agranda cada año desde hace treinta, con pequeñas, mínimas, variaciones puntuales, como el bum de bebés del año 2000 (634 más que el ejercicio anterior) o el ligero repunte de la burbuja, que se pinchó, en lo que a partos se refiere, en el 2009.

Algo parecido ocurre en el resto de España. En 1987 solo dos comunidades autónomas estaban en números rojos demográficos, Asturias y Aragón; 30 años después, es más fácil enumerar las pocas que siguen ganando vecinos (migraciones al margen), ya que son seis (Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña, Madrid y Murcia).

El problema poblacional afecta también a toda Galicia casi por igual. De los 313 concellos en que se divide la comunidad, solo en 13 (4,3 %) hay hoy más nacimientos que muertes: Ames, O Porriño, Arteixo, Salceda de Caselas, Poio, Burela, Oroso, Cambre, Pontecesures, Oia, Barbadás, San Cibrao das Viñas y Soutomaior. Podría añadirse Culleredo, cuyo saldo es -1 vecino.

Solo crece la zona periurbana

Se trata en todos los casos de municipios colindantes con las capitales y principales ciudades, pero curiosamente no está ninguna de las siete urbes en este listado positivo. La población joven, la que tiene niños, no se puede pagar un piso en el centro de la ciudad y reside en la periferia. Por eso, las ciudades están todas en números rojos, aunque de forma poco significativa: A Coruña, por ejemplo, es la que peor se encuentra (con -731), pero realmente este descenso es solo del 0,3 % de su población.

El resto de los municipios gallegos también pierden población de forma natural, pero no en la misma proporción. Por ejemplo, Outes y Narón tienen el mismo saldo negativo: -85 habitantes sin contar las migraciones. Sin embargo, para la villa de Ferrolterra es el 0,2 % de su población, mientras que para el concello de la ría de Muros-Noia supone nada menos que el 1,3 %.

Las comunicaciones, vitales

A partir de estas premisas, la relación entre pérdidas y habitantes totales dibuja un mapa de Galicia determinado por las principales vías de comunicación.

El eje atlántico es sin duda el espacio menos afectado por la reducción de población. Tan solo la Costa da Morte, históricamente más aislada que el resto, tiene un perfil de reducción más acusado, pero nada que ver con el interior, el corazón de las provincias de Lugo y Ourense.

Si la AP-9 determina dónde hay concellos florecientes en parques infantiles, cuando uno se aparta de la estrecha franja que la rodea, debe echar mano del resto de las autovías para encontrar savia nueva: la del Noroeste traza un recorrido menos doloroso que, por ejemplo la zona de A Fonsagrada o de O Courel; la AG-53 entre Santiago y Dozón allana los nacimientos en el centro de la comunidad; y la A-52, la autovía de las Rías Baixas, hace de puente vital entre Vigo y Ourense, y entre la capital de As Burgas y Castilla.

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