«Ordeñaba veinte horas al día»

La Fiscalía pide 18 meses en un «centro adecuado» para el ganadero que acumulaba vacas de forma compulsiva

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Vilasantar / La Voz

-Manuel, as túas vacas morren de fame.

-Entón que é mellor? Que morran no matadoiro?

Manuel Suárez contestó así a una vecina de Vilasantar cuando le invitaba a vender el ganado que él no era capaz de atender. Los agentes del Seprona se llevaron las manos a la cabeza en la primera visita a esta explotación, en la que llegaron a convivir 140 reses en un espacio ideal para 24. Pero Manuel se rebeló contra todo el mundo, hasta el punto de protagonizar una fuga («quería ir hasta Francia huyendo de la Guardia Civil») durante la que la gran mayoría lo dio por muerto, hasta que reapareció en Santander.

Manuel se enfrenta ahora al segundo juicio por su alocada gestión de la granja. El primero fue por atentado a la autoridad, por agredir a un guardia civil el día que le requisaron parte de su ganado, y acto seguido inició la fuga. Ahora la Fiscalía pide para él 18 meses de internamiento en un «centro adecuado» y la prohibición durante cinco años para ejercer como ganadero.

Pero su desajuste mental, causante del impulso de acumular más y más vacas, le valdrá ahora para amortiguar la pena a la que se enfrenta por un grave delito de maltrato animal, con la muerte de más de 50 vacas de su explotación (entre septiembre del 2014 y agosto del 2015). Trastorno delirante de tipo persecutorio es uno de los clichés de su informe judicial, y su defensa considera que cuenta con una eximente con mayúsculas, además de estar cumpliendo de forma disciplinaria con el tratamiento desde que regresó a casa.

«En el interrogatorio hemos podido apreciar a una persona que no comprende la dimensión del problema en el que está inmersa, ni tampoco el alcance de sus actos», redactaba el juez decano de Betanzos, Roberto Barba. «Se hace evidente un creciente síndrome de acumulación compulsiva de animales», avisaban los agentes del Seprona.

Sus padres se mudan

A su desvarío se le unió una respuesta violenta contra aquel que le contradecía, que lo convertía en una bomba doméstica. Amenazó a su entorno con la repetida frase de «un día vai haber unha desgraza», y sus padres se acabaron atrincherando en las casas de otros hijos al tiempo que pedían a los funcionarios del Ayuntamiento de Vilasantar que miraran por Manuel.

Incapaz de gobernar la casa, pronto se quedó sin los servicios básicos y alimentó su locura con jornadas maratonianas para extraer la leche. Cuando se le estropeó el último generador, «ordeñaba veinte horas diarias», se lee en el informe. Veinte horas en las que su cabeza hervía, pero nunca para concluir que debía deshacerse de decenas de vacas.

Y un día dejó de ordeñar. Y se multiplicaron las mastitis (inflamación de las mamas). Y cuando se le acabó la comida, Manuel liberó las vacas para que se alimentaran en los prados ajenos. Los vecinos del lugar de Cezar se quejaron del peligro para el tráfico. «En cualquier tramo te cruzabas con una vaca», recuerdan.

Las Administraciones lo intentaron todo. El Concello hizo de puente con otros ganaderos para que compraran reses de Manuel. Y este alegó que no tenía la tarjeta verde, documento necesario para la compraventa de ganado. La Xunta se la proporcionó entonces en una semana. Pero Manuel cambió de argumento para atarse a sus vacas: «Están en tan mal estado que nadie me las quiere comprar».

El juez nombró administrador de la granja a José Luis, hermano de Manuel, para que procediera de forma urgente a la retirada del ganado. Y entonces se produjo el enfrentamiento del ganadero con la Guardia Civil, la agresión al agente y la huida por el monte. Durante los primeros días, sus familiares, de forma discreta, acudían a un lugar del monte donde él solía dormir (cuando se producían ataques de lobos, para proteger el ganado) para dejarle comida, pero la bolsa permaneció intacta.

Medio año después recaló en el centro Reto de Santander, en un profundo «estado de deterioro, pero orientado en espacio y tiempo».

Un director de cine italiano prepara un documental sobre la peripecia de Manuel

La convulsa vida de Manuel no ha pasado desapercibida para el italiano Alessandro Pugno, director de cine afincado en Madrid, que ha viajado en varias ocasiones a Vilasantar y Betanzos para entrevistarse con las partes implicadas de la historia. Prepara un documental sobre las peripecias del ganadero, un caso que le recuerda a otro muy similar. «Cuando lo leí en la prensa me recordó un relato escrito por Giovanni Verga titulado La roba, en el que un ganadero estaba obsesionado con muchas vacas y su mayor pena era no poder llevarse todo su capital a la tumba con él», explica Pugno, quien también se entrevistó con el portavoz de los Jinetes Enmascarados, un rocambolesco grupo que acompañó su denuncia judicial contra el ganadero con apariciones en varios pueblos de la comarca haciendo honor a su nombre: a caballo y con máscara.

«La de Manuel es una historia que tiene muchos ingredientes fascinantes y me gustaría contarla», explica este italiano. «Supongo que será un documental, pero quizá con algo de ficción».

Aseguran que era «un adiantado ao seu tempo» en cuestiones genéticas

En la comarca recuerdan que, «antes de perder a cabeza», Manuel era un ganadero «adiantado ao seu tempo». Varios compañeros del gremio aseguran que tenía una cabaña «espectacular» fruto de su intuición en cuestiones genéticas. «En instalacións era moi deixado, pero en xenética ía por diante do resto», aseguran. «Preocupábase moito por mellorar a súa cabana, as súas vacas eran das mellores da contorna, era moi hábil á hora de cruzar gando e así se fixo con tantas vacas, apenas mercaba fóra». Y fueron los propios ganaderos los primeros en darse cuenta de que la cabeza de Manuel no regía bien, antes incluso de la compulsiva acumulación de vacas. «Empezou a facer cruces das mesmas familias, cousas que acaban empeorando o gando».

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