El exceso de cocaína en Sudamérica eleva la cifra de países que la envían a Galicia

Los narcos utilizan cada vez más pequeños puertos de salida entre el Caribe y Argentina


VIGO / LA VOZ

La delegación estadounidense en Madrid para el control de estupefacientes -Drug Enforcement Administration (DEA)- fue la primera en alertar de que el mayor asedio de cocaína vivido en España y Europa aún estaba por llegar. Funcionarios americanos ya alertaron, en un acto en Galicia en mayo del 2017, de que la situación en Colombia, primer productor mundial junto a Bolivia y Perú, garantizaba una escalada en la producción, sobre todo por las ambiciosas pretensiones de los carteles de seguir catapultando a Galicia, principalmente por barco, o Algeciras y Holanda, mediante contenedores, todos los alijos posibles.

El vaticino fue certero: en el 2017 se llegó a la cifra récord de 209.000 hectáreas destinadas a la siembra de hoja de coca en Colombia, aumentando también la capacidad de producción hasta 921 toneladas en un año. Un cantidad desproporcionada e inédita hasta la fecha que pone sobre la mesa un hecho: «Es imposible dar salida a toda esa droga por un solo país, además del movimiento de mercancías a nivel continental, con Centroamérica y EE. UU. o transoceánico, con Europa y Asia oriental, Colombia alimenta otro flujo de coca solo en Sudamérica», explican, atendiendo a la experiencia de numerosas investigaciones, en el Grupo de Respuesta Especializada contra el Crimen Organizado (Greco) de la Policía Nacional.

La costa atlántica, del mar Caribe al cabo de Hornos, tiene una longitud de 7.400 kilómetros que acumula incontables puertos deportivos, pesqueros o industriales, otros tantos puntos de amarre en los que fondear disimuladamente o numerosos ríos, como el Orinoco, de gran calado y tamaño para remontar el curso hasta el lugar pactado. «Son distancias insalvables, países enteros con grandes superficies selváticas», detalla un policía antes de poner en valor la importancia de la cooperación internacional (EE. UU., Colombia, Reino Unido, Portugal, Francia, Bélgica o Italia) para interceptar las comunicaciones, movimientos e intenciones de los malos antes de descargar la droga en Europa, ya sea por Galicia Portugal o los Países Bajos.

Pero no todas las puertas se abren fácilmente al otro lado del Atlántico. Venezuela, a ojos de la Brigada Central de Estupefacientes, sigue sin cooperar todo lo deseado, quizás por eso EE. UU. ya incluyó al país en su lista de narcoestados. «Incluso la DEA lo tiene muy complicado para hacer su trabajo en ese país, Bolivia y Ecuador tampoco colaboran todo lo deseado y el resto de países sudamericanos sí lo hacen», explica una agente de la citada brigada, que añade: «El departamento de Nariño, al oeste de Venezuela y haciendo frontera con Cucutá, en Colombia, es la zona más activa en el transporte interior de coca, con grupos paramilitares implicados. De ahí era el cartel los Boyacos desmantelado en Galicia hace dos años».

Brasil es el otro gran destino de una parte importante de la coca producida en Colombia. «Las rutas comerciales con España están muy asentadas y dificultan todo, basta decir que hay una línea directa de transporte con Las Palmas. En estos casos se recurre al contenedor y los destinatarios finales pueden ser perfectamente gallegos», añaden en el Greco. En la costa de Surinam, Guyana y Guayana Francesa es común la recepción de alijos, una de tantas zonas calientes entre el Caribe y el cabo de Hornos. Aquí predominan veleros, pesqueros o mercantes, igual que en Venezuela. Embarcaciones, todas ellas, con muchas posibilidades de acabar en Galicia.

Reactivan con drones las fumigaciones en la selva colombiana tras dos años

Colombia suspendió en el 2015 las fumigaciones desde aviones con glifosato siguiendo la recomendación de la Organización Mundial de Salud, que considera al químico cancerígeno y contaminante. La decisión se tomó el 26 de junio en una reunión del Consejo Nacional de Estupefacientes, el máximo organismo del país contra el narcotráfico, justo un día después de que Estados Unidos revelase que los cultivos de coca en Colombia llegaron, al cierre del 2017, a la cifra récord de 209.000 hectáreas. Las fumigaciones se hacen a baja altura, pero con el mismo herbicida. El Gobierno se ha fijado reducir a la mitad, en un plazo de cinco años, la superficie sembrada.

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