«Veño de familia de emigrantes e non quería sentir ese desarraigo»

Paula Cacheiro, que iba coleccionando contratos en Galicia, hizo las maletas en el año 2013 y se mudó al norte de Alemania

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santiago / la voz

«Marchei porque non tiña estabilidade». Paula Cacheiro, que iba coleccionando contratos en Galicia, hizo las maletas en el año 2013 y se mudó al norte de Alemania. «Eu era maior, no ía coa mentalidade de 20 anos e tiña gana de marchar dea desenvolver un futuro», explica esta coruñesa con hondas raíces en la Costa da Morte. Allí comenzó a trabajar para una empresa de cátering y limpieza a plataformas petrolíferas, barcazas... «É un pouco raro», dice entre risas. O quizá no tanto. Porque ella conoció el sector gracias a muchos gallegos que en los 70 se fueron a las plataformas.

«Parecíame que marchar era como ter unha diferenciación de currículo e ter unha experiencia internacional». Su empresa tiene varias oficinas repartidas por el mundo y gente de muchas nacionalidades. «É totalmente diferente». En Alemania estuvo hasta el año 2015. Entonces, la empresa le ofreció irse a Chipre. Era «algo moi emocionante, laboralmente un paso máis». Se tomó bien el cambio, «sobre todo porque eu marchaba coa mesma empresa. É todo novo pero iso dá seguridade». Así que pasó del frío extremo de Alemania a los 40 grados chipriotas. Antes estuvo en A Coruña unos días de vacaciones. «Non é a mesma sensación coller o avión cando fun para Alemaña, que fun a cegas, que a de Chipre, que vas rodada e xa sabes o que pasa». Había desaparecido ese sentimiento de llegar al aeropuerto y no saber qué va a ser lo siguiente. Sin embargo, en la mente de Paula Cacheiro siempre ha estado la idea de volver. «Veño dunha familia de emigrantes, en todas as xeracións hai alguén que emigrou, e non quería ter esa sensación de desarraigo». En la emigración, llega un punto el que hay que tomar una decisión vital: o quedarse para siempre, o volver. E Internet, que permite verlo todo, es un arma de doble filo. Aunque puedas verlo todo, en realidad no estás.

«Eu decidín volver», dice Paula Cacheiro, que ha decidido instalarse en Vimianzo. Y aunque se planteó regresar sin nada, al final volvió con trabajo. La empresa le ofreció seguir con ellos. «Agora fago teletraballo». Además este año, ha hecho un máster de comercio internacional en la Universidade de Vigo, que ha compaginado con su labor profesional. «Antes de vir empecei a ver se había algo», y descubrió las ayudas de la Secretaría Xeral de Emigración para cursar el posgrado. ¿Cabe la posibilidad de que se vuelva a ir? «Se o podo evitar, non quero marchar. Hai algo que sempre dicimos na miña casa, que é que se poden ter raíces, pero tamén ás. Eu xa voei». Y ahora le toca el turno a la tierra.

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Volver. Es, salvo excepciones. un verbo que utilizan los emigrantes gallegos cada vez que hablan del día que encerraron su vida en un espacio tan pequeño como es una maleta y se fueron a otro país a buscar trabajo. Volver era una idea, apenas un anhelo que se alejaba un poco más cada vez que España se daba de bruces con la fría estadística. La economía no mejoraba. La gente seguí saliendo a la procura de un futuro mejor. Desde hace un tiempo, ese anhelo se va convirtiendo poco a poco en proyecto. En algo tangible. En una realidad. Regresar.

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