Los renglones torcidos de Baltar

El líder ourensano se precipitó al activar su estrategia de sucesión de Feijoo y pinchó con la apuesta por Soraya

Los renglones torcidos de Baltar El líder ourensano mostró su apoyo en las primarias populares a Sáenz de Santamaría y su incuestionable intuición política le traicionó

santiago / la voz

El PPdeG está dividido. La desavenencia, posiblemente temporal, no tiene nada que ver con el viejo debate de las boinas y los birretes o con las tradicionales luchas de poder territoriales. Los populares gallegos se reparten estos días entre los que ven la dinámica del partido como una conspiración permanente y los que se abonan a la tesis de la naturalidad de los hechos. La segunda opción es la mayoritaria de puertas afuera, pero rascando un poco aflora cierta desazón por lo sucedido en estos dos últimos meses, desde la caída de Rajoy hasta la irrupción de Casado, pasando por la larga reflexión del presidente Feijoo, que desestabilizó el ecosistema gallego.

El nexo entre unos y otros es la ambición de Manuel Baltar. El líder ourensano es un activo electoral imprescindible, y así lo reivindica él mismo: «Sin PP de Ourense no hay PPdeG». Él siente que su provincia es como California para los Estados Unidos o Sâo Paulo para Brasil, potencias en sí mismas. «Después de la Xunta, Ourense», comenta a La Voz persuadido de que el próximo año volverá a aportar una de cada tres alcaldías populares en Galicia. Es su particular manera de expresar que aquí no ha pasado nada y que todos están a una. Pero sí que han ocurrido cosas. Por primera vez desde que accedió al poder orgánico provincial en el 2010, su incuestionable intuición para la política le ha dejado fuera de juego. De forma premeditada o no, evidenció con reuniones, llamadas y respuestas tibias a los medios que no iba a ser espectador de una sucesión en Galicia que finalmente no se produjo. Y después, con esa vía tapiada, «optó empíricamente por ir a la contra» y por desafiar a Feijoo, como describe un dirigente enfrentado al baltarismo los movimientos que realizó el ourensano en la doble vuelta de las primarias.

Los notables de A Coruña y Pontevedra, que electoralmente arrastran muchos más problemas que Baltar, tienen a la masa crítica de las bases y a la dirección de su parte, y aunque están sensibilizados para no contribuir a la agitación, son conscientes de que hubo una primera escaramuza que el presidente ourensano minimiza: «Estuvimos expectantes, nada más, pero que nadie dude de que, cuando toque, Ourense tendrá su opinión. Hablar ahora de esto es política ficción, aunque es cierto que hace un mes no lo era tanto», reconoce.

Yo, con Soraya

El apoyo expreso a favor de la exvicepresidenta merece su propio párrafo. La explicación más blanca para entender el posicionamiento en abierto era la presencia de Edelmira Barreira, ourensana, de su cuerda e incardinada desde hace años en el círculo de confianza de Sáenz de Santamaría. La candidata vallisoletana, que pidió en la campaña mayorías «como las de Baltar», hizo apartes con el gallego durante su acto en Pontevedra, donde probablemente le pidió que se emplease a fondo a riesgo de que saltase por los aires la proclamada neutralidad de los referentes del PPdeG. Con su tuit, «yo con Soraya», se adelantó a la cúpula y terminó de incomodarla, al hacer obligatorio hasta el final del proceso el discurso de la imparcialidad, cuando era evidente que la preferencia oficial y mayoritaria era otra: nosotros, con Casado. «Pero esta vez le falló el olfato», comenta un destacado dirigente pontevedrés, sorprendido todavía por que el apoyo explícito de Baltar no se tradujese en una mayor visibilidad en la ejecutiva que presentó Santamaría hace hoy una semana, ahora papel mojado.

Después de dos meses inquietantes, probablemente los más intensos del PPdeG desde el relevo de Fraga, todo ha cambiado para volver a estar en el mismo lugar que antes: A Coruña y Pontevedra, a partir un piñón; Lugo, recomponiendo su unidad de la mano de la única que fue neutral de verdad, Elena Candia; Ourense, amagando sin pegar; y Feijoo, feliz en Galicia, esperando.

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