Muere asesinada a golpes en Argentina una gallega víctima de otros asaltos

Lola Casais, de 76 años y nacida en O Ézaro, aún tenía balas en el cuerpo de otro robo


cee / la voz

Su hermana María la recuerda como una superviviente. Primero de la miseria de posguerra que asolaba la aldea de pescadores de O Ézaro (Dumbría), luego de una más que azarosa migración transoceánica y más tarde de los múltiples robos que sufrió, sobre todo en su comercio. Pero el pasado sábado la capacidad de resistir de Dolores Casais Antelo se acabó. Los graves daños sufridos en la cabeza el lunes anterior, cuando fue asaltada de nuevo, esta vez en su casa de Mar del Plata (Argentina), hicieron inútiles las intervenciones quirúrgicas. Su cerebro ya no volvió a responder.

Aunque las causas exactas aún están bajo investigación, fuentes de la familia señalan que la mujer, de 76 años y emigrada desde los 15, primero en Buenos Aires y luego en Mar del Plata, fue atacada, en principio por un solo individuo, a la entrada de su vivienda. En el forcejeo -porque Lola, pese a los problemas de visión derivados de un glaucoma, no se doblegaba fácilmente- el atacante la golpeó con una plancha de hierro de la cocina y con la tapa de una olla. Fue su marido, el pontevedrés Ramón Varela, también de 76 años, el que, al volver de trabajar del comercio que regenta la familia encontró la casa toda revuelta y a su esposa tendida en el suelo, con esa grave hemorragia craneal, que a la postre le costó la vida.

Una vida que, como describe su hermana María, estuvo siempre enfocada al trabajo y marcada por los intentos de robo sufridos, generalmente a cuenta del establecimiento que regentaba. «Miña nai tivo dez fillos, oito vivos. Eu leváballe 14 anos e acórdome ben de andar con ela ao lombo cando só tiña nove meses. Aos 15-16 xa embarcou, con Manuela, outra irmá miña e mais Demetrio, noso cuñado, que levaban tres rapaciños pequenos. Polo visto había risco de que o barco fose ao fondo e dixéronlle que puxese o salvavidas, pero ela agarrou aos nenos canda ela e dixo: “Se afundimos, eu vou canda eles”. Aquilo era unha calamidade, coma as que pasan agora os negriños que veñen de África», relata María, para ejemplificar los golpes que la vida le dio a su hermana y que aún irían a más. «Unha filla xa lle naceu con problemas e morreu moi nova e o fillo morreulle de cáncer, con só 44 anos. Aínda así ela era unha emprendedora, andaba sempre dun lado para outro e iso que tiña unha bala así detrás da cabeza e outra na cadeira de fai trinta e tantos anos, doutra vez que a tentaron roubar», detalla la mujer, ya nonagenaria, que vio a su hermana por última vez el pasado abril. «Viña todos os anos porque tiña unha minusvalía do 75 % e recibía unha pequena pensión non contributiva. Aquí no Ézaro coñecíaa todo o mundo», concluye la hermana con esfuerzos repetidos para contener las lágrimas.

«Amaba España»

«Ella amaba España. Siempre que iba llamaba a mi mamá y le decía que teníamos que vender todo en Argentina e irnos a vivir allá, que era todo precioso», explica Yaiza, sobrina nieta de la fallecida e hija de Concepción Pérez Casais, una de aquellas niñas pequeñas (entonces solo tenía 4 años) a las que Lola trataba de proteger cuando presentía que el barco que las llevaba a Argentina se podía ir a pique.

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