«La botadura del Arteaga fue un símbolo»

Amable Dopico, que llegó a ser director del astillero Astano, vivió con veintipocos años el lanzamiento al mar del mayor superpetrolero construido hasta entonces en una grada

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ferrol / la voz

Marcó un antes y un después en la construcción naval mundial y esa célebre página de la historia del sector se escribió en los años setenta en Ferrolterra, en el astillero de Fene, entonces Astano. La botadura del Arteaga, el superpetrolero encargado por la compañía estadounidense Gulf Oil a la empresa, junto a otros diez barcos más, demostró al mundo entero desde esta pequeña esquina de la península Ibérica que era posible lanzar al agua desde una grada un gigante naval de 325.000 toneladas de peso muerto. Era el mayor construido hasta entonces en una grada, ya que los navíos de esa envergadura se fabricaban en un dique seco. «Todos los ojos estaban puestos en ese momento en el astillero», recuerda Amable Dopico, que entonces, con poco más de veinte años, ocupaba en la factoría el puesto de ingeniero de Gradas.

Aquel hito, que forma parte del orgullo colectivo ferrolano, evidenció el talento de un grupo de ingenieros muy jóvenes que demostraron que sus cálculos para poder realizar la botadura desde la grada no eran ni mucho menos descabellados y el buen hacer de los 5.000 trabajadores de la factoría y varios cientos más de empresas auxiliares, que levantaron un buque de 330 metros de eslora [largo] y más de 40.000 toneladas de acero con medios que no se acercan ni por asomo a los que hoy maneja la construcción naval.

El 15 de abril de 1972, técnicos japoneses -los que fabricaban los superpetroleros entonces- y de medio mundo se dieron cita en las instalaciones de Astano, muchos de ellos pensando que iban a ver cómo aquel coloso se partía en dos al llegar al agua. Pero no solo no fue así, sino que el astillero aprobó con sobresaliente el reto. «Supuso un desafío técnico en un momento muy importante», explica Amable Dopico, quien subraya que «aquella botadura fue un símbolo».

Ejemplo y guía en Europa

Además de llevar a máximos su prestigio en la escena internacional, el hito logrado por el astillero de Perlío fue el faro que guió a otros astilleros europeos, que reconvirtieron sus gradas para poder construir superpetroleros, un mercado del que hasta entonces estaban marginados.

La expectación era máxima. Todo Ferrol, bien desde dentro de la factoría, o en los alrededores del puente de As Pías y la ensenada de Caranza, se dio cita para presenciar aquel acontecimiento. «La ola que levantó fue tan alta que hubo gente en As Pías, en donde se había parado el tráfico, que se llevó una mojadura», recuerda Dopico, quien posteriormente llegó a ser director de la factoría entre los años 1987 y 1993 y también en una segunda etapa, del 95 al 97.

Aunque el lanzamiento al mar del Arteaga es uno de los acontecimientos de mayor calado del sector naval ferrolano, Amable Dopico también señala otros bautismos que le dejaron huella a lo largo de su carrera profesional. «El de la Niña, un petrolero de 100.000 toneladas; el de la Santa María, que fue el último de los grandes superpetroleros, y la plataforma Drillmar, que fabricamos en las dos gradas a la vez y supuso un cambio espectacular, porque el astillero se vio obligado a entrar en un universo nuevo», evoca.

Por ello, por los éxitos que Astano alcanzó después de ser excluido de la construcción naval convencional, Amable Dopico lamenta que se hubiese renunciado al sector off-shore, en el que se había posicionado a nivel mundial. Tras echar una mirada al pasado, a los tiempos de gran esplendor de los astilleros públicos de la ría ferrolana, Dopico reflexiona sobre los momentos actuales, que considera cruciales para la compañía, hoy Navantia: «Hay retos nuevos, con un entorno difícil y con el objetivo de darle un cambio grande a la empresa, que lo que necesita es estabilidad», apostilla.

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