Miguel Cortizo, el socialista que llevó a Fraga a su casa

Portavoz del PSdeG en el Parlamento gallego entre 1993 y 1997, fue uno de los azotes implacables del fraguismo

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santiago / la voz

El transcurso de los años suele empujarnos a la mitificación del pasado. En esa añoranza asoma siempre la ruptura musical y estética que supusieron los ochenta, pero tal vez el Parlamento gallego también tuvo su gloriosa década de esplendor, su propia movida. Fue en los noventa, algo después. Aquel tiempo quedará marcado para siempre por la imagen del zapatazo de Beiras en el escaño. Una foto que congela una etapa enérgica y vibrante, y en la que Fraga y sus adversarios desplegaban, a menudo, una elocuencia y una retórica hoy olvidadas. Con la muerte de Miguel Cortizo Nieto (Santiago, 1951) se va una figura insustituible de aquella época, un azote implacable del fraguismo. Un hombre mordaz e irónico. Cuando ya se especulaba por entonces con el relevo del veterano político de Vilalba, el diputado socialista recordaba en los mítines que, en gallego, la palabra delfín se decía «golfiño».

Antes de que hiciera gala en los noventa de su oratoria incisiva y sarcástica, este doctor en Biología por la Universidade de Santiago (USC), de la que fue vicerrector y catedrático, había aparcado su carrera académica con destino a Madrid. Allí desempeñó cargos en los Gobiernos de Felipe González como asesor de los sucesivos ministros de Educación, José María Maravall y Javier Solana. El batacazo de Antolín Sánchez Presedo en las autonómicas de 1993, y la crisis que se desató en el grupo, terminó por auparlo como portavoz. Pero ya había sido diputado en la anterior legislatura. Retirado ya de la política, a Miguel Cortizo le gustaba rememorar una anécdota ya olvidada de aquellos tiempos.

El socialista había escrito por aquel entonces un artículo titulado Señor Fraga, está usted invitado a cenar. En aquel texto, Cortizo le recriminaba al presidente gallego haber ido a casa de unos ganaderos de Boimorto a cenar y a interesarse por su trabajo. En la siguiente sesión plenaria, Fraga llamó a un bedel y le dio una nota para que se la entregara al socialista. «Aunque la invitación no está hecha con cortesía, yo la acepto», decía. Y así fue como el presidente Fraga se presentó a cenar una noche en el piso de Cortizo en Santiago, quien recordaba que había descubierto allí a una persona alejada de la prepotencia. En el ecuador de la siguiente legislatura, en octubre de 1995, el presidente gallego le reprochó al portavoz socialista en un debate del estado de la autonomía que no había aceptado sentarse a la mesa con él, en devolución de aquella cena. Fue entre 1993 y 1997, cuando ejerció como portavoz en O Hórreo, cuando Cortizo vivió su mejor momento como parlamentario. Curiosamente, otro batacazo electoral socialista, con Abel Caballero de candidato, hizo que se abriera otra época convulsa en el PSdeG de la que Cortizo salió peor parado. En 1997, el PSdeG era tercera fuerza, detrás del Bloque. Un año después le disputó el liderazgo del partido a Emilio Pérez Touriño. Perdió la batalla.

Siguió como diputado en el Parlamento gallego, pero en abril del 2001 la tragedia llamó inesperadamente a la puerta de su casa. Su hija Ana, con apenas 19 años, moría en O Grove después de que, de madrugada, un coche derribara una señal de tráfico que terminó golpeándola en la cabeza. Ella volvía de fiesta con unas amigas. De aquel infortunado golpe jamás llegó a recuperarse. A Miguel Cortizo se le quedó dibujado para siempre un gesto de dolor, como si fuera una cicatriz imborrable.

Cuando, contra todo pronóstico, el PSOE se hizo en el 2004 con el Gobierno del Estado tras los atentados de Atocha, Zapatero recuperó a Cortizo y lo nombró embajador en misión especial para la coordinación de las Relaciones con las Comunidades Españolas en Iberoamérica. En aquel momento había una agria disputa con el voto emigrante, decisivo para el que el PP de Fraga perdiera la mayoría absoluta de las autonómicas del 2005. El bipartito recuperaba el poder de la Xunta, en manos de PSdeG y BNG, y desde las filas populares acusaban a Cortizo de haber actuado como un comisario político. En el 2007 fue nombrado embajador de España en Paraguay, puesto que ocupó hasta el 2011, cuando volvió a Galicia como delegado del Gobierno. Su último cargo fue el de diputado en el Congreso del 2011 al 2015. Ese año se despedía. Se iba un buen político al que no le sonrió la vida.

Hondo pesar y mensajes de condolencia desde todos los rincones

La noticia del fallecimiento de Miguel Cortizo desencadenó una cascada de mensajes de condolencia, los primeros desde las filas socialistas. El actual secretario xeral del PSdeG, Gonzalo Caballero, dijo: «Día triste para as e os socialistas galeg@s polo falecemento hoxe do compañeiro Miguel Cortizo. Socialista de referencia, foi deputado, delegado do Goberno... Hoxe o @PSdeG está de loito. Aperta sentida para a familia», escribió en Twitter. También se sumó al pésame el portavoz parlamentario, Xoaquín Fernández Leiceaga: «Un adeus emocionado a Miguel Cortizo, compañeiro na universidade e na vida política. Unha longa traxectoria de servizo público», escribió en la misma red social.

El delegado del Gobierno, Javier Losada, recordó que trabajó con Cortizo en el Congreso y en el Senado, y destacó que fue «un gran delegado del Gobierno, en un momento político convulso. Era una gran persona, con una gran vocación de servicio público».

Otros socialistas como Eduardo Madina y Laura Seara se unieron a las condolencias. «Miguel Cortizo, que lo fue casi todo en la vida y en la política, se ha ido hoy. Y cuando los amigos se van, todo se queda muy vacío, muy oscuro, muy triste. No hay palabras para despedir a gente como él», dijo Seara. También Feijoo recurrió a Twitter para expresar su pésame: «As miñas condolencias á familia de Miguel Cortizo, aos seus seres queridos e a todo o PSdeG. Queda para o recordo a súa longa traxectoria de servizo público desde todas as responsabilidades que asumiu».

Los restos mortales de Cortizo serán trasladados hoy a Galicia desde Madrid. El viernes, a las 19 horas, habrá un funeral en la iglesia de San Francisco, en Santiago.

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