El fiscal pide la absolución de un divorciado en paro que no pagó dos carreras a su hija

El hombre, albañil de profesión, está acusado de un delito de abandono de familia


vigo / la voz

Un albañil de Vigo de 47 años, divorciado y en paro, fue juzgado ayer por un supuesto delito de abandono de familia porque no costeó las dos carreras universitarias que cursó su hija mayor, una becaria que ahora tiene 25 años. La Fiscalía no acusa y pide la absolución del padre, que no llegó a finalizar EGB, porque ve probado que dicho peón carece de ingresos y no cobra ningún subsidio de desempleo, por lo que le es imposible abonar las cuotas de 200 euros al mes en concepto de pensión de alimentos que le reclama su hija desde el 2014. La deuda acumulada rondaría ya los 10.000 euros.

Este es uno de los contados casos en los que la Fiscalía ve acreditado que el padre carece de capacidad económica para mantener a una hija que es mayor de edad desde el 2013.

Por el contrario, la acusación particular asegura que el padre tiene ingresos porque cobra dinero negro por desbrozar fincas o cortar leña en su aldea.

La hija estudió sin ayuda paterna gracias al sacrificio de la madre y con una beca estatal. Inició Derecho pero colgó esos estudios para seguir su vocación de Magisterio, que simultaneó con Pedagogía porque podía llevar bien ambas. Al obtener el título para ser maestra agotó las ayudas públicas y no pudo pagar la matrícula de la segunda carrera, que abandonó por falta de ingresos. Hace meses logró sus primeros trabajos, como profesora particular y como camarera.

«Eu teño outra filla pequena, e a grande xa é maior, e para quen vale para estudar hai becas»

El juicio se celebró este lunes en el Juzgado de lo Penal número 3 de Vigo. El padre, casado dos veces y con dos hijas de distintas esposas, explicó que desde el 2014 no paga la pensión a la mayor porque no tiene dinero. Una abogada le preguntó si cuando su hija cumplió 18 años le dijo que se pusiese a trabajar para mantenerse. Replicó que «para quen vale para estudar xa hai becas».

El conflicto se remonta al 2011, cuando el hombre perdió su empleo en el sector del aluminio. Pidió una modificación de medidas para rebajar su cuota a 200 euros y, en el 2013, la redujo a cien hasta que agotó el subsidio. En el 2014 dejó de pagar: «Cando tiña ingresos abonaba, e cando non, non». Una tía lo mantuvo hasta que falleció. Ahora un hermano le da «de comer», afirma.

«Eu teño outra filla pequena e o pouco que gano vai para ela. A grande xa é maior de idade», añadió. Resaltó que no se niega a pagar, así lo hizo hasta que perdió el subsidio. Propuso que su exesposa alquile el piso en la división de gananciales y le descuente su parte «para a nena».

La abogada de la hija lo acusó de disponer de riquezas como un coche y fincas. Él replicó: «Non cheguei a octavo de EXB, non sei nada, teño 47 anos e estou mirando a ver que me sae. Botei o currículo, pero non me chaman. O coche é sen carné, pago a gasolina cando me sae algo. E as fincas nos pobos non as pagan coma en Vigo». Sus exfamiliares también dice que él percibe ingresos del campo. «Son 20 ou 30 euros, vou a xornal na horta ou na herba, no que me sae na aldea, desbrozo fincas ou corto leña para a xente que me chama». El fiscal le preguntó si ganaba ese dinero en una hora y él replicó: «Era boa! Nun día!». Las denunciantes aseguran que el hombre alardeaba de ganar 180 euros en un fin de semana en estas faenas.

«Un irmán dáme teito e de comer, e bótame unha man. A miña filla e a nai cólganme o móbil»

La abogada del acusado insistió ante la jueza en que no hay dolo porque «no tiene dinero para comer». El hombre recalcó que sus pequeñas faenas no le dan para subsistir. «Un irmán dáme teito e de comer, e bótame unha man. Teño que pedir prestado para a gasolina», dice. Añadió que tras el divorcio se marchó de Vigo a vivir a su aldea de Ourense y que no volvió a tener noticias de su exmujer ni de su hija mayor. «Co divorcio deixáronme de falar, tanto unha coma a outra. A miña filla e a súa nai abandonáronme e non me collen o teléfono», lamentó.

Sus acusadores replicaron que él dice vivir de la caridad, pero que tiene signos externos de riqueza como un coche, o que en el 2015 se dio de alta en una empresa y no pagó ni un euro. «Lo vieron en discotecas, y no puede disfrutar de ocio si no trabaja», se quejó la hija, quien desde hace seis años solo tiene noticias de su padre por referencias de conocidos.

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