Sudor y lágrimas para aspirar a una de las 2.050 plazas de educación en Galicia

Las escasas convocatorias de oposiciones eleva la media de edad de los aspirantes

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redacción / la voz

No solo el calor y las hogueras de San Xoán protagonizaron la jornada de este sábado en las ciudades gallegas. Los nervios, el sudor y también las lágrimas hicieron acto de presencia en los institutos gallegos que abrieron sus puertas para recibir a los 16.611 aspirantes a una de las 2.050 plazas de educación convocadas en Galicia, la cifra más alta desde el 2007. Con una media de ocho opositores por cada una de las plazas y una reserva de 397 para promoción interna, las dificultades para obtener un puesto fijo de por vida eran evidentes, pero el objetivo es lo suficientemente atractivo para que la presión pudiese con los candidatos. Ese era, al menos, el ambiente que se respiraba en la mañana de ayer en los institutos Eduardo Pondal y Politécnico de Conxo de Santiago, los que acogían las pruebas para profesor de Física y Química. A las once de la mañana, mientras los miembros del tribunal llamaban uno por uno a los aspirantes, el silencio evidenciaba que era mucho lo que estaba en juego.

La media de edad, sobrepasada con creces la treintena, llamaba la atención. Pero tiene su lógica. Hasta el año pasado, las convocatorias fueron escasas y son muchos los que esperaban dicha oportunidad. Interinos, sustitutos, docentes de la privada y graduados que habían tirado la toalla hace tiempo se dieron una nueva oportunidad. Y al menos en los exámenes de Física y Química, las vibraciones no eran malas cuando, tres horas después, abandonaron las aulas tras realizar los ocho problemas que se pedía en la primera prueba. «Asequible», dijo una opositora al salir. «Máis fácil que o ano pasado». Había, con todo, una queja unánime. «Puxéronnos nun pavillón con asentos de respaldo, e nós temos que resolver oito problemas, e cos folios e a calculadora non te amañas». Tras una larga y sudorosa jornada, con los termómetros rozando los 30 grados en la capital de Galicia, cumplir de noche con la tradición de las hogueras no entraba en los planes de la mayoría, dado que el lunes siguen los exámenes. Alguno, con todo, sí tenía pensado hacer una pausa. «Y que San Xoán traiga una plaza», decía en Santiago una joven aspirante que se presentaba por primera vez, para probar.

Un millar de plazas son de secundaria, y en torno a 700 para educación infantil y primaria. La formación profesional cubrirá otras 160 y las escuelas oficiales de idiomas, 30 más. Y no solo en Galicia. Había exámenes en toda España; 300.000 aspirantes en total para una oferta de 23.500 puestos desde la torre de Hércules al cabo de Gata. La suerte está echada.

En Ourense

También Ourense fue ayer sede de exámenes. Para el cuerpo de maestros se presentaron 360 opositores de la provincia, correspondientes a los tribunales 18, 19 y 20. Las pruebas tuvieron lugar en el pabellón deportivo del instituto de A Farixa, donde todo se desarrolló de acuerdo con los horarios previstos, sin incidentes. La prueba de la mañana comenzó sin retrasos, a las once, porque a las diez y media todos los opositores habían comenzado a ocupar sus asientos. A algunos, eso sí, los nervios de última hora les obligaron a ir al baño antes de que comenzara el examen, algo que se les permitió hacer, aunque acompañados hasta la puerta de alguno de los examinadores, que se aseguraron de que los titulados no utilizaran el móvil. Entre los asistentes, mayoría abrumadora de mujeres aspirantes a ser profesoras de educación infantil. «En mi tribunal hay 120 opositores y solo tengo cuatro chicos», reconocía Marta Rodríguez, minutos antes de que las puertas del pabellón se cerrasen. A la primera prueba teórica de la mañana se sumaría una segunda por la tarde.

Pero muchos salieron antes de que transcurriesen esos 150 minutos. «Vengo desde Madrid para hacer el examen y la verdad es que no estoy muy contenta», contaba Jennifer Fernández, que compagina el estudio de las oposiciones con el cuidado de un bebé y un trabajo en una tienda de ropa infantil.

«Mi vocación es ser maestra y seguiré luchando para lograrlo»

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Lidia Gil y Ana Rodríguez son dos aspirantes a maestras que ayer se examinaron en Ourense. Ninguna de las dos salió contenta del examen. «Yo soy de Música, pero este año no he podido estudiar y he preferido venir a esta prueba porque me queda más cerca de donde vivo», contaba Lidia al terminar. «Llevo ya tiempo preparándome, pero en los últimos meses he necesitado darme un descanso», explicaba, recordando que la presentación a convocatorias como la de ayer es obligatoria. Asegura, pese a todo, que no tirará la toalla. «Ser profesora de Música es mi sueño, y en cuanto vuelvan a salir me presento», anunció.

A Ana Rodríguez complicaciones familiares le han impedido prepararse bien para el examen. «Sabía que hoy la prueba no me iba a salir bien, y eso que no ha sido un examen difícil», explicaba a las puertas del pabellón ourensano. Espera poder ahora retomar los estudios e intentarlo en la próxima. «Mi vocación es ser maestra de educación infantil y seguiré luchando para conseguirlo; no pierdo la esperanza».

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