Pelopincho, entre Corme y Malpica

El móvil del narco desaparecido en el 2010 emitió señales que le sitúan en este tramo del litoral coruñés antes de acabar, según la investigación, en el mar o en un hoyo


VIGO / LA VOZ

Todo lo que rodea al narcotraficante José Antonio Pouso Rivas, Pelopincho, resulta un enigma. Ya sea su reconversión de humilde marinero en su Ribeira natal a millonario, o su misteriosa y turbia desaparición el 19 de noviembre del 2010. El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Cambados archivó la causa a finales del 2014 por falta de pruebas. La investigación no pudo concretar la acusación inicial sobre los cuatro sospechosos de participar en el rapto y muerte del barbanzano, acusación que sí se concretó en la desaparición de José Bernardo Villaverde Amil, allegado y presunto socio de Pouso Rivas que desapareció el mismo día. De hecho, los sospechosos de ambas desapariciones fueron los mismos hasta que se dio carpetazo a la causa de Pelopincho.

El Grupo de Respuesta Especial para el Crimen Organizado (Greco) llevó el peso de la investigación, en la que también participó, aunque en menor medida, la Policía Judicial de A Coruña, especializada en delitos contra las personas, tras la denuncia presentada, en el puesto de Padrón, por la última pareja brasileña de Pouso Rivas. Esta segunda investigación acabó también en un callejón sin salida que llevó a los agentes al tramo norte de la Costa da Morte. La tecnología y el rastreo de teléfonos móviles volvieron a ser determinantes. Localizar las geolocalizaciones de los dispositivos de Pouso y Amil permitió fijar las últimas ubicaciones de ambos a las pocas horas de ser vistos con vida por última vez.

Las señales fueron recogidas en las antenas de telefonía móvil instaladas entre Malpica y Corme. Diecisiete kilómetros de punta a punta con un afilado litoral al oeste y miles de hectáreas de suelo para cavar discretamente un hoyo. Así es el final que los investigadores dieron y siguen dando por bueno, aunque, en parte, frunciendo el ceño al no haber convertido los indicios en pruebas concluyentes. La misma tesis policial concluye que Pouso organizó el 15 de noviembre del 2010 desde Galicia el transporte de 4.165 kilos de hachís a bordo del Garbi III. El velero, a la deriva por un fuerte y inesperado temporal, fue asistido en medio de la tormenta frente a la costa de Assenta, próxima a Lisboa.

Los servicios de rescate solo encontraron a bordo del Garbi III 50 de los 4.165 kilos que zarparon desde la costa de Tánger con destino Galicia. La tesis policial sostiene también que los proveedores, en Marruecos, no se habrían creído la versión del temporal y la pérdida de la mercancía (119 fardos de 35 kilos cada uno). El propio Pelopincho, como presunto cabecilla de la operación, habría respondido ante los proveedores, pero solo de palabra, sin pruebas y, lo que es peor, sin la mercancía, que según el mismo Pelopincho se habría perdido en el océano Atlántico. Lo único cierto es que cuatro días después de perderse el alijo, el 19 de noviembre, Pouso Rivas y Villaverde Amil desaparecieron. El primero no se sabe cómo, al segundo fueron a buscarle a casa en un coche que ese mismo día apareció quemado en un descampado de Brión.

Cuatro sospechosos

El Greco arrestó a tres hombres con antecedentes por tráfico de drogas, y a la mujer de origen sudamericano de uno de ellos, por su presenta participación en el rapto y la muerte de Pelopincho y Villaverde Amil. La acusación por la primera desaparición se archivó en diciembre del 2014, la otra avanzó hasta el punto de que el juicio contra los citados cuatro acusados está previsto que se celebre en noviembre en la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Pontevedra. La Fiscalía pide 10 años de cárcel para cada uno argumentando que, por ejemplo, mantuvieron un encuentro en Santiago el día previo a la ausencia de Villaverde Amil «para realizar los preparativos de la captura y desaparición».

Pelopincho desapareció seis meses antes de empezar el juicio de la operación Cormorán (21 de junio del 2011), la más importante hasta la fecha de las instruidas en Galicia por blanqueo de capitales del narcotráfico. Estaba acusado de poseer una fortuna estimada de 15 millones de euros repartida en 25 testaferros, según dio por probado, meses después, la Audiencia Provincial de Pontevedra. Por eso se pensó que había huido, para no sentarse en el banquillo de los acusados. Las pruebas obtenidas no tardaron en cambiar de rumbo del caso, pasando a ser la primera y única opción el rapto y asesinato.

El cómo ocurrieron los hechos sigue siendo un misterio, el dónde se cree, dada la geolocalización de su móvil, entre Malpica y Corme, pero sin saber tampoco la ubicación exacta de sus cuerpos o si fueron lanzados al mar. Nuevas dudas que no dejan de aportar aún más misterio a este personaje del narcotráfico, que pasó de marinero a contrabandista de tabaco para pasarse al narcotráfico a gran escala. Aunque esto, para los agentes que le siguieron de cerca, también es otro misterio. Tanto es así que los mismos policías consideran incapaz a Pouso Rivas de idear semejante organización de narcotráfico y blanqueo sin la supervisión de personas que estuviesen por encima de él.

Viajó a Canarias para ganarse la vida y acabó transportando alijos por mar

La ficha policial de José Antonio Pouso Rivas constata que, a mediados de los años noventa, se desplazó a Canarias para prosperar en el negocio del contrabando de tabaco. El futuro le deparó los contactos necesarios para adentrarse en el narcotráfico hasta amasar un patrimonio de 15 millones de euros que repartió entre más de 20 exparejas y amantes. Todas brasileñas. Foto xosé CASTRO

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