«Disparó para agradar a su familia», dice el fiscal sobre el acusado del crimen del holandés

«Con la cabeza caliente» por las críticas que oía en casa, «una discusión tonta, pum y disparó»


ourense / la voz

Las defensas mostraron sus conformidad con la petición de condena propuesta por el fiscal para los dos acusados del crimen de Santoalla. Para uno, Juan Carlos Rodríguez, presunto autor material del disparo mortal, propuso diez años por homicidio, un año por tenencia ilícita de armas y diez años de alejamiento, limitada la medida a la aldea de Santoalla y no al municipio de Petín durante 25 años como pedía inicialmente. Julio, el hermano, que fue a juicio como encubridor, quedaba eximido de responsabilidad, pues así lo prevé el Código Penal. «Ojalá no nos veamos en esa situación: ver cometer un delito y actuar para que quede impune», dijo el fiscal, Miguel Ruiz, que no dejó de hacer referencia a que ese beneficio por la relación familiar lo introdujo el legislador. «No me corresponde a mi valorarlo», dijo el representante del ministerio público, que ponderó la actitud de la viuda, que no insistió en la indemnización, dejando claro en su testimonio durante el juicio que a ella le bastaba una indemnización casi simbólica de 50.000 euros en vez de los 200.000 euros que el fiscal había pedido en su primer escrito de acusación.

Julio, el hermano a quien exculpa el ministerio, posiblemente no encontró otra vía de escape ante el cuadro que se encontró cuando subía, pudo pensar que podía ser incriminado él mismo y optó por «llevar el coche [del holandés] hasta el infinito». Llegó, vio al holandés tirado sobre el volante y tomó la decisión que su hermano no hubiera podido tomar. Ese hombre de cincuenta años que pasó los cuatro días con la cabeza agachada, mirando al suelo, «es un niño», sobre el que, según lamentó, nadie había actuado en su momento. Iba siempre con su arma en la mano. Y tenía más armas en casa, donde, una y otra vez, escuchaba a su padre y a otros hermanos dirigiendo quejas al holandés. Las buenas relaciones de las dos únicas familias que residían en la aldea, en un entorno idílico y entrañable, como lo presentó el fiscal, se quebraron cuando Martin y Margo, su esposa, reclamaron la parte que les correspondía por los beneficios de la comunidad de montes. A partir de ahí, las críticas del padre y la madre de Juan Carlos hacia el holandés fueron constantes. E hicieron mella en el acusado. «Lo hizo para agradar», resumió el fiscal, quien, «con la cabeza caliente», ante una «discusión tonta sobre tráfico, pum y disparó». Y ello a pesar de que, como dejó claro en algún momento, el padre era un ludópata a quien hubiera partido la cara de no ser su progenitor. ¿El problema? Martin iba con su todoterreno, probablemente rápido, en una zona por donde sabía que no había tráfico. Iba «como un tolo», según en su día declaró Juan Carlos, que el lunes no quiso declarar y ayer volvió a dejar pasar la ocasión de la última palabra.

Sin veredicto, pese a la conformidad de los defensores

El planteamiento aparecía claro cuando, a mediodía, finalizó la vista sobre el caso. El jurado popular, sin embargo, se atascó en su deliberación. Era un homicidio, pues no hubo plan preconcebido, según les hicieron ver. Nada de asesinato. Que no hubiera pruebas de la autoría directa tampoco debería ser obstáculo. Hasta la defensa admitía la versión del tiro en el pecho el 19 de enero del 2010, pero sorprendentemente no hubo veredicto.

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