Mata a su pareja y se suicida el día que firmaban el divorcio en O Porriño

El hombre le pegó tres tiros a la mujer en el garaje de la casa y el hijo mayor encontró los cuerpos horas después

Mata a su pareja y se suicida el día que firmaban el divorcio en O Porriño El hombre le pegó tres tiros a la mujer en el garaje de la casa y el hijo mayor de ambos encontró los cuerpos horas después
m. torres
o porriño / la voz

Un vecino de O Porriño mató a su pareja disparándole tres veces con una escopeta de caza y después se pegó un tiro. Ambos murieron en el acto y, cuatro horas después, uno de sus dos hijos, de 27 años, encontró los cadáveres tendidos en el garaje de la vivienda unifamiliar. El suceso ha conmocionado a la entidad local menor de Chenlo, una población rural en la que hay 700 vecinos censados. La pareja era muy querida en el barrio. Tomás Romero Iglesias, de 56 años, y María Magdalena Moreira Alonso, de 47, eran la imagen de un matrimonio normal, siempre unidos y dispuestos a colaborar con todas las actividades organizadas por el vecindario.

El TSXG confirmó que no había denuncias previas. Pero la relación se rompió hace poco tiempo. Hacía 15 días que habían cesado la convivencia. Magdalena había alquilado un apartamento en Tui. Ayer era el día en el que firmaban el divorcio. Los investigadores sospechan que la mujer había ido a su antiguo domicilio familiar para recoger algunas pertenencias.

Llegó en torno a las diez menos veinte de la mañana en un Peugeot 306. Tomás lo había hecho unos veinte minutos antes en otro coche. Es albañil y a las ocho y media de la mañana había pedido permiso para realizar los trámites en el juzgado. Hay testigos indirectos del crimen. Unos obreros estaban trabajando en la casa del vecino de al lado. Escucharon tres disparos seguidos y, al cabo de unos diez segundos, otro más. No se les pasó por la cabeza la idea de un crimen. Cuando llegó Raúl, el propietario de la casa, se lo comentaron. Al hombre le pareció extraño no ver a la pareja en las inmediaciones. Sobre las dos de la tarde llegó Diego, el hijo mayor, y vio los cuerpos sin vida de sus padres. Magdalena estaba tumbada boca abajo con la espalda ensangrentada. Tomás estaba junto a ella con un disparo en el pecho y al lado, el arma, una escopeta. El hombre era aficionado a la caza y tenía licencia de armas. El hijo gritó al ver a sus padres muertos. Raúl se acercó con sus muletas y trató de tranquilizarle. Avisó al 061 y al poco tiempo aparecieron patrullas de la Guardia Civil. El equipo de la Policía Judicial de la Comandancia de Pontevedra se ha hecho cargo de la investigación junto con la Guardia Civil de O Porriño. En el dormitorio del matrimonio se encontró una nota escrita por Tomás en la que pedía disculpas por lo sucedido.

Fuentes de la investigación consultadas por Efe han señalado que en los interrogatorios practicados hasta el momento los distintos testimonios han coincidido en que la relación no era buena y que se había deteriorado últimamente con desavenencias públicas. 

Atención psicológica

Dos psicólogas atendieron a los familiares, que se reunieron en la casa de al lado, donde vive Juan, el hermano de Tomás. Magdalena era natural de la parroquia de Soutelo, en Salceda de Caselas. Tenían dos hijos y ya eran abuelos de una niña pequeña. El Ayuntamiento de O Porriño ha convocado para hoy martes un minuto de silencio. La concentración tendrá lugar a las doce del mediodía junto a la casa consistorial.

La alcaldesa, Eva García de la Torre, se desplazó ayer al lugar del siniestro acompañada por las concejales de Servicios Sociales y Educación en un coche de la Policía Local. La regidora consoló a los familiares y les brindó el apoyo del Concello.

Las llamadas al 016 son gratuitas y no quedan registradas en la factura

«Es una tristeza enorme, es algo totalmente inexplicable»

Los vecinos de Chenlo vivían ayer con incredulidad lo sucedido. El presidente de la entidad local menor, Manuel Alejandro Lorenzo, dijo de ellos que eran «una familia ejemplar». «Es una tristeza enorme, algo totalmente inexplicable», declaró. «No me lo creo porque parecía que se llevaban bien», comentaba también una vecina en la parada del autobús. Magdalena trabajaba en el supermercado Claudio de Mosende, a apenas un kilómetro de distancia. Tenía un contrato parcial y trabajaba de jueves a sábado. La tienda es una empresa familiar y ayer la plantilla estaba hundida. El responsable, Darío Domínguez, dijo de ella que era una trabajadora ejemplar. También conocía al marido, que le hizo algunos trabajos de mantenimiento.

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