Los hitos de la carrera de Feijoo, el político gallego que decidió no volver a marchar a Madrid

El presidente de la Xunta saltó a la política estatal en los años 90. Luego volvió a Galicia para suceder a Fraga y lograr tres mayorías absolutas


9 de julio de 1991. En la misma página en la que La Voz de Galicia destacaba que ningún conselleiro de la Xunta (de la era Fraga) se atrevía a salir de vacaciones fuera de la comunidad (errores en ciertos gabinetes obligaban a quedarse cerca del «patrón»), otra información ponía el foco en un joven Alberto Núñez Feijoo, que con apenas 29 años iniciaba su trayectoria pública y debutaba en un cargo (el de secretario xeral técnico de la Consellería de Agricultura) de la mano de José Manuel Romay Beccaría, su verdadero padrino en el PP, quien se había fijado en el carácter teimudo y responsable de este licenciado en Derecho que dejó la oposición a juez para sacar plaza como letrado en la Administración gallega.

 Tras una negativa inicial para ser su número dos en Agricultura, Feijoo -que suele relatar que se interesó por la política viendo en televisión las tertulias de La Clave de José Luis Balbín- aceptó el nombramiento de su mentor político calificándolo como «una apuesta arriesgada y firme por un jugador de la cantera».

Beccaría convierte al joven político (aún no se había afiliado al PP) en su brazo derecho en la administración autonómica. Como conselleiro de Sanidade lo coloca en 1992 al frente del Sergas, y luego, en 1996, ya como ministro del ramo -durante el primer gobierno de José María Aznar-, confía en el de Os Peares para dirigir el Insalud, años dulces durante los que Feijoo agranda su eco de perfil técnico, de gestor, de director de equipos. A él se le atribuyen la reforma y modernización del organismo sanitario. También, nuevas formas de gestión en los hospitales. En lo político, Beccaría resalta su «capacidad de lograr adhesiones y lealtades».

Con este aval, en Madrid otros ojos también se fijan en él. Son los de Álvarez Cascos, ministro de Fomento, que en el 2000 lo nombra presidente de Correos. Feijoo, con 39 años, emprende el reto de modernizar la compañía postal.

La marea negra del Prestige que acabó hundiendo al que era el delfín eterno de Fraga, Xosé Cuíña (quien dimitió después de que saltará a la luz que una empresa de su familia podría estar vendiendo palas y equipos para la limpieza del chapapote), devuelve en el 2003 a Alberto Núñez Feijóo a las costas de la política gallega. En este caso es Rajoy el que se lo recomienda a Fraga.

El fundador del PP primero lo elige como sustituto de Cuíña al frente de Política Territorial. Más de año y medio después, en septiembre del 2004, crea para Feijoo una vicepresidencia por primera vez en sus 15 años al frente de la Xunta.

Diez meses más tarde, en junio del 2005, se celebran elecciones autonómicas en Galicia. El turno de Feijoo, sin embargo, aún no había llegado. Fraga vuelve una vez más a optar a la Xunta quedándose a un escaño de la mayoría absoluta. El PP perdía la Xunta y Feijoo, que había encabezado las listas por Pontevedra, es designado portavoz adjunto del PP en el parlamento autonómico.

Ya fuera de San Caetano, Fraga prepara su relevo. Feijoo, que venía del conocido como sector del «birrete» (el más urbano dentro del PPdeG) de Romay Beccaría, y a pesar de no tener territorio ni poder orgánico, demostró pericia política al imponerse en la pugna abierta con el sector de la «boina» (facción más rural, impregnada de galleguismo y populismo) y otros líderes para sucederle. Finalmente, en un congreso extraordinario, y de guante blanco (hubo guiños de Feijoo a Baltar) celebrado en enero del 2006, el de Os Peares es elegido presidente del PP gallego con el 96 % de los votos. 

Durante su discurso, el ourensano aprovechó un comentario realizado anteriormente por Fraga, que se había referido a viejas «traiciones» en el partido gallego, para comprometerse a que nunca sería un «Judas», enfatizando de inmediato su compromiso con Rajoy: «Se Mariano Rajoy non fose o presidente deste partido, eu non me presentaría a este congreso».

Una idea (la de no ser un judas) de la que tiró mano hace menos de un mes al responder a las preguntas sobre la regeneración del PP y su posible candidatura como recambio de Mariano Rajoy en Madrid. «Naquel discurso», ha recordado el presidente gallego, «improvisei un parágrafo que viña a decir, máis ou menos, que eu nunca sería un xudas; pois iso segue estado plenamente vixente 12 anos despois», recordó.

Regreso a Galicia

Tres años después de haber apelado a la unidad en el partido para recuperar la Xunta, Feijoo que aún se peinaba hacia atrás, lo que reforzaba su imagen de ejecutivo implacable, alcanza San Caetano. Lo logra, contra pronóstico, el 1 de marzo del 2009 tras una campaña dura, en la que denunció los supuestos lujos del presidente socialista Emilio Pérez Touriño y de su socio del BNG Anxo Quintana. Llegó a la Xunta envuelto en los mantos de paladín de la austeridad y censor del «despilfarro» del bipartito. Ganó y aplicó la prometida austeridad.

En el 2012, con la crisis haciendo estragos, Feijoo revalida y amplía su mayoría absoluta en Galicia. Tras varios dimes y diretes, años después confirmó que volvía a presentarse. Y consiguió un logro excepcional en las siguientes elecciones autonómicas, las de septiembre del 2016, cuando tras una campaña en la que recuperó el espíritu galleguista y habló sobre todo de cifras y tapó las siglas, mejoró su resultado y firmó la única mayoría absoluta de España y la primera alumbrada por las urnas en todo el país desde la que ya obtuvo cuatro años antes. 

Feijoo se recuperaba, además, así de una de las dos fechas grabadas con dolor en la historia de los populares gallegos. La primera fue la del 19 de junio del 2005, cuando Fraga perdió la mayoría absoluta. La segunda, la de la noche del 24 de mayo del 2015, en la que el PPdeG sufrió en las municipales un duro revés que lo obligó a entregar una insólita cuota de poder provincial y local a las emergentes mareas y a su rival de siempre, el PSdeG. 

Fue durante aquella campaña en la que se produjo una noticia que humanizó al presidente: el anuncia de que iba a tener su primer hijo con Eva Cárdenas, directiva de Inditex, con quien mantiene una relación desde el 2013. Celoso de su vida privada, fue durante la campaña del 2009 cuando su madre, Sira, llegó a ironizar públicamente con la falta de sucesores en la familia: «Dice que se casó con Galicia, pero Galicia no me da nietos».

Y llegó la sucesión de Rajoy

En el 2016, cuando las mayorías absolutas se convirtieron en una anomalía, Feijoo cosechó su tercera victoria consecutiva. Y se asentó aún más en todas las quinielas para una hipotética sucesión de Rajoy. La caída inesperada del pontevedrés tras la condena de la Gürtel y la moción de censura del PSOE obligaron al presidente de la Xunta a mover ficha. La sucesión estaba en juego. Y la posibilidad del salto a Madrid -un viejo mantra/anhelo/reproche de la oposición galaica-, parecía más cercana que nunca. 

En un partido huérfano de referentes no tocados por la mancha de la Gürtel o no desgastados tras la etapa de Rajoy en Moncloa, Feijoo emergió como favorito. Se dio por hecho su candidatura, y se llegó a publicar que tenía el triunfo en su bolsillo. Se puso en marcha el mecanismo sucesorio. Él enfrió el entusiasmo con un mensaje hecho por y para Galicia: «Ser presidente da Xunta é o que máis pesa na miña decisión». Y citó a todos los interesados a «un acto de partido» en el que, por fin, puso punto y final a todos las especulaciones. Se queda.

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