Feijoo asume el legado de Rajoy, pero no desvela por ahora sus intenciones

A partir del lunes solo dispondrá de quince días para decidir si aspira a liderar el PP

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Madrid / La Voz

Antes incluso de que Rajoy anunciara su adiós, todas las miradas del PP estaban puestas en Alberto Núñez Feijoo como máximo candidato a la sucesión. Consciente de ello, el presidente de la Xunta eludió ayer, tanto ante sus propios compañeros como ante la prensa, confirmar lo que todos en el partido dan por hecho: que optará a liderar el partido. Aunque nadie quiso expresar sus preferencias en público -«hoy no es un buen día para presentarse como candidato», bromeaba ayer un dirigente regional-, ninguno duda de que dará el paso tras comprobar que el respaldo a su opción es mayoritario. A partir del lunes, una vez convocado el congreso, Feijoo solo dispondrá de quince días para hacerlo.

El mejor contra Ciudadanos

Pero, aunque no adelantó sus intenciones, sí tuvo un gesto que no pasó inadvertido para nadie. En un breve pero emocionado discurso, en el que asumió el legado de Rajoy destacando su «grandeza política y humana» y también el hecho de que se retira «invicto» y desalojado del Gobierno por una moción de censura, no por el voto de los españoles, aseguró que, para él, en España «solo hay dos presidentes, Suárez y Rajoy», poniendo así la máxima distancia política con Aznar.

«Es el mejor candidato para el partido», explicaban en privado varios dirigentes, que citaban entre los méritos de Feijoo su probada capacidad para ganar elecciones, pero también el hecho de que cuente con un discurso propio y un estilo más moderno, sin apartarse por ello de los valores esenciales del partido. Unas características que, unidas a su condición de político curtido en la gestión pública, consideran esenciales a la hora de enfrentarse no solo al PSOE, sino también a la amenaza que supone el auge de Albert Rivera, con mucha menor experiencia, pero dispuesto a disputarles a los populares la hegemonía del centroderecha. Las casi únicas posibles rivales de Feijoo en este momento son tres mujeres: Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal y Ana Pastor.

En los últimos años, Feijoo ha ido tejiendo una red de complicidades en diferentes territorios, hasta llegar a ser visto por la mayoría de los barones como un valor sólido y fiable cuando llegara el momento de la retirada de Rajoy, que ninguno esperaba tan rápida y menos después de que hace apenas diez días el expresidente del Gobierno lograra aprobar los Presupuestos del 2018, lo que hacía suponer que el momento no llegaría hasta al menos el 2019. Pero la moción de censura lo ha acelerado todo.

Rajoy trastoca los planes

El líder del PPdeG lleva años en las quinielas de la sucesión, pero en los últimos meses esa posibilidad se ha convertido en un clamor en el partido. La rapidez con la que Rajoy ha querido desarrollar el proceso, para evitar una guerra abierta de inciertas consecuencias, hace difícil que nadie sume más apoyos de los que ahora tiene Feijoo. Pero complica también los planes del presidente de la Xunta de culminar su mandato en Galicia.

Aunque nada impide que lidere el PP nacional manteniéndose al frente de la presidencia autonómica, el hecho de que el elegido sea designado automáticamente como el candidato a las generales pone muy difícil esa opción. Sabedor de la expectación y la responsabilidad que se cierne sobre él, Feijoo prefirió eludir ayer todas las preguntas sobre su futuro y dedicar sus palabras a mostrar su fidelidad a Rajoy.

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«Ha llegado el momento de poner el punto final a esta etapa de servicio al partido durante 37 años». Mariano Rajoy anunció así, ante el comité ejecutivo del PP, su dimisión como presidente del partido. El líder popular sorprendió a todos los suyos, que esperaban el anuncio de una transición ordenada pilotada por él mismo tras la pérdida de la presidencia del Gobierno, y anunció la convocatoria de un congreso extraordinario del PP en el que deberá ser elegido el nuevo líder. Rajoy no aclaró si dejará o no el escaño, pero sí que no pretende influir en absoluto en la elección de su sucesor.

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Mariano Rajoy se fue reivindicando su obra. Lo hizo el jueves en el Congreso y ayer, con mayor contundencia aún, ante su partido. «No son los españoles los que han censurado al PP, sino nuestros adversarios políticos», jaleados, dijo, «por el populismo que ha infectado algún otro sector de la sociedad española», en alusión implícita a medios de comunicación que pueden haber generado un ambiente asfixiante con las denuncias de corrupción y creado así el caldo de cultivo para que la moción triunfara. Porque en la Gürtel no se ha condenado penalmente al partido ni el Gobierno tenía relación con el caso. Han sido solo «manipulaciones y mentiras para crear una descalificación global, falaz e hipócrita» contra el PP. «Y contra mi persona», añadió.

Todo ha sido una operación política, no una decisión de los ciudadanos, porque, dijo, «con todo lo que nos tocó gestionar y a pesar de los esfuerzos que hubo que pedir, los españoles nunca nos retiraron su confianza». Y remachó con orgullo: «Siempre nos han escogido como el primer partido de España, siempre». Y recordó que el PP ha ganado todas las elecciones desde el 2011: las generales de ese año y las del 2015 y el 2016, las europeas del 2014 y las municipales del 2015.

En cambio, y por contraste, «gobierna el país alguien rechazado sistemáticamente por los españoles cuando se les ha pedido su opinión a través de las urnas, alguien que no ha ganado unas elecciones nunca». Un hecho que consideró «un precedente grave en la historia de la democracia española», del que, obviamente, hizo responsable a Pedro Sánchez, quien, dijo, para conseguir su propósito «ha tenido que hacerse acompañar por los grupos más extremistas de la izquierda populista y del independentismo sectario».

Y mostró su profunda preocupación: «Resulta inquietante la fragilidad del nuevo Gobierno cuando la situación de Cataluña, y sobre todo en las calles de Cataluña, dista mucho de estar calmada». Pero no culpó exclusivamente a los socialistas. Aprovechó para largar una carga de profundidad contra Ciudadanos: «Su victoria electoral en Cataluña no sirvió para dar la batalla al independentismo allí, sino para generar toda la inestabilidad posible al PP aquí, en Madrid». Y apuntilló: «Tanto afán por hacer oposición al Gobierno que defendió la unidad de España nos ha llevado, al fin, a un nuevo Gobierno que llega al poder aupado por los independentistas».

Ante las críticas que ha venido recibiendo del partido de Rivera, defendió cómo aplicó el artículo 155, «por primera vez en la historia de España». Aseguró que lo hizo por «convicciones democráticas». «Destituimos a un Gobierno, pero al tiempo convocamos elecciones», dijo. Y hoy, gracias a ello, «ni hubo independencia, ni Puigdemont es presidente, ni forman parte de ese Gobierno personas que están en la cárcel o huidas».

Rajoy reivindicó su gestión enumerando una retahíla de indicadores económicos comparativos entre el 2011 y ahora, para preguntarse: «¿Quién que no sea alguien cegado por su sectarismo puede decir que España está peor que cuando llegamos al Gobierno?».

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