El PPdeG, entre la olla exprés o la pota a fuego lento

Los focos sobre el presidente de la Xunta distorsionan la hoja de ruta para las locales y la sucesión gallega


santiago / la voz

El plan de Feijoo para el PPdeG no ha saltado por los aires todavía, pero su hoja de ruta se ha quedado en blanco por los focos que le alumbran con insistencia. El de mañana podría haber sido un domingo como otro cualquiera para mandar un escueto comunicado agradeciendo los servicios en la Xunta de un par de conselleiros, aprovechar para darles galones a dos nuevos aspirantes a entrar en el Gobierno gallego y confirmar a alguno de los candidatos cantados a las alcaldías urbanas. Ese era el plan, sin demasiadas ataduras de calendario. El hipotético movimiento, que solo se aplaza días o semanas porque es obligado, daría pie para seguir divagando sin criterios demasiado sólidos sobre una sucesión a cámara lenta que, en condiciones normales, se iba a resolver a comienzos del 2020. Parece un horizonte lejano, pero son solo 18 meses que pueden comprimirse como una olla exprés este martes, cuando Rajoy desvele cómo y cuándo será su inevitable inmolación.

Nada de lo que sostiene Feijoo como un mantra -su compromiso con Galicia hasta el 2020- es incompatible con que el de Os Peares sea el sucesor de Mariano, bien por vía digital -la menos recomendable para cualquiera que sea el próximo líder del PP-, bien por aclamación de los referentes más autorizados. En todo caso, será siempre a través de un congreso y sin conspiraciones territoriales, que él no va a promover: «Ni lo hice ni se me ocurriría hacerlo», garantizó el pasado jueves.

El PP confía en Feijoo para el relevo

Gonzalo Bareño

La mayoría del partido quiere un proceso ordenado de cambio de liderazgo en el que Sáenz de Santamaría parte con la desventaja de su enfrentamiento con Cospedal

Después de perder el Gobierno, toca abrir de inmediato la carrera por la sucesión en el PP. O no, que diría Mariano Rajoy. Aunque la mayoría del PP apuesta por un proceso de renovación que vaya incluso más allá de un cambio de liderazgo, nadie se pronuncia en público, a la espera de escuchar a Rajoy en el comité ejecutivo del partido que ha convocado para el próximo martes. Se trata de comprobar si el destituido presidente del Gobierno tiene intención de abrir el melón sucesorio de inmediato, abandonando incluso su escaño, o si pretende abordar el relevo de forma más pausada y ordenada, dejándolo para después del verano. Algo que casa más con el estilo político del líder popular. 

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Uno de los mayores orgullos orgánicos de Feijoo es el haberse hecho con las riendas del PPdeG en el 2006, con Fraga en modo retirada e ignorando el reino de taifas que dejaba como legado. Aquel chico con fama de buen gestor en Madrid, que consiguió borrar el acertado cliché de las boinas y los birretes, se encuentra ahora con el mismo dilema sucesorio, solo que en el punto contrario: los populares gallegos son como una masa monolítica uniforme y gris, sin fisuras ni aristas que permitan adivinar nuevos perfiles para ocupar el cartel y renovar el poder en la Xunta. Y, sobre todo, sin voces críticas, porque la pataleta de Javier Guerra no cuenta. «Hay mucha gente bien preparada en el PPdeG», suele decir para animar a los suyos. No tanta, y lo sabe.

Despejar incógnitas en el universo Feijoo obliga a recurrir a algo tan extraño en estos tiempos como la lógica. Cuando un líder se desmorona, como ha ocurrido esta semana, o se va a otras misiones de altura, como podría ser su caso, la opción más razonable es que irrumpa la figura del segundo de a bordo, que para eso está. Ocurrió en Madrid con Ángel Garrido, y por eso sigue Soraya en las quinielas. Ese papel le toca en Galicia a Alfonso Rueda, que siempre ha ligado su futuro político a su jefe de filas, pero ni así tendría el puesto garantizado para el 2020.

La cómoda mayoría y el despiste de la oposición le dan a Feijoo la opción de seguir cocinando a fuego lento, pero ha llegado la hora de echar los ingredientes. El presidente de la Xunta tendrá en breve la oportunidad de remodelar su equipo, que está a solo tres semanas de ser el más longevo de sus tres legislaturas, y con el inestable panorama que se avecina, lo suyo sería elevar el perfil político del Gobierno a su punto de sal. Sin que San Caetano se convierta en un delfinario.

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